Serena Williams, campeona en Miami

La norteamericana plasma en Florida los resultados no encontrados en un inicio tibio de temporada

Serena Williams se proclama campeona de Miami por sexta vez, derrotando a María Sharapova (4-6 6-3 6-0) por úndécima ocasión consecutiva y convirtiéndose en la tenista más laureada en la historia del evento de Florida. Una quincena sudada por la número 1 del mundo, muy necesaria antes de acudir al corazón del curso deportivo.

Gira sobre sí misma Serena al cerrar de forma contundente su participación a orillas del Golfo de México. Da vueltas y vueltas arropada por un público entregado. Todo se reduce a ella. Todo rota alrededor de su figura. Todo gravita alrededor de la órbita que ella dicta. Eso parece decir a los centenares de pupilas que clavan la atención sobre su risueña existencia. Serena gana el primer gran título del año y lo hace superando un pulso de exigencia máxima, donde se ve sorprendida y por momentos superada ante una rival antaño huidiza pero a quien termina mordiendo con voluntad aplastante: hace suyo el torneo abrochando los últimos diez juegos ante la segunda mujer del mundo. Cuando Serena se despierta, termina el sueño del resto.

La primera dama precisaba de tal respaldo. No está siendo un arranque temporada espectacular para los estándares en los que se mueve la estadounidense. Una mujer que había hecho suyos los grandes cetros de la segunda mitad de 2012, sin excepción (dos Slams, dos oros olímpicos y el WTA Championships) había perdido cierto aire al abrir el nuevo año. Era una victoria necesaria para una Serena con una apertura de 2013 llena de asteriscos, cuyos brillos más sonados quizá sean más fruto de la inercia de resultados de 2012 que del propio despliegue en los últimos meses.

Comenzó la temporada conquistando Brisbane, sin encarar una sola tenista inmersa en top20. Pasó a ceder en los cuartos de Melbourne ante una adolescente nueva en tales lides. Ascendió al número 1 del mundo no sin antes ceder ante una Azarenka respondona pero regularmente dominada durante el pasado año. Alegando lesión se perdió el torneo de Doha y, por altura moral, volvió a renunciar a Indian Wells. Por tanto, el balance parcial del curso era sencillo: un título de la menor categoría del circuito forjado sobre tenistas de segunda guardia, resultado romo en el primer Slam del curso y rodilla doblada en el primer gran cruce ante la élite en la temporada. Una cosecha de insulso fruto para la mejor tenista del mundo.

Próximo el corazón de la campaña, la necesidad de subir las revoluciones del motor se antojaba una labor de importante prominente. Y Miami, terreno vastamente conocido por la de Michigan, puede actuar de catalizador justo antes del arribo de la arcilla.

La nómina superada en el torneo por la norteamericana es de impresión. A pesar de haber competido a marcados fogonazos, ha terminado sentando a tres de las primeras cinco raquetas del circuito. Na Li, Agnieszka Radwanska y María Sharapova configuran un tramo abierto a pocas bromas conforme la competición se encamina a su núcleo central de actividad. No ha sido un camino de rosas. A punto estuvo de discutir un pulso sin margen de error con la china en cuartos de final y debió remontar set y break de desventaja ante la rusa en la final, circunstancia similar a la encarada ante Dominika Cibulkova en la cuarta ronda. Sufrimientos, pasajes de errores sonrojantes "cometía tantos errores que era impropio hablar de una tenista profesional" se llegó a decir a sí misma en una rueda de prensa, que no esconden una máxima: cuando Serena abre los ojos, sigue ganando.

Es, también, una confirmación al frente del circuito femenino. Constituía el evento de Crandon Park su primera participación en un torneo WTA desde que se erigiese como la número 1 más veterana de la historia. Y no ha dejado pasar la oportunidad para abrir la brecha respecto a sus inmediatas perseguidoras. Las distancias cobradas se antojan abismales. Azarenka, hasta hace poco casi incontestable cabeza visible en la disciplina queda rezagada casi 2.000 unidades respecto a Serena. Sharapova, enclavada en el segundo peldaño y quien afronta en la inminente tierra una carga atronadora de puntos, ve estirado su déficit por encima del millar.

Encara ahora uno de los tramos poderoso del pasado año. En 2012, el inicio de colaboración con Mouratoglou, señalado como claro punto de inflexión, tiene lugar tras la derrota en la primera ronda de Roland Garros -jamás había cedido tan pronto en un Grand Slam. Pero antes de acudir a París, la norteamericana no había cedido un solo partido sobre arcilla. Campeona en Charleston, Madrid, sumando puntos de Copa Federación y forzada a retirarse en la semifinal de Roma, Serena irrumpió en el bosque de Bolonia con un balance poderoso a su espalda en la superficie. A esos lodos vuelve Williams. La transición que ahora afronta es inmediata. Habiendo diseñado uno de los calendarios más serios de los últimos tiempos, su caminar no se detiene.

La arcilla verde de Charleston, antes de visitar todos los grandes templos anaranjados de Europa (Stuttgart, Madrid, Roma, París) le espera con los brazos abiertos. Antes, sin embargo, hizo los deberes en Miami. Sometió, con ausencia de Azarenka, a la élite en su práctica totalidad para volver a extender su dominio al frente del circuito. Reaccionando, sabiendo sufrir y haciendo valer tanto el peso histórico de su figura como el calibre deportivo de su presente. Serena, valga la pena repetirlo, sigue ganando. Y el cuento empezó a escribirse hace tiempo.

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