Sam Querrey ante el reto del top-ten

El tenista estadounidense intentará acercarse a los diez mejores del mundo en 2013

Sam Querrey en competición. Foto: lainformacion.com
Sam Querrey en competición. Foto: lainformacion.com

Sam Querrey es uno de los jugadores estadounidenses que sostienen el tenis en su país. Sin una gran figura en el circuito ATP, la retirada de Andy Roddick le ha dejado como segundo mejor clasificado de su nación solo por detrás de John Isner. A sus 25 años y superados los problemas físicos que le llevaron hace apenas una temporada a salir del top100, el californiano quiere cuajar el mejor curso de su carrera para acercarse a los mejores.

Si perteneces a un país del que han salido nombres como Jimmy Connors, John McEnroe, Andre Agassi o Pete Sampras, tienes una gran presión sobre tus hombros. Estos cuatro jugadores posiblemente estén entre los diez mejores tenistas de la Era Open, y son auténticas leyendas de este deporte. Y es que Estados Unidos sufre una gran crisis tenística desde hace años. Desde luego no tan incesante como la de Suecia -que en apenas quince años ha pasado de ser múltiple ganador de Copa Davis a no tener jugadores en el top400- pero sí que adolecen la falta de una gran estrella, un número uno o un tenista capaz de ganar Grand Slams. Con la retirada de Andy Roddick se fue para el país de las barras y las estrellas su último gran jugador, el último en alzarse con grandes trofeos. Tras el vacío que deja el de Nebraska, se encuentran una serie de jugadores como John Isner, Samuel Querrey o Mardy Fish que si bien no tienen el talento necesario para luchar por ‘majors’, sí que están capacitados para estar al menos en la élite del tenis mundial. El top-ten no es utópico y tanto Isner y Fish ya han estado en esas posiciones.

El caso de Samuel Querrey es diferente. Durante su desarrollo jugador se le avistaba un techo más alto que el de Isner, que es dos años mayor y menos prolífico en cuanto a títulos. El tenista californiano nació en octubre de 1987 y en 2006 decidió iniciar su carrera profesional tras rechazar una oferta de la USC para disputar la NCAA con una beca. Desde el principio de su trayectoria ya se le veían trazas de gran jugador. Con un servicio muy potente, y pegándole muy duro tanto de derecha como de revés, lo que más sorprendía era su movilidad para desplazarse por la pista a pesar de medir casi dos metros. Todo un ejemplo del tenis moderno, ese que desborda a su rival mediante la potencia de su golpeo.

Su desarrollo fue muy rápido y en 2006 ya se hizo con tres títulos challengers y gozó de muchas invitaciones para eventos ATP. En uno de ellos, en el torneo de Cincinnati, fue capaz de ganarle un set a Rafael Nadal, número dos del mundo en esos momentos. A inicios del curso siguiente ya estaba capacitado para hacerlo bien en Grand Slams y tras una tercera ronda en Melbourne entró a formar parte del top100. Sin embargo, hasta 2008 no llegaría su primera corona en el circuito. La consiguió en el torneo de Las Vegas, ciudad donde reside desde hace varios años. El inicio perfecto de un tenista con una muy buena proyección.

Sus registros no pasaban desapercibidos, sobre todo cuando no mostraba alergia alguna, al contrario que la mayoría de sus compatriotas, a jugar en tierra batida. Sus cuartos de final en Montecarlo y el hacerle un set a Nadal en la tierra de Madrid durante las semifinales de Copa Davis de esa temporada hacían prever que Querrey iba a ser muy duro de batir en todo tipo de pistas, incluidas las más lentas. De todos modos, como buen estadounidense, sus mejores resultados llegaban en suelo norteamericano. En el US Open, sobre las calurosas pistas de Flushing Meadows, el bueno de Sam se colaba en octavos de un grande por primera vez en su carrera dejando por el camino a Berdych y Karlovic.

Si bien en 2009 solo logró un título en las cinco finales que disputó, al año siguiente llegaría su explosión como jugador. Ganó trofeos en todas las superficies, destacando el logrado en el ATP 500 de Memphis ante su buen amigo Isner y el conseguido en el Queen’s Club de Londres ante Mardy Fish en la final. Su entrada en el top20 era inminente, y se situaba como uno de los outsiders en los grandes torneos. Sin embargo, sus registros en los Grand Slams no acababan de convencer. No solía pasar de tercera ronda en la mayoría de ellos y en ocasiones se despedía del evento tras el primer partido. Un gran hándicap para un jugador que tiene como objetivo escalar posiciones y meterse de lleno en entre las diez mejores raquetas del circuito.

La situación se agravó a mediados de 2011 cuando tuvo que ser sometido a una operación debido a una lesión en el codo. Volvió tres meses después, fuera ya del top100 y disputando challengers. El calvario se alargó prácticamente un año, ya que los resultados no acababan de llegar y su ranking no mejoraba. En Los Ángeles, dos años después de su último título ATP, volvía a ganar. Su escalada en la clasificación fue fulgurante y a final de año ya se encontraba a las puertas del top20, muy cerca de su mejor ranking , que fue la decimoséptima plaza hace apenas dos años. Sin puntos que defender hasta junio, ha llegado el momento para Querrey de dar un paso. De dejar a un lado su irregularidad en las plazas importantes, de adquirir la consistencia necesaria para ir ganando posiciones y poder soñar con estar en el top-ten. Su país necesita a jugadores que estén arriba, y desde luego él es uno de los candidatos más propicios.

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