Descubriendo a Ryan Harrison

El joven estadounidense es el primer rival de Nadal en Indian Wells

Ryan Harrison irrumpió en el mundo tenístico con tan solo quince primaveras. En el torneo de Houston, hace ya casi cinco años, ganó su primer encuentro ATP siendo solo un adolescente. Ahora, casi un lustro después, se encuentra cómodamente instalado entre los cien mejores tenistas del circuito pero no acaba de explotar como tenista. En Indian Wells y ante Rafael Nadal, uno de los mejores jugadores de la historia de este deporte, se le presenta una magnífica oportunidad de demostrar su valía.

La presión por conseguir resultados puede destruir la carrera de cualquier jugador. Y eso precisamente es lo que estuvo a punto de pasarle a nuestro protagonista de hoy. Ryan Harrison nació en mayo de 1992 en Shreveport, en el Estado de Luisiana. Con tan solo quince años saltaba a la palestra al pasar la fase previa del ATP Houston y ganar en primera ronda a Pablo Cuevas, por entonces el número 97 del mundo. Que un adolescente ganase a un tenista encuadrado entre las cien mejores raquetas del mundo sorprendió a propios y extraños, que ya le tildaron de la nueva esperanza del tenis estadounidense.

Sin embargo un año después, las dudas se cernían sobre su juego. Los resultados del que hacía solo una temporada atrás era el niño prodigio, no llegaban y a su alrededor comenzaron a surgir las dudas. Durante un tiempo se planteó el dejarlo, pero los cuartos de final alcanzados en el Challenger de Sarasota, de nuevo en tierra, al igual que el torneo de Houston, le devolvieron la confianza. Ganar allí a todo un antiguo top30 como Taylor Dent y a un especialista en la superficie como Victor Estrella le dio el empujón necesario para competir con garantías entre los profesionales.

La temporada 2009 la finalizó con dos torneos Futures en su bolsillo y con las semifinales en el Challenger de Sacramento, con dos victorias ante jugadores pertenecientes al top200. El curso siguiente fue el de su confirmación. Empezó a jugar Grand Slams -con victoria incluida ante Ljubicic en el US Open-, Masters 1000 y torneos ATP, ya fuese recibiendo invitación o fajándose en las fases de calificación. Los octavos de final en Indian Wells hace dos temporadas le mostraron al mundo, al gran aficionado. Allí se deshizo de Chardy y de García-López antes de eliminar a Raonic, que había ganado en el circuito once de sus doce últimos encuentros ATP. Se ganó jugarse ante Federer el pase a cuartos aunque no pudo pasar de ahí.

Sin demasiada envergadura al medir solo 1,83 metros de altura, a menudo el juego de Ryan Harrison recuerda al de Andre Agassi. Con un juego equilibrado desde el fondo de pista y sin la potencia de otros compañeros de generación, los puntos fuertes del estadounidense son la constancia y la rapidez desde el fondo de pista, que le permiten anticiparse a su oponente y así sacar la ventaja necesaria para ganar el punto. Sus primeras semifinales ATP en el torneo 250 de Atlanta le auparon al top100 por primera vez en su carrera con apenas diecinueve años. Desde entonces ha dado pasitos muy lentos, pero sin llegar a poder luchar por títulos. La pasada temporada se metió esporádicamente entre los cincuenta mejores jugadores del mundo pero no pudo mantenerse debido a la irregularidad de sus resultados.

El jugador que tendrá enfrente hoy Rafael Nadal es un tenista con ganas de reivindicarse. Es alguien que ha pasado de estar en el punto de mira junto a otros tenistas como Bernard Tomic o Grigor Dimitrov, a pasar de ser menos observado que Jack Sock, un jugador de su país, de su edad y con mucho peor ranking que él pero que últimamente ha demostrado un mejor rendimiento en las grandes citas como se pudo ver en el torneo ATP 500 de Memphis.

El peligro que puede entrañar para el balear el encuentro de esta madrugada es la motivación que pueda tener Harrison. No obstante, estamos ante uno de los torneos que mejor se le dan al joven estadounidense. En Indian Wells ha alcanzado hasta en dos ocasiones los octavos de final y ha ganado siete de los últimos nueve partidos que ha disputado. Por tanto, el balear no puede fiarse de este tenista y menos con el talento que se le presupone y que aunque hasta el momento ha demostrado con cuentagotas, en cualquier momento puede sacar a relucir.

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