¿Tenis de madrugada o límites a las sesiones nocturnas?

Cada vez más existe la tendencia de que los partidos acaben bien entrada la madrugada

Las sesiones nocturnas de Indian Wells acaban bien tarde. Foto: twitter.com
Las sesiones nocturnas de Indian Wells acaban bien tarde. Foto: twitter.com

Algunos torneos tienen sesiones nocturnas que incluyen partidos que acaban a altas horas de la madrugada. Horarios “prime time” para los televisiones que ofrecen a sus telespectadores los encuentros más atractivos del día en esa franja. Sin embargo, para los tenistas, la cosa cambia especialmente cuando el partido se alarga más de lo debido. ¿ Deberían de ponerse límites?

Valga decir que esta es una cuestión sumamente complicada de tratar, donde confluyen intereses de operadores televisivos, de organizadores y de los jugadores, los verdaderos actores del espectáculo. Valga también decir que nadie, ni siquiera los dueños de los torneos, pueden controlar el tiempo o duración de los partidos, cada cual un mundo, cada cual una historia distinta. Y qué decir, si encima entran en escena factores meteorológicos que complican aún más la situación.

Los partidos de madrugada son un clásico del tenis en los últimos tiempos.

Ahora bien, dicho esto, lo cierto es que estamos cada vez presenciando una práctica más habitual en el mundo del tenis: las sesiones nocturnas, que más que nocturnas acaban siendo de madrugada. Jornadas que se alargan hasta la medianoche o más allá y que empiezan a poner en jaque a jugadores y a aficionados. A los primeros, porque en muchas ocasiones, este tipo de sesiones les quita horas de sueño y de descanso, les obliga a recuperaciones “exprés”. E incluso, les sitúa en una posición de desventaja respecto al rival, que generalmente dispone más tiempo de preparación entre partido y partido. Y es que no sólo es jugar, es todo aquello que rodea un post-partido, ducha, masaje, atención a medios de comunicación, lo que obliga a irse a la cama a jugadores a horas intempestivas.

A los segundos, porque en ocasiones este tipo de jornadas les genera graves trastornos, más si el día es laborable. La asistencia a la cancha, el traslado de ésta al domicilio genera que acudir a una jornada de tenis sea para pensárselo, especialmente si encima se acude con niños, no muy proclives a este tipo de horarios.

El último caso de este maratones tenísticos lo estamos viendo en Indian Wells. Un torneo mixto que en apenas 10 días tiene la suerte de poder contar con las principales estrellas masculinas y femeninas de la raqueta produciendo una extrema condensación de encuentros en las principales pistas que genera situaciones cuanto menos que dan para comentar.

Sin ir más lejos, el pasado miércoles (madrugada del jueves en Europa), cinco partidos individuales programados en la pista central del Indian Wells Tennis Garden (tres de hombres y dos de mujeres), todos ellos de más de horas de duración, provocaron que el actual número 1 del mundo, Novak Djokovic saltará a la pista a las 0:20 horas locales para medirse al norteamericano Sam Querrey. Un encuentro que pese a no resultar excesivamente largo se prolongó hasta la 1:51 de la madrugada, y que acabó con las gradas semivacías.

Un hecho que no es nuevo para el serbio que ya el pasado Open de Australia vio acabar su duelo de octavos de final contra el suizo Stanislav Wawrinka a la 1:41 de la noche melburniana, tal vez ayudado por la experiencia que le dio haber vencido a Rafa Nadal un año antes una final que acabó pasadas la 1:30 de la madrugada.

Hablamos de Indian Wells y Melbourne, pero esto también se puede extrapolar a Roma, Miami, y otros tantos torneos (cada vez más) que se inclinan por este tipo de horarios tan poco convencionales. Incluso, Wimbledon, desde que tiene la pista cubierta en su central ha visto alargar sus jornadas durante varias veces hasta cerca de las 23:00 horas.

Por supuesto, el rey de este tipo de horarios es el US Open, donde en la pasada edición el local John Isner y el alemán Philipp Kholschreiber finalizaron su enfrentamiento a las 2:26 de la madrugada, en el partido más tardío de la historia del grande neoyorquino.

Ventajas y desventajas

Evidentemente, las sesiones nocturnas son el plato fuerte de casi todos los eventos (siempre quedará Monte Carlo o Roland Garros, de momento) y son una fuente de ingresos fuerte para el torneo. Las audiencias se multiplican, los recintos se llenan, las televisiones ofrecen por tanto más dinero y todo es igual a una mejor salud económica del certamen.

Pero claro, cuidado con no cuidar la gallina de los huevos de oro, porque al margen de estos beneficios, existen otros perjuicios verdaderamente notables. Como hemos esgrimido antes, a los jugadores acabar tan tarde les genera una serie de contratiempos que a veces les repercute deportivamente. Supongo que a ningún tenista le hace gracia acostarse a las 4 o las 5 de la madrugada y tener que ir al día siguiente a entrenar tras haber trasnochado tanto.

Lo mismo ocurre con los aficionados que acuden a ver un partido y se encuentran con que este acaba a las dos de la madrugada o cerca de ella. Si tienen que trabajar al día siguiente, el quedarse a verlo se convierte en todo un sacrificio, y no digamos si van con niños que tienen que ir a la escuela al día siguiente. El resultado es que en muchas ocasiones, salvo que se traten de finales o duelos de alto voltaje, las gradas se quedan semidesiertas.

Hasta para las televisiones un horario nocturno tan desfasado se convierte en un obstáculo. Por mucho que sea un gran jugador el que esté en pista, o incluso un número 1 como el pasado miércoles contra un jugador local los que se enfrenten entre sí, se pasa de un “prime time” a un horario de madrugada, se baja considerablemente el grueso de espectadores pegados a la pantalla y por tanto de potenciales ingresos publicitarios.

Posibles soluciones

Por supuesto, todo esto no significa una crítica a las sesiones nocturnas de los torneos, que por otra parte, son de un atractivo innegable sino la constatación de una tendencia que debería ser solucionada. Es cierto que a los torneos les interesa la presencia de la mayor cantidad de figuras en las pistas centrales y el mayor número de encuentros atractivos en éstas, que los torneos tampoco saben la duración de los encuentros y que éstos tienden a ser cada vez más largos con la ralentización de las superficies, que debe de haber un mínimo de tiempo para desalojar los espectadores de la sesión matutina y la entrada de los de la nocturna, y que todo no es tan fácil como parece, pero sí se pueden tomar ciertas medidas.

Una de las principales sería fijar, sin duda, límites a las sesiones nocturnas como podría ser el hecho de no programar dos partidos individuales de Grand Slam en ellas como ocurre por ejemplo en el Open de Australia, nunca comenzar una sesión después de las 21 horas, adelantar las jornadas matinales o como hace Wimbledon finalizar la jornada con un tope máximo horario (23:15). En definitiva cualquier medida que permita un mejor seguimiento del tenis, porque al fin y al cabo, nadie se imagina un partido de fútbol o baloncesto acabando a las 2 de la madrugada.

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