Puntazo en Miami: Tsonga vs Troicki

El ocho del mundo exhibió un impresionante recurso en la central de Crandon Park

Jo-Wilfried Tsonga y Viktor Troicki se enzarzaron en la segunda ronda del Masters 1000 de Miami sobre la pista central de Crandon Park. Un duelo a brazo partido bajo el calor de un caluroso mediodía en Florida. Quizá no fuese el choque más competido de la jornada, pero dejó una postal indeleble en las retinas de los asistentes.

El serbio, quien pese a contar con un historial reciente bastante moderado contaba por victorias toda discusión previa con el galo sobre suelo duro, no desistía en su intento de volver a tumbar al octavo jugador del mundo. De hecho, había servido para ganar el primer parcial y disfrutó de hasta dos bolas de set antes de contemplar como sus esperanzas desaparecían por el sumidero.

Abrir con firmeza el segundo set era clave para prestar pelea. Un momento caliente del partido. Abriendo la manga al servicio todo parecía bajo control. Primero un 30-0, que dio paso a un 40-15. Un hombre poderoso al saque ante un oponente no especialmente ducho en tareas de devolución. De repente, 40-30 en el marcador y la conciencia de entregar el siguiente punto le arroja a un deuce con la opción de hacer descarrilar el partido a dos tiros de distancia.

Importante colocar un primer servicio. Con ese golpe, el serbio ha acumulado más de un 70% de éxito en el partido. Con segundas acciones, quien devora más del 70% es su oponente. Troicki se arroja al vacío con segundo saque. Una caricia liftada a 125 kilómetros por hora, sin excesiva angulación.

No obstante, la bola lleva tanta rotación que toma una altura tremenda. Tsonga, que rodea su revés para impactar de derechas, se encuentra con la esfera encaramada sobre el cuerpo y apenas puede responder con un golpe muy bombeado. Troicki tiene el centro de pista bajo sus pies, bien apoyado, replica con un revés cruzado que aterriza en la línea.

La acción coge a Tsonga a contrapié. El galo se ve obligado a golpear su revés, con el corpachón doblado, buscando una bola escorada que se marcha contra el suelo. En carrera, haciendo un escorzo inverosímil, Jo-Wilfried acierta a acunar la esfera en el centro de la raqueta. Sin imprimir más efecto que un oportuno movimiento de muñeca, coloca un tremendo passing paralelo que deja clavado a Troicki y levanta la admiración del público.

Forzaría el deuce, terminaría logrando una rotura que Troicki no recuperaría y encarrilaría un partido decidido a su favor en dos mangas.

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