Na Li: la amenaza china

Top 5, deja el cemento con un 80% de triunfos desde verano. Llega a la arcilla que le hizo eterna

Na Li se despide en los cuartos de final del Premier Mandatory de Miami, defendiendo el resultado de 2012, dejando en el ambiente sensaciones similares a las mostradas a principios de año en Melbourne.

¿Le ha impedido una inactividad competitiva cercana a los dos meses rendir al máximo nivel en Miami? ¿Hubiera llegado a rondas más avanzadas en caso de no haber cruzado con Serena Williams en el antepenúltimo peldaño de Florida? Cuestiones sin respuesta para la única tenista top10 que no compite desde el primer grande del año, impedida por un tobillo izquierdo maltrecho durante el último partidos en las antípodas. Pese al parón, no obstante, la asiática ha mostrado la bravura presente en esquema durante los últimos meses, forzando los márgenes de cualquier oponente.

Hablamos de una mujer capaz de alcanzar la final del Open de Australia y quedarse a dos juegos de alzar el título sin entregar un parcial enlazando triunfos sobre la cuarta, segunda y primera jugadora del mundo. De una tenista que llegó a colocarse líder de victorias en 2013 antes de ver interrumpido su avance por lastre físico. Y de una tenista que, con 31 primaveras recorriendo sus piernas, persigue con ahínco el mejor ranking de su carrera en pos de elevar algo más el techo. La capacidad de abrasión de la asiática queda fuera de toda duda.

Sin recibir más titulares de los necesarios, con la atención justa al hablar de la quinta tenista del mundo, pareciera como si la china no estuviera compitiendo en bajo los confines de Crandon Park. Como convidada de piedra se siente a gusto, ocupados los focos en otros frentes. Se ha retirado Azarenka por lesión de tobillo. Tal cábala coloca a Sharapova como número uno del mundo. Serena Williams ha estado al borde del abismo. Hay dudas sobre si Radwanska podrá revalidar su corona. Entretanto, Na Li sigue haciendo camino. Sin prisa pero sin pausa.

La competidora asiática ha mostrado ese brío de regularidad experimentado desde el pasado verano. Cumplir lo que se le pide, nunca firmando bajo la media sino siempre con opción de poner el listón algo más lejos del suelo. No brega en pista desde finales de enero. Ha visto las últimas ocho semanas de competición desde la distancia. Doha, Dubái, Indian Wells, todas anhelan su presencia. Carecía del aroma de circuito desde el colofón de la gira oceánica. Sin embargo, se ha plantado con autoridad allí donde le marca la actual altura de su nombre. Junto a las últimas ocho supervivientes en un evento de 96 almas. Superando tres barreras con piernas más rodadas y sirviendo para haber mandado el pulso con Serena Williams al parcial decisivo.

De vuelta a competición justo antes de emprender la gira sobre arcilla, la única top10 –junto a Serena- que camina por encima de la treintena sigue con un imperturbable afán en el entrecejo. Lo apunta en Melbourne y no mueve un ápice sus intenciones al desembarcar en Florida. Durante los compromisos previos al torneo le preguntan por su objetivo en la temporada. Su risueño gesto, su discurso en inglés templado cobra aún más franqueza de lo habitual al responder a la cuestión. No duda. Afirma tajante al micrófono: ser top 3.

Eso implica romper una jerarquía a tres bandas establecida desde hace un año. Ese pan que se reparte todas las salsas entre María, Victoria y Serena. En Australia borró a la siberiana. Sobre Melbourne quedó a seis puntos de sentar a la bielorrusa. Y en Florida, aun cediendo en momentos clave, llegó a mostrar los dientes a la norteamericana. Quebrar el molde quizá case con su figura. Una persona que dejó de jugar al tenis para estudiar periodismo. Que rompió relaciones con el sistema deportivo chino, harta de que otros decidieran qué torneos jugar o qué parte de sus ganancias llegaban a su bolsillo. Una mujer cuyo pecho luce un tatuaje de grandes dimensiones pese a proceder de una nación que no tolera con buenos ojos tales prácticas. Ciertos puntos de rebeldía respecto al roden establecido.

Sigue padeciendo esa inconsistencia dentro de los encuentros. Juega muchos partidos dentro de un mismo duelo. Tan pronto se convierte en un transportador de ángulos que todo lo pone en pista con trayectorias imposibles como rompe en añicos el molde y sufre siquiera para introducir la esfera dentro de los límites. Así debe bregar en el tiebreak un parcial visto para sentencia en siete juegos ante la española Muguruza. Después, ante Serena, contempla cómo servir para ganar un set se convierte en un entregar el partido en una muerte súbita. Es el mundo de Na Li, una película en blanco y negro con poco espacio para la escala de grises.

No obstante, como se indica en la apertura de estas líneas, abandona la competición en Miami con una impresión parecida a la de Melbourne. Con el pálpito de que puede mirar a los ojos a cualquier tenista si encuentra el momento dulce. Fiel a ese tenis de equilibrista. Ese que dicta sin miedo al error montada sobre la línea de fondo, que no cede un centímetro, que consume el oxígeno de cada intercambio.

El partido ante Serena Williams no fue de altos vuelos. Lejos queda el nivel rayado ante Sharapova en Australia, una auténtica demolición tenística de planteamiento directo. El pulso con la americana estuvo plagado de tiras y aflojas. De más borrones que tinta. Inicios fríos que le colocan al pie de los caballos en la apertura de cada manga. Ventajas arrojadas al vacío (5-2 en el segundo acto) con resultado fatal. Pero con flashes de brillantez estuvo cerca de estirar el choque al sector decisivo.

De la mano de Carlos Rodriguez, muñidor de la obra de Justin Henin, la tenista china ha dado una vuelta de tuerca a su despliegue profesional. Reconstruida en cuerpo y mente. Mensajes de calma y sesiones preparatorias de hasta seis horas (¡está loco!, diría la china a su marido en pretemporada sobre las maneras de su nuevo técnico) hacen aflorar la amenaza de la asiática. Una competidora que con posterioridad al US Open únicamente se ha inclinado ante jugadoras que han ocupado, al menos, el segundo peldaño del escalafón femenino. Una tenista que deja atrás un cemento que le ha visto cerrar con éxito el 80% de los encuentros desde el pasado verano. Y una atleta que en punto dulce llega a la arcilla, suelo que le entregó la eternidad deportiva y sobre el cual puede intentar estrechar el margen sobre el trío de cabeza. La brecha actual se estira por encima de los 4.000 puntos. ¿Utópico? Más bien un trabajo de chinos.

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