El calvario de Jürgen Melzer

El austriaco sigue en caída libre tras perder en primera ronda de Memphis, torneo que ganó el pasado curso

Jürgen Melzer continúa con su particular caída libre en el ranking. Llegó a ser número ocho del mundo en 2011 tras cosechar los mejores resultados de su vida la temporada anterior. Tenista todoterreno capaz de rendir en todo tipo de pistas, desde hace un par de temporadas su rendimiento ha decrecido dramáticamente alejándole de los puestos más nobles de la clasificación mundial. Su derrota en primera ronda del ATP 500 de Memphis, donde defendía título, podría ser la puntilla para el veterano jugador austriaco.

Austria siempre tendrá reservado un pequeño lugar en la historia de este deporte gracias a Thomas Muster. Este jugador de Leibnitz fue el encargado de situar a su país en el mapa tenístico gracias a sus 44 títulos ATP, al Roland Garrós que ganó en 1995 y al número uno alcanzado en febrero del año siguiente. Corría el año 1999, y en París ponía punto y final a su carrera deportiva tras quince años en activo. La retirada de este impresionante tenista, dejaba al país de Mozart con solo dos jugadores en el top100: Markus Hipfl y Stefan Koubek, que si bien eran jóvenes no parecían tener la proyección necesaria para estar entre la élite mundial. Sin embargo, fue otro jugador con menos edad que ellos el que les ganó por la mano.

Jürgen Melzer nació un 22 de mayo en Viena, la capital de Austria. Contaba con dieciocho años cuando saltó a la fama por ganar el torneo junior de Wimbledon. Perteneciente a la generación del 81 junto a jugadores como Roger Federer o Lleyton Hewitt, en el césped londinense batió en el partido por el título al danés Kristian Pless, un jugador ‘maldito’ que al igual que otros como Andreas Vinciguerra o Arnaud Di Pasquale no pudo por diversas circunstancias trasladar su éxito en categorías inferiores al circuito profesional

Su debut en un torneo ATP fue a finales de 1999, cómo no en el torneo de Viena. Sin apenas ranking, ganó a Lars Burgsmuller en primera ronda, un jugador que rondaba el top100, antes de caer fácilmente ante un Nicolas Kiefer que por esa época era uno de los mejores jugadores del momento. El desarrollo del nuevo talento austriaco fue bastante lento, lo cual no era demasiado halagüeño ya que sus compañeros de generación ya estaban instalados en la élite del circuito mientras que él tuvo que esperar hasta los 21 años para colarse entre las cien mejores raquetas del mundo. Lo logró tras superar la fase previa en Roehampton, disputando así su segundo Wimbledon tras su debut en el año 2000 como campeón del evento junior.

Durante muchos años a Melzer se calificó como un jugador con mucho talento pero con una falta alarmante de paciencia y tranquilidad en los momentos calientes. Zurdo, con un buen servicio y con golpes potentes en el fondo de pista, su mejor golpe era el revés pero en su ‘drive’ tampoco se encontraban carencias evidentes. Además, cultivaba el buen gusto por el saque-red, siendo poco habitual en un jugador que empezaba a competir en la década de los 2000. Era, por tanto, un gran jugador de dobles también.

Su gama de golpes le permitía rendir en todo tipo de pistas. De esta manera era capaz de llegar a la final en un torneo disputado sobre césped como era el de Newport, o de alcanzar los cuartos de final en el Masters Series de Hamburgo sobre tierra batida. A pesar de esas mejoras y de conseguir su primer título ATP en Bucarest en el año 2006, pocos daban un duro ya por Melzer, que veía como la nueva generación de jóvenes le iban pasando por encima en el ranking. Y aunque él seguía progresando, no parecía encontrar el impulso necesario para explotar. Llegó a salir del top100 dos temporadas después de ganar su primera corona ATP, y cuando parecía estancado definitivamente, el torneo de Viena le ofreció la oportunidad de su vida. Stepanek, Tipsarevic y Cilic sucumbieron ante el tenis del austriaco que se convirtió en profeta en su propia tierra.

Dicen algunos, que en ocasiones hay una serie de acontecimientos en la vida que suponen un punto de inflexión en tu carrera deportiva, y en la de Jürgen fue sin duda la victoria en el torneo de su país. Y como no podía ser de otra manera, 2010 su gran año. Consiguió ganar 51 partidos, llegar a la segunda semana de tres de los cuatro Grand Slams del curso, destacando las semifinales de Roland Garrós tras ganar a Djokovic en la ronda anterior, y repetir el título en Viena. Y además, en Shanghai ganó al número uno del mundo, a Rafael Nadal, su mejor victoria hasta la fecha. A las puertas del top10 a final de esa temporada, la inercia positiva de esos resultados le llevaron a ingresar en tal selecto club en febrero del año siguiente, siendo su mejor posición la octava plaza alcanzada tras llegar a las semifinales del Masters 1000 de Montecarlo, dejando antes en la cuneta al mismísimo Federer.

A partir de ahí, el Melzer que hemos visto ha sido una sombra de ese que deslumbró durante año y medio. Capaz de perder casi con cualquier jugador, terminó el 2011 con un balance en victorias-derrotas de 12-16 a partir del mes de abril, ya muy alejado de los puestos más nobles de la clasificación mundial. En el pasado curso la pista cubierta fue la única superficie que le dio alegrías. Alcanzó los cuartos de final en Zagreb y las semifinales en Valencia, pero sobre todo su gran resultado fue el cosechado en el ATP 500 de Memphis, lugar donde ganó el título tras deshacerse de cañoneros como Isner y Raonic. Fuera de esos tres torneos, solo diez victorias por veinticinco derrotas, balance indigno de un jugador de su talento y hasta de cualquier tenista que quiera formar parte del top100.

Este inicio no ha sido mejor, destacando su derrota ante Greg Jones en Auckland, un jugador que está fuera de las trescientas mejores raquetas del circuito. La final en Zagreb es más un espejismo que otra cosa, vista la tempranera derrota en Memphis ante Sijsling, que le hará retroceder más de veinte puestos en el ranking ATP al no poder defender el título logrado la temporada anterior. El próximo lunes se encontrará al borde de abandonar el top50 y muy cerca de cumplir los treinta y dos años. Alexander Waske, su entrenador, querrá recuperar anímica y psicológicamente a un jugador que ya ha llegado al techo de su carrera deportiva pero que no puede permitirse arrastrarse por las pistas como lo está haciendo. Quizá el alemán quiera recuperarle para la modalidad de dobles, donde consiguió dos Grand Slams entre 2010 y 2011 junto a Philipp Petzschner. De todas formas, si las cosas siguen así, no extrañaría ver a Jürgen colgar la raqueta más pronto que tarde.

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