Pablo Carreño: El futuro del tenis español

El asturiano ha dejado atrás su lesión de espalda y se confirma como el tenista más prometedor de nuestro país

Pablo Carreño es el futuro de nuestro país. El tenista gijonés, nacido en 1991, ya mostró su potencial hace un par de años, quedándose muy cerca de acceder al top100 de la ATP, pero una lesión de espalda cortó de raíz su progresión, obligándole a jugar de nuevo torneos ITF desde el pasado otoño. No se ha rasgado las vestiduras por ello y a día de hoy acumula treinta victorias consecutivas en Futures, con seis títulos en sus vitrinas en los tres primeros meses de la temporada.

Nuestro protagonista en el día de hoy es un chico que creció viendo ganar a los tenistas españoles. En su infancia jugadores como Carlos Moyá, Albert Costa o Juan Carlos Ferrero ganaban torneos de Grand Slam para nuestro país y en su adolescencia ya era un precoz Nadal el que empezaba a romper todo los pronósticos. Pablo Carreño empezó a jugar al tenis a los seis años, en un club de su Gijón natal. Allí se tomaba el deporte, como era natural, como un hobby más. Su hermana mayor jugaba al tenis y eso influyó positivamente en el hermano pequeño. Pasaron los años y la llamada desde Barcelona fue irrechazable. Si se quería dedicar profesionalmente al tenis, quedarse en Asturias no era una opción. Como ya hizo Galo Blanco -el mejor tenista asturiano la década anterior-, emigró en busca de las condiciones perfectas para desarrollar su tenis.

Llegó con quince años y enseguida se notó la mejora tenística, pero también mental y física. Empezó a disputar torneos a nivel europeo y mundial, y entre 2008 y 2009 compitió en el circuito ITF Junior, donde llegó a alcanzar la sexta plaza del ranking. Su mejor resultado fue el título cosechado en Nottinghill, evento preparatorio para el Open de Australia. Esa victoria la aupó al top-ten mundial de la categoría aunque en los Grand Slams nunca pudo alcanzar siquiera los cuartos de final. Ya en ese su último año entre jugadores de su edad empezó a competir en Futures de nuestro país con interesantes resultados.

Perteneciente a una generación liderada por Dimitrov, Tomic o Harrison, parecía que Carreño no era un jugador especialmente precoz, pero su progresión fue bastante rápida. En 2010 consiguió ganar su primer título Future y llegó a los cuartos de final del Challenger de Meknes, ganando a tenistas contrastados que se encontraban en el top200. Pero eso solo era la antesala de su mejor año en el circuito. La temporada siguiente la inició con mucha fuerza, con un balance de 18-2 en torneos de promesas, incluidos dos títulos que le permitieron empezar a disputar torneos Challenger. Se fajó en las fases previas y tras buenos resultados en Marruecos, a mitad de año llegarían sus mejores registros.

Unos cuartos de final en Roma sobre tierra batida y unas semifinales en la pista dura de Cremona precedieron a su primer título Challenger, en la ciudad de Alessandría. Su víctima en la final fue su compatriota Roberto Bautista, un jugador más especializado en pistas rápidas y que a día de hoy se encuentra bien instalado en el top100 de la clasificación mundial. Objetivo al que empezaba a acercarse en ese 2011 Pablo, que ganó a finales de verano, en Como, su segundo título en el ATP Challenger Tour. Peligrosos jugadores como Benoit Paire y Andreas Beck sucumbieron ante el empuje del asturiano, que acabó el curso en el puesto 136 del ranking.

A las órdenes de todo un veterano curtido en mil batallas como Javier Duarte, el tenis de Carreño ilusionaba a un país que a pesar de estar viviendo una época dorada, no parece ver relevo para los Ferrer, Almagro, Verdasco y cía. La temporada 2012 comenzó con muchos problemas para Carreño. Aquejado de unas molestias en la espalda, solo ganó un encuentro de los ocho primeros que disputó y en marzo se vio obligado a pasar por el quirófano e iniciar un periodo de recuperación que se alargaría casi siete meses. En el mes de octubre volvió a las pistas, casi sin ranking y disputando Futures en Marruecos, con el objetivo de coger ritmo de partidos y rodaje para afrontar el siguiente curso con ilusión y ganas de volver al lugar que llegó a ocupar hacía no mucho.

En 2013 está superando todas las expectativas, y es la gran sensación de los torneos menores. Empezó el curso a mediados de enero en Turquía. Sobre pista dura, alcanzó la final del primer campeonato de la temporada venciendo a Kimmer Coppejans, vigente campeón junior de Roland Garrós, pero cayó en el partido por el título ante un clásico de los torneos menores como es el serbio Ilia Bozoljac. Y desde ese encuentro, no ha vuelto a perder. Ganó el siguiente evento en Turquía, también en superficie rápida para luego volver a España y encadenar seis títulos consecutivos en ITF Futures. Lleva treinta partidos sin conocer la derrota y está a solo catorce de igualar el récord histórico que tiene el también español Arnau Brugués Davi, que podría ser su rival esta semana en unas hipotéticas semifinales en el torneo que ambos disputan en Villajoyosa.

A pesar de tener esa estadística al alcance de la mano, no parece que Carreño vaya a disputar muchos más torneos de tal categoría. Se le empiezan a quedar pequeños este tipo de escenarios y su tenis pide a gritos disputar de nuevo torneos Challenger y probar en previas de ATP sobre tierra batida. En tres meses ha avanzado casi cuatrocientas posiciones en el ranking mundial y la semana que viene estará cerca de adentrarse en el top300. Si sigue con esta progresión, a nadie le debería extrañar que a final de año esté jugando los grandes torneos con los jugadores pertenecientes a la élite. La ambición de Pablo no parece tener límites y su tenis, a día de hoy, tampoco avista un techo claro. ¿Por qué no soñar en tener otro jugador referencia?

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