Nadal gana su tercer título en Indian Wells

El español venció a Del Potro y se hace con su Masters 1000 número veintidós

Si nos lo llegan a decir hace apenas diez días no nos lo creeríamos. Rafael Nadal es el campeón de Indian Wells. El balear no para de superarse a sí mismo. Cerca de doce meses sin pisar canchas de cemento, otros siete sin estar en pista por una lesión en la rodilla que le hizo perderse la mitad de 2012, y a pesar de todo, ha vuelto por todo lo alto. Ganando un Masters 1000, en un evento en el que se encontraban los mejores jugadores del mundo y llevándose por delante a tres top-ten por el camino. Triunfo que tiene un valor histórico. Rafa ha vuelto.

Es lo bonito de este deporte, que nunca deja de sorprendernos. Podemos estar minutos, horas y días viendo tenis. Semana a semana. Podemos ver diferentes tipos de torneos, desde Grand Slams, hasta Copa Davis pasando por Masters 1000, torneos ATP 500 y 250, o incluso Challengers. Pueden existir miles de expertos que pronostiquen que un jugador puede ganar tal evento o que otro tenista no tiene posibilidad alguna de ganar un trofeo determinado. Pero al final, todo se torna en algo imprevisible. Y todo esto lo hemos podido vivir durante estos últimos días en Indian Wells. Sobre el Valle de Coachella, Rafael Nadal ha vuelto a dejar a todo el mundo boquiabierto y ha brindado al tenis otra victoria monumental que aumenta aún más su leyenda.

El inicio de torneo no fue nada fácil. Y no era para menos, el balear llegaba al Indian Wells Tennis Garden después de doce meses sin pisar el cemento, y a pesar de llegar en una muy buena racha de la tierra batida latinoamericana -donde ganó los títulos en Sao Paulo y Acapulco- tanto él como su entorno fueron muy cautelosos. Su primera víctima fue Ryan Harrison. El joven norteamericano mostró durante varios momentos un buen tenis pero pecó de ser demasiado agresivo en determinadas fases del encuentro que le dejaron sin opciones ante un Nadal que se defendió a las mil maravillas. Se apuntó el primer set en la muerte súbita y el segundo parcial ya fue un trámite para el que hasta hace unos momentos era el número cinco del mundo.

La retirada del argentino Leonardo Mayer antes de disputar su encuentro de tercera ronda, brindaba a Rafa la oportunidad de colarse en octavos de final sin estar ni un solo minuto en pista. Para un jugador como él, con necesidad de pasar minutos en pista y rodarse de cara a una futura confrontación con los mejores tenistas del ranking, posible arma de doble filo. El letón Ernests Gulbis, que llevaba una racha de trece victorias consecutivas entre Delray Beach y el evento californiano, fue su segundo rival. Una piedra en el camino que estuvo a punto de dejarle fuera del torneo. El báltico consiguió arrebatarle a Nadal el primer set y con 5-4 en el parcial definitivo, estuvo a dos puntos de eliminar al campeón de 2007 y 2009. Afortunadamente para el ex número uno del mundo, la situación se resolvió y pudo solventar la papeleta sin tener que recurrir al definitivo y dramático tie-break.

El subidón definitivo de nivel se dio a partir de cuartos de final. Con un Roger Federer quizá algo renqueante por unas molestias en la espalda, Rafael Nadal ofreció su mejor versión tenística en pista dura. Bolas muy profundas, una derecha incisiva con la que abría pista y un revés paralelo que recordó a ese que nos enamoró en el Open de Australia 2009 acabaron con el genio de Basilea que solo le pudo hacer seis juegos. En semifinales esperaba Berdych, que no ganaba al mallorquín desde octubre de 2006. Y en esta ocasión tampoco iba a conseguirlo. Cimentando la victoria desde su golpe de drive, al checo le tembló la mano cuando tuvo que cerrar el segundo set y llevar el encuentro a la tercera y definitiva manga, cavando así su propia tumba.

En el día de hoy, el favoritismo recaía en Rafa. Del Potro venía de ganar a Murray y Djokovic en las rondas precedentes, pero el desgaste físico ocasionado debía hacerle mella en cuanto el partido se alargase. Y así fue. Por mérito total y absoluto de un Nadal que no paró de imprimir un ritmo y una intensidad infernal al tandilense, que tenía que ganar el intercambio en más de una ocasión a base de golpes ganadores para terminar con la resistencia del manacorí. El argentino, bravo como pocos, llegó a liderar por un set, teniendo además ventaja en el segundo parcial, pero Nadal consiguió darle la vuelta y hacer historia. En Indian Wells suma su título número veintidós en Masters 1000, superando a Roger Federer y colocándose como líder histórico en este apartado. Además, recupera la cuarta plaza del ranking aunque su renuncia al inminente evento de Miami le pone muy difícil mantener esa plaza de cara al torneo de Montecarlo, ya que a Ferrer le basta con ganar su primer encuentro en Crandom Park para recuperar el número cuatro de la clasificación mundial.

La victoria de Nadal es una sorpresa con mayúsculas. Y un toque de atención enorme para todos sus rivales. Para Djokovic, para Murray, para Federer. Para el propio Del Potro. Nadie se esperaba que el mejor jugador español de la historia de este deporte fuese a recuperar el tono tenístico tan rápido. Desde su vuelta, ha jugado cuatro torneos y ha ganado tres de ellos, con un balance de 17/1 en victorias/derrotas. Una auténtica bestialidad. Ahora, un merecido descanso hasta el mes de abril, donde empezará la defensa de las cuatro coronas logradas el año pasado en polvo de ladrillo. El Montecarlo Country Club, su particular santuario, donde ha levantado ocho veces consecutivas el título de campeón, está deseando ver de nuevo a su gran campeón pisar la arcilla. Si en cemento ya ha demostrado que puede volver a dominar, ¿Quién es capaz de dudar que no va a ser capaz de seguir con su hegemonía sobre tierra batida?

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