La fragilidad de Sabine Lisicki

La alemana, amplio historial de bajas, se retira enferma de la final de Memphis 

Sabine Lisicki en competición. Foto: zimbio.com
Sabine Lisicki en competición. Foto: zimbio.com

Sabine Lisicki se ha visto obligada a retirarse en la final del WTA International de Memphis debido a problemas de salud. Tras haber entregado el primer set ante la neozelandesa Marina Erakovic siendo capaz de sumar apenas un juego -y recibiendo cuatro aces consecutivos como sentencia final- la alemana alzó la bandera blanca sobre el cemento de Tennessee. Una situación paradigmática de lo que viene siendo su carrera.

La competidora de Troisdorf constituye uno de los principales baluartes de la frondosa generación de talentos germanos que puebla los estratos superiores del circuito femenino en estos momentos. No obstante, la incapacidad para conservar su cuerpo en óptimas condiciones vienen convirtiendo su trayectoria profesional en una suerte de montaña rusa sin solución aparente. La intermitencia, valga la ironía, viene siendo una triste constante en su desempeño competitivo, dejando en el seguidor una intriga no resuelta sobre el auténtico potencial de su talento deportivo.

Lesiones de larga duración han venido lastrando su avance en las últimas temporadas, dejando la duda de dónde estaría Sabine en estos momentos si su organismo respondiese con mayor firmeza a las exigencias físicas que requiere la disciplina. La potente jugadora alemana cuenta con triunfos sobre Venus Williams, María Sharapova, Marion Bartoli, Agnieszka Radwanska, Na Li, Samantha Stosur,... Un ramillete de nombres que deja claro la capacidad de respuesta de su mejor rendimiento deportivo.

Hablamos de una jugadora con un fulgurante potencial para dejarse ver desde temprana edad entre las altas esferas de la modalidad femenina. Una imponente atleta que, durante la temporada 2009, con apenas 20 años fue capaz de introducir su nombre de origen polaco entre las primeras treinta raquetas del circuito, ganar su primer título WTA y alcanzar nada menos que unos cuartos de final de Grand Slam batiendo a dos top10 y llevando al tercer parcial a la #1 del mundo sobre la hierba de Wimbledon.

No obstante, en los momentos en que ha parecido encontrar cierta dinámica de resultados, su estructura ha dicho basta con precisión de relojero. Así, tras un curso 2009 que le ve cerrar el año en top25 con los logros mencionados, una grave lesión de tobillo en la primavera de 2010 comienza a empedrar su camino. Se pierde cinco meses de competición, todo el corazón de la temporada, y en todo el año es incapaz de sumar múltiples triunfos en un mismo evento. Como resultado, queda al borde del top200 a final de curso.

La temporada 2011 sirve de nuevo despegue para la alemana. Su mejor curso a nivel de títulos, levantando hasta dos cetros femeninos, firmando su primera semifinal de Grand Slam en Wimbledon y cerrando el año entre las 15 primeras mujeres del circuito. Llega a cruzar el ecuador en tres grandes consecutivos y en la primavera de 2012 alcanza su tope en las listas oficiales, ubicándose en el duodécimo escalón del circuito femenino. Al borde de las diez primeras mujeres WTA, su fragilidad vuelve a acentuarse.

Los frentes de inoperancia física se multiplican durante 2012. Nuevamente recae del tobillo izquierdo, se le reproduce una lesión abdominal y tienen cierta presencia enfermedades que la dejan en cuarentena deportiva durante gran parte del año. En total, terminará retirandose de dos torneos y renunciará a otros ocho eventos por algunos de los motivos expuestos. En total, una decena de citas (Auckland, Sidney, París, Charleston, Stuttgart, Madrid Stanford, Carslbad, Cincinnati y Dallas) desaparecen de su calendario.

Unos orificios de rendimiento que afectan a su desempeño desde enero hasta bien entrado el mes de agosto. Lejos de su adorada hierba, superficie sobre la cual firmará sus terceros cuartos de final consecutivos en Wimbledon -victoria sobre Sharapova incluida- y unos Juegos Olímpicos donde sólo cederá tras un partido agónico ante la rusa, solamente cosechará un triunfo desde abril hasta el cierre del curso. Lo que era una candidata al top10 en mayo se convierte en carne de top40 un puñado de meses después.

Una competidora optimista, con predisposición positiva para encarar los envites contempla una y otra vez cómo sus progresos le son arrancados prácticamente de raíz y forzada a comenzar de nuevo. La gran caída deportiva de su carrera (lesión de tobillo de 2010) fue respondida con el mayor progreso deportivo que se le ha visto (bordeando el top10 a su regreso). El traspié de 2012 fue menos grave pero más repartido.

¿Será la respuesta más poderosa? Hay quien afirma que, fuera de la élite actual, la alemana es de las pocas tenistas con juego para ganar un Grand Slam. En concreto para brillar sobre las briznas de Londres. Su techo es altísimo. Su base, inestable. Pero es joven y tiene tiempo para madurar.



Su arranque de curso es interesante. Ha dejado a un lado la labor de su padre como entrenador -el doctor Richard Lisicki-, contratando los servicios de Ricardo Sánchez. Un movimiento que -casualidad o no- tras 17 meses sin pisar un partido por el título le ha reportado dos finales en sus últimos dos eventos WTA, amén de liderar a Alemania en Copa Federación para batir a Francia domicilio. No obstante, los balances de temporada no deben de llevar a excesivo engaño. Ha competido ante tres top15 -techo deportivo a nivel personal- y el resultado siempre ha sido la derrota. Ha alcanzado dos finales pero no ha batido a ninguna tenista miembro del top50 en la composición de tal logro.

Una persona que se describe como feliz, que tiene un perro llamado Happy y considera una de sus principales virtudes la capacidad de no parar de reír, pero a la que hemos visto multitud de veces llorar en pista (lesionada en un tobillo en el US Open o sacada en camilla por calambres de Roland Garros).

"Muy triste por haberme tenido que retirar. He estado enferma los últimos tres días", era el mensaje que dejaba en Twitter tras abandonar la final de Memphis. Y ahí radica su principal duda. Queda claro que Sabine puede batir casi a cualquier tenista si raya si máximo nivel. Bastan los dedos de una mano para señalar los servicios y derechas que hacen sombra al cañón que tiene la alemana en la palanca diestra. Pero sobran falanges para indicar dactilarmente a tenistas con menos consistencia corporal que Sabine. Y retirarse en una final por problemas de salud para una tenista con apenas tres coronas en cartera no parece un buen presagio.

Puede ser una de las grandes animadoras de la WTA si su cuerpo le respeta. La duda es si todos podremos divertirnos.

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