Los muros de Sharapova en Miami

Busca terminar con ocho años de sumisión ante Serena en su quinta final en Florida

María Sharapova se batirá con Serena Williams en la final de Miami, uno de los últimos grandes cetros que faltan en su expediente. Las primeras dos raquetas del circuito frente a frente donde la rusa llega con un objetivo no completado desde tiempos inmemoriales ante la estadounidense: presentar batalla.

La competidora rusa, como si hubieran alineado los astros, se encuentra inmersa en un reto con esferas esquivas en el momento reciente: una final en pista dura, ante Serena Williams, en Miami. Lo primero, logrado días atrás, no lo superaba desde verano de 2011. Lo segundo, auténtica némesis (2-11 como escuálido balance), es una tormenta que no arrecia desde 2005. Y lo tercero, tantas veces rozado, es algo no logrado en toda su carrera. Florida se antoja un escenario para dar un golpe de mano en el circuito WTA, para demostrar que la número 2 del mundo puede ser algo más que la tercera en discordia dentro del triunvirato que gobierna el tenis femenino. En términos generales, el torneo de la rusa está siendo más poderoso que el de la norteamericana. No obstante, dos semifinales solventadas con autoridad incontestable (María apenas entrega tres juegos, mientras Serena reduce a la 4 del mundo llegando a convertir por momentos -atención a la cifra- un 70% de sus tiros en golpes ganadores) vuelven a incitar una duda. Un partido que presente a la primera y segunda raqueta del mundo donde, sin embargo, flota en el ambiente la sensación de que pudiera no haber mucho partido.

Su rivalidad con Serena no deja lugar a dudas. Quién debe de ser favorita va escrito en el sobre que contiene el partido. La última vez que Sharapova logró batir a su adversaria estadounidense, era menor de edad. Del mismo modo la última vez que la rusa consiguió siquiera arrebatar un parcial sobre cemento a su oponente en la final de Miami, no podía celebrar legalmente el mérito disfrutando de una copa o dando una vuelta conduciendo un automóvil.

Las grandes sensaciones encarando a la tenista norteamericana pertenecen a lejanos recuerdos de un pasado muy lejano. Más de ocho años separan las finales ganadas en Wimbledon y el WTA Championships 2004 o la peleada semifinal del Open de Australia 2005 donde llegó a sacar para ganar el encuentro en el segundo y tercer set, disponiendo de 3 match points en el acto decisivo. El encuentro haría virar la rivalidad de forma inalterada hasta nuestros días. Desde entonces, cada partido ha venido siendo una losa sobre el anterior, hasta el punto de que Serena acumule diez victorias consecutivas sobre la actual número 2 del mundo y le haya ganado los últimos 18 sets disputados lejos de arcilla.

Condicionantes psicológicos unidos al pulso que vienen determinando peleas que no lo son entre dos figuras referencia de WTA en sus últimos duelos. A diferencia de una insumisa Azarenka –muy controlada por Serena, pero prestando batalla intensa-, María sale a los partidos ante Serena atenazada, casi petrificada, sin mayores argumentos que ir tragando el barro que le llueve.

Al margen del golpe mental que supone el historial directo, retoma Sharapova una de sus tareas pendientes durante 2012: los últimos peldaños. La historia del curso anterior se repetía en numerosas ocasiones. María llegando a finales pero siendo incapaz de rematar las semanas. Sobreviviendo a muchos domingos para levantarse el lunes con gesto torcido. Fue una constante lejos de la arcilla. Así entregó sin sumar un parcial en cinco de las mayores finales sobre pista dura de la temporada (Open de Australia, Indian Wells, Miami, Pekín, WTA Championships) y la final olímpica sobre la hierba de Londres. Doce mangas disputadas, doce mangas que se escurrieron irremisiblemente entre los dedos.

Hace dos semanas, sin embargo, en California apretó el puño en el último partido sobre cemento por primera vez en 19 meses. Puede ser un impulso moral, confianza añadida a la hora de definir sobre la superficie en cuestión. El pasado octubre en la final del torneo de maestras de Estambul, quizá con el brío interior de haber roto la sumisión ante Azarenka en semifinales, disputó el primer partido medianamente competitivo ante Serena en años. ¿Puede tener un efecto similar su recorrido de Indian Wells para abordar su primer título en Miami? Lo necesitará para lograr algo mejor que el solitario game sumado en la final de los Juegos Olímpicos, la última vez que peleó con Serena por un objetivo no cumplido en su carrera.

Por otro lado, se encuentra la siberiana ante uno de los retos de dureza más majestuosos que ofrece la disciplina. Completar sin error la travesía cuyos primeros metros discurren por el desierto de California hasta sellar la meta bajo la humedad de Florida. Dos torneos para atletas de fondo, con cuadros más extensos de lo habitual y condiciones ambientales completamente diferentes. Todo un desafío de adaptación y resistencia en cuyo historial únicamente encontramos dos figuras capaces de encontrar la salida sin abolladuras en la armadura. Steffi Graf (por doble ocasión – 1994, 1996) y Kim Clijsters (2005) se erigen como únicas tenistas WTA en haber sobrevivido con éxito a la aventura.

Un caminar de doce pasos abordable en estos momentos para la tenaz rusa. “Físicamente, años atrás, no hubiera sido capaz de hacerlo por lo que estoy orgullosa de la forma en que he recuperado. Todavía soy joven, tengo 25 años. Pero, ya sabes, no tengo 18. He aprendido que la recuperación es tan importante, incluso más, que cualquier otra cosa en este momento de mi carrera. Es algo que me ha ayudado mucho incluso en las pistas de arcilla y en situaciones donde tienes que recuperar y jugar partido, recuperar y volver a estar lista de nuevo” comentaba ante la prensa sobre la posibilidad de sellar un hito logrado una sola vez en casi dos décadas.

Se enfrenta Sharapova a una pelea sin oxígeno. Quizá el único partido donde sea prohibitivamente necesario para la rusa, habitual bregadora hasta el extremo, ganar el primer set. Debe salir enchufada desde el primer momento. Para evitar el vía crucis se antoja vital mantener equilibrio en el marcador. “Los últimos partidos han sido muy rápidos. En Doha y el WTA Championships son las últimas veces que nos hemos enfrentado. Creo que hubo una rotura por set, quizá una o dos. Ella es una tremenda atleta, tiene mucha potencia. También tiene confianza. Si tienes unas oportunidades y no das ese paso al frente o no juegas de la manera en que deberías, ella cobra buena ventaja de ello”.

En un torneo jamás coronado, ante una rival rara vez contenida y con mayor peso de partidos cargando las piernas. Contra esto deberá remar Sharapova. ¿Demasiada corriente en el río?

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