Tommy Haas: la veteranía es un grado

El alemán, con 34 años y 10 meses, busca el título de San José para extender su leyenda 

Tommy Haas compite en San José. Foto: eurosport.yahoo.com
Tommy Haas compite en San José. Foto: eurosport.yahoo.com

El alemán Tommy Haas, 17 años como profesional y camino de cumplir los 35 en vida el próximo mes de abril, buscará el título en San José ante Milos Raonic para extender su leyenda de competidor interminable. Tras una temporada 2012 de regreso deportivo, el techo del experimentado germano se antoja desconocido.

En la misma semana en que WTA ha alumbrado a la número 1 más veterana de su historia, el circuito ATP aspira a coronar a uno de campeones más curtido de la última década. Dos escenarios paradigmáticos de una disciplina cada vez más profesionalizada, donde los competidores miman sus castigadas estructuras para dilatar como nunca sus carreras. Años de experiencia canalizados a través de emociones contenidas, paciencia y sabiduría para asestar el golpe definitivo. “Quizá los tiempos hayan cambiado. Cuando yo empecé a jugar todo el mundo se retiraba al cumplir los 30-31 años. Stich, Becker, Edberg,… todos esos tipos con los que yo crecí dejaban el juego a esa edad. Creo que quizá tenga algo que ver que ahora cuidamos mucho más nuestros cuerpos, nos damos cuenta de que tenemos que estar en forma. Si estás en buena forma, puedes ir un poco más allá”.

Para muestra de su dilatada experiencia, un registro arrollador: cuando el talento de Hamburgo disputó su primera edición del torneo de San José, Milos Raonic –su rival en la final de 2012- apenas contaba con 8 años en las piernas-. A sus 34 años, dieciocho después de su primera participación en el evento, el tenista de Hamburgo buscará remover las arenas del tiempo bajo la techumbre norteamericana.

Nadie ha logrado levantar un cetro en San José a edad tan avanzada desde que Roy Emerson alzase la corona de San Francisco en 1973 con 36 primaveras. El escenario californiano podría volver a ser partícipe de una gesta con sabor a libro antiguo, constatando que la edad es solamente un número que acompaña al apellido. El hecho tendría tal profundidad que ningún jugador en activo con ranking individual había nacido ha podido contemplar un campeón tan veterano en sus pistas. Tommy Haas acredita una capacidad de superación que encuentra difícil par en el circuito. Una carrera plagada de piedras pero un espíritu aún más poderoso: permitir que detengan tu avance o amarrarlas y lanzarlas fuera de la ruta.

El germano presenta una fuerza de voluntad admirable, puesta a prueba como nadie en los últimos años, de ahí que su presencia no sea apreciada únicamente por su veteranía si no por la indeleble capacidad demostrada para sobreponerse a los sinsabores encarados. Un tipo que en su trayectoria profesional ha visto diluir su ranking hasta desaparecer. No estamos hablando de ceder unas cuantas posiciones, de perder un terreno ganado a pulso semana tras semana. Haas llegó a no figurar en las listas por verse apartado de la competición durante periodos superiores al año. Y a falta de ser una experiencia aislada, es una barrera que ha debido superar no una sino hasta en dos ocasiones a lo largo de su carrera. Y ahí sigue, partiéndose la cara como el primer día.

Primero en 2002, siendo número 2 del mundo, tras un accidente de circulación que le produjo serios daños en un hombro y amenazó seriamente la vida de sus padres. El paso por quirófano y estar al cuidado de sus progenitores lo mantuvieron fuera del circuito hasta entrado el curso 2004. Una experiencia amarga pero razonablemente superable. En la plenitud de su carrera, siendo referencia en la disciplina, con tiempo por delante para remontar el vuelo y mantener aislados los pensamientos del epílogo deportivo.

La segunda quizá tuviera un componente personal menos profundo, pero las alturas de la película en que se produjeron hacen resaltar todavía más su inalterable espíritu competitivo. Su temporada 2010 se ve cercenada por la base del mes de febrero, con todo el trabajo de pretemporada tirado por la borda tras apenas siete partidos. Sendas operaciones de cadera y codo detienen el caminar de un tipo con más de treinta primaveras en las piernas, al borde del top20 y con apenas una final disputada en los últimos 5 años. Un hombre que viene de reverdecer laureles tras quedar a cinco puntos de mandar a Federer a la lona en Roland Garros o llegar a semifinales en Wimbledon meses atrás ve truncado de nuevo su camino por otra lesión de larga duración. Su nombre vuelve a desaparecer de las listas, pero su presencia jamás se desvanece.

“Podría haber tirado fácilmente la toalla tras mi operación de cadera” rememora en la jornada previa a la final de San José. Hubo muchas veces en que pensé que no habría manera de recuperarse de aquello. Pero si tienes un buen entorno alrededor tuyo y gente que cree en ti, te divierte, te hace disfrutar de la vida, te sigue motivando y te empuja a conseguir cosas, eso es importante”.

Durante este período encuentra un pilar humano, una poderosa fuente de motivación: el nacimiento de su hija Valentina. Un estímulo ingobernable que impulsa al genio a concentrarse en la tarea. “Mi hija tiene ahora un año y medio. Si soy capaz de competir durante una temporada o curso y medio más, quizá todavía pueda regalarle el verme jugar a un nivel realmente alto. Ése es otro objetivo para mí” se decía el pasado mayo en Roland Garros al ser cuestionado sobre el fuego que le impulsa a seguir exigiendo el cuerpo a los 34 años.

A pesar de los reveses, ha tenido la fuerza de voluntad suficiente para bajar al barro, remangarse la ropa y volver a picar piedra como el primer día. El pasado año fue capaz de doblar en número victorias respecto a derrotas, ganó un título sobre hierba a Federer, alcanzó finales en tres superficies distintas y multiplicó por diez el peso de su ránking (empezando fuera del top200 para terminar entre los primeros 20). “Pienso que cuando tienes 30 años no quieres pensar que tu tiempo se ha terminado y quieres seguir jugando y disfrutando de este juego. Simplemente disfrutarlo mientras puedas. Mentalmente puede que tenga 29-30 años en lugar de lo que mi edad indica. Pero todo depende de mi cuerpo, de cómo me sienta para poder continuar. Agassi nos mostró que es posible jugar de manera increíble hasta los 34, 35, 36 años si te mantienes en buena forma”.

Un tenista de culto, uno de los pegadores más sedosos que ha dado el tenis en los últimos años. Gran servicio, de movimiento ligero con un abanico de golpes amplísimo y depurada habilidad para gestionar con éxito pelotas en la red. “Cuando crecí, trataba de variar mi registro de juego de muy diversas maneras. Mucha gente venía a verme y en ocasiones les agradaban mis técnicas”.

Admiración mostrada igualmente por John Isner, favorito local y último caído a manos del teutón en San José. "No es ningún deshonor perder con él. Este tipo es un jugador extraordinario, es impresionante lo que está haciendo a los 34. Ha estado en la cúspide de la disciplina. Atraviesa un estado de forma increíble y está impactando la pelota de maravillsa" resumía el norteamericano.

Cinco veces semifinalista de Grand Slam, no pierde la esperanza en alzar un gran cetro y poner un broche de oro a en la última época de su carrera. “Obviamente, sé lo duro que es, especialmente con los cuatro o cinco tipos que están al frente del juego. Uno tiene que ser realista porque estos chicos han acaparado los Grand Slams y los Masters 1000 durante los últimos ocho años. Me daría una mejor opción en un formato a tres mangas en lugar de a cinco, especialmente ante los cinco primeros de la clasificación. Pero uno sigue manteniendo esa visión, esos sueños siguen ahí. Uno nunca debe rendirse. Mientras estés en pista, todo es posible”.

El vigente campeón de las dos últimas ediciones de San José le espera. Buena oportunidad para poner en práctica esa última premisa.

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