Lleyton Hewitt y su resistencia al paso del tiempo

El tenista australiano sigue mostrando en Indian Wells su ilusión por seguir compitiendo

Lleyton Hewitt sigue dando guerra en el circuito ATP. Se resiste a que el paso del tiempo pueda con él. Con 32 años y situado en el puesto número 98 de la clasificación mundial, el antiguo número uno del ranking mantiene intacta la ilusión de competir y enfrentarse a los mejores jugadores del mapa tenístico. Verdugo de John Isner en la segunda ronda de Indian Wells, cruzará raqueta esta madrugada con Stanislas Wawrinka en busca de un puesto en octavos de final. Con un posible enfrentamiento en esa ronda ante el mismísimo Roger Federer, la motivación del australiano está por las nubes.

Sobre la pista un guerrero que huele la debilidad de su rival. Un John Isner al que se le acaban los argumentos más allá del golpe de servicio va inclinando la rodilla poco a poco ante la resistencia del veterano, del incombustible Lleyton Hewitt. Superó un parcial de desventaja y revirtió poco a poco la situación hasta el punto de ahogar al finalista de la pasada edición de Indian Wells. Un torneo que levantó en 2002 y 2003, cuando era el líder del ranking ATP. En esa época era el mejor jugador del mundo y aprovechó la situación para ganar los dos únicos títulos de categoría Masters 1000 -en aquellos momentos conocidos como Masters Series- que hoy luce su magnífico palmarés.

En el abrasador cemento californiano abrazó la victoria en dos ocasiones, quizá dos de las más importantes junto a los dos trofeos de maestros y el par de coronas de Grand Slam que le contemplan. Nada más y nada menos que una década ha pasado de todo aquello. Los rivales, y él mismo, han cambiado mucho. A sus 32 años, Lleyton ya no puede competir por grandes títulos. Hace tiempo que su tenis se quedó obsoleto. El mejor contragolpeador del circuito pasó a mejor vida tras varias lesiones, entre ellas una de rodilla y otra de cadera que le hicieron salir del top100 en 2009 por primera vez desde su adolescencia.

A pesar del ranking perdido y de la ausencia de títulos -no conquista un cetro ATP desde 2010- la figura de Hewitt sigue siendo muy respetada en el circuito. Los come on y demás gestos desafiantes siguen vigentes, pero de forma menos marcada. Su matrimonio con Bec Cartwright a mediados de la pasada década le transformaron en un hombre más maduro, más calmado, pero sin perder ni un ápice de esa agresividad que inspiraba terror a sus adversarios. Sobre el Valle de Coachella quiere protagonizar su enésimo retorno. Como ya hiciese el pasado curso en Melbourne Park, su torneo preferido, llegando hasta la segunda semana a pesar de no formar parte ni siquiera de los cien mejores jugadores del mundo, quiere demostrar que aún está vivo, y que puede ser muy peligroso si sus rivales se confían y piensan que está acabado.

Hasta en su época más brillante como jugador, la falta de potencia y de profundidad era un problema para su juego. Sin embargo, lo que antes podía subsanar en mayor medida con rapidez y anticipación, ahora ya no lo puede hacer. Hewitt lucha ya contra el tiempo y contra sí mismo. Contra su decadencia como jugador. La generación actual de tenistas golpea mucho más duro a la bola que él y a pesar de ser auténticas torres se mueven por el fondo de pista con velocidad devolviendo todo tipo de cañonazos. Entre sus golpes más destacados, los que prácticamente siguen intactos a pesar del pasado de los años, se encuentra el revés, que siempre una de las mejores armas del de Adelaida. Tiene un guante con ese tiro y puede mover a su oponente con inteligencia para así conseguir la ventaja necesaria para ganar el punto.

Además, como buen representante de otra época, aún conserva el gusto por el juego de antaño. A pesar de ser el primer jugador de fondo de pista en ganar Wimbledon -sin contar a Agassi-, Hewitt muestra buenas maneras cada vez que se deja ver por la media pista. No obstante, tiene un título de Grand Slam en dobles, el logrado con Max Mirnyi en el US Open 2000, cuando solo contaba con diecinueve años. Por tanto, a través de esa garra, coraje y un juego que sigue combinando la transición de golpes defensivos con otros más ofensivos, el aussie intenta hacerse de nuevo un hueco en el circuito, ese que ya abandonaron muchos compañeros suyos de generación como Andy Roddick, Marat Safin o Juan Carlos Ferrero.

En Indian Wells busca de nuevo sentirse competitivo. Y lo está consiguiendo. En primera ronda sometió a Lukas Rosol, el verdugo de Rafael Nadal en Wimbledon y que a tenor de sus resultados, parece que se le recordará eternamente por esa hazaña y por nada más. En la noche del sábado su víctima fue todo un ilustre. John Isner, en suelo patrio y defendiendo hasta seiscientos puntos que podían hacer tambalear su ranking en caso de derrota, también cayó ante el empuje del veterano Lleyton. Esta madrugada el turno de enfrentarse al legendario australiano es para Stanislas Wawrinka. Un jugador con mucha clase pero quizá demasiado frágil mentalmente. Situación que suelen aprovechar muy bien los jugadores como Lleyton Hewitt, que destilan carisma por los cuatro costados. Con la opción de enfrentarse a Roger Federer en el horizonte. ¿Será capaz Hewitt de ganar la enésima batalla contra el tiempo?

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