La solidez de la élite WTA

Siete de las cuartofinalistas en Doha están entre las ocho primeras cabezas de serie. 

Azarenka y Serena estrechan la mano.
Azarenka y Serena estrechan la mano.

La regularidad en el circuito WTA continúa ganando enteros a medida que avanza la temporada 2013. Cada vez parece menos frecuente contemplar caídas de grandes favoritas en fases prematuras de los torneos, quedando las rondas definitivas plagadas de grandes figuras peleando por la corona.

¿Esta cada vez más cerrado el circuito femenino? ¿Han obtenido las tenistas preferentes un extra de confianza para rendir sin apenas fisuras en cada evento? ¿Han alcanzando las mejores raquetas del circuito un punto de madurez notable para convertir en resultados el teórico favoritismo? Sea lo que fuere, la línea entre la vanguardia a la retaguardia del tenis femenino parece cada vez más firme conforme pasan las semanas. No hace mucho tiempo se echaba en falta cierta autoridad por parte de las figuras llamadas a liderar la disciplina. Surgían multitud de debates en torno a la legitimidad de una número uno del mundo que no contaba con un cetro grande en su palmarés o la excesiva alternancia de nombres en los torneos importantes. Desde hace un tiempo, esa aguja de discusión está virando.

En el presente torneo de Doha esta línea de impresión no ha hecho sino acentuarse todavía más. Se trata de un evento WTA Premier 5, uno de los torneos más fuertes del circuito femenino. Para hacernos una idea, al margen de los Grand Slams, únicamente hay cuatro citas más relevantes que el torneo qatarí en el Tour de féminas. Premios desorbitados -más de 2 millones de dólares en juego- y una bolsa de puntos muy apetecible -900 unidades para el ganador- contribuyen a concentrar los esfuerzos de las raquetas preferentes.

El calibre del torneo sirve para dar todavía más visibilidad a la tendencia. Siete de las ocho primeras cabezas de serie han sido capaces de alcanzar los cuartos de final en Doha. Es decir, todas ellas tuvieron la habilidad para ganar los dos partidos necesarios para colocarse en la antepenúltima prueba de fuego del torneo qatarí. A saber, la bielorrusa Azarenka, la rusa Sharapova, la estadounidense Williams, la polaca Radwanska, la italiana Errani, la checa Kvitova y la australiana Stosur. Todas ellas, plantel presente en el último WTA Championships de Estambul que reunió a lo mejor de la temporada 2012, sigue presentando sus credenciales en eventos grandes.

La única excepción vino representada por la alemana Angelique Kerber, afectada desde el Open de Australia por problemas discales en la espalda y según parece aún renqueante. Quepa destacar que la germana ha brillado en el circuito por su excelsa regularidad en el pasado. Su ausencia viene cubierta por la ex número 1 Caroline Wozniacki, una de las tenistas cuyo ascenso al trono femenino vino precedido por una increíble capacidad para mantener solidez en sus resultados.

Por tanto, vemos varios factores al alza entre las féminas: concentración de la conversación en unas pocas manos, competitividad más reñida entre las grandes figuras y rivalidades crecientes como consecuencia de unos enfrentamientos cada vez más frecuentes.

En Doha, de hecho, vuelve a ponerse en juego el liderazgo del circuito femenino. Como en Australia, nuevamente vuelve a ser una conversación a tres bandas entre el triunvirato que viene dominando con mayor circuito en los últimos tiempos. Victoria Azarenka, María Sharapova y Serena Williams presentan opciones de salir del Qatar con el número 1 bajo el brazo. Todo indica que Serena, quien sólo necesita acceder a semifinales para certificar su (sexto) reinado logrará tal objetivo y abrir una nueva era en el ranking femenino.

Uno de los indicadores que representan la mayor competitividad presente podría venir reflejado por el puntaje de las listas oficiales. Al término de la campaña 2011, Caroline Wozniacki ocupaba el escalón de privilegio del tenis femenino con algo menos de 7.500 puntos en su casillero. A día de hoy, con tal aval en su bolsa, apenas sería capaz de mantener estatus de top4.

La cabeza del circuito, fundamentalmente en sus tres primeras posiciones, se ha endurecido de forma evidente. Las tres primeras raquetas del tenis femenino se han repartido, entre otras cosas, los últimos cinco Grand Slams (dos para Serena, dos para Azarenka, uno para Sharapova), coparon tres de las cuatro últimas finales de Premier Mandatory y las tres medallas olímpicas de los Juegos de Londres. Un dominio controlado inaudito no hace tanto. En 2011, sin ir más lejos, hubo cuatro campeonas de major distintas siendo tres de ellas primerizas en tal empresa.


No obstante, cabe destacar el hecho de que la solidez no reside únicamente en el trío preferente. La fortaleza se refleja de manera menos poderosa pero igualmente destacable en el estrato inmediatamente inferior y que determina en cierta medida la profundida actual del tenis femenino. La pelea no empieza y termina en la tercera jugadora del escalafón. El resto de integrantes del top8 también empujan y bregan por mantener un estatus destacable. Tienen su regularidad y así se refleja en cada torneo y en las listas.

Si antes decíamos que la número 1 a principios de 2012 hoy apenas sería top4, también hay que decir que el top8 ha sido capaz de mantener su fuerza de puntos. Si en 2012 la referencia eran algo menos 7.500 unidades, hoy día la tercera jugadora cuenta con más de 9.500. Un expolio deportivo respecto a tenistas inferiores importante y muy superior al experimentado tiempo atrás. Sin embargo, mayor regularidad adquirida por el segundo estrato contribuye a que sus posesiones a nivel de puntaje no se hayan visto excesivamente afectado. Si a finales de 2011 la octava tenista contaba con 5.250 unidades, hoy día mantiene esa posición con unos 1.000 puntos menos -la mitad del salto experimentado por la cabeza-. Un terreno cedido no excesivamente grande que indica mayor firmeza en los desempeños semana a semana.

Procedemos a repasar cómo vienen siendo los resultados de las ocho primeras raquetas en los torneos más importantes, contemplando cuántas de ellas presentan sus credenciales en cuartos de final -altura del torneo donde se llega al enfrentamiento directo entre el grupo de élite mencionado-. Tomamos como referencia los torneos más importantes del tenis femenino: Grand Slam, WTA Premier Mandatory y WTA Premier 5.

Top8 cuartofinalistas en grandes torneos.

Open de Australia 2012 - 5

Premier 5 Doha 2012 - 4

Premier Mandatory Indian Wells 2012 - 5

Premier Mandatory Miami 2012 - 6

Premier Mandatory Madrid2012 - 5

Premier 5 Roma 2012 - 3

Roland Garros 2012 - 3

Wimbledon 2012 - 5

Premier 5 Montreal 2012 - 3*

Premier 5 Cincinnati 2012 - 6

US Open 2012 - 4

Premier 5 Tokio 2012 - 6

Premier Mandatory Pekín - 5

Open de Australia 2013 - 5

Premier 5 Doha 2013 - 7

*Inmediatamente después de los JJ.OO (ausencias de Serena Williams y María Sharapova)

La tabla inmediatamente anterior nos muestra una realidad perceptible: la presencia de las ocho primeras raquetas que acuden a un torneo van copando puestos de cuartofinalista de forma progresiva. Si en la primera parte de 2012 encontramos hasta dos torneos donde apenas tres top8 -ni siquiera la mitad del plantel- alcanzan la antepenúltima ronda, vemos cómo en los últimos ocho torneos es un poro deportivo que desaparece. Desde Wimbledon hasta el presente evento de Doha, la mitad o más del octeto referente llega siempre a cuartos de final. La única excepción viene marcada por Montreal y las causas citadas. Es más, en seis de esos ocho eventos -incluyendo los últimos cuatro-, al menos cinco top8 llegan al penúltimo peldaño, siendo el torneo qatarí el clímax de la regularidad con siete mujeres de élite metidas en la lucha definitiva por la corona.

Cada vez hay sitio para menos nombres. Cada vez la competencia es más feroz entre las féminas. Y cada vez que hay un gran torneo, las grandes favoritas salen a morder como hacía tiempo no lo hacían.

De cara al espectador, ¿representa esta realidad algo positivo?

Al fin y al cabo, buena parte del interés despertado por la disciplina viene encarnado por la atracción que puedan generar las grandes figuras. El gran público vibra con enfrentamientos legendarios, rivalidades visibles que pueda detectar como algo relativamente permanente más que un panorama poroso donde cada semana salta una cara nueva al escenario principal. Una presencia continuada de deportistas peleando por los grandes cetros se antoja como uno de los reclamos más poderosos que pueda tener una disciplina. Tenistas cuyos pasos sean sencillos de seguir por el espectador ocasional y generen un interés cada vez mayor por el deporte.

¿Tendrá continuidad en el tiempo este patrón? Varias de las principales figuras de la actualidad (Azarenka, Radwanska, Kerber, Kvitova,...) tienen menos de 25 años. Sharapova, que parece llevar una vida en el circuito, cumplirá 26 esta primavera. Es una incógnita difícil de precedir. Pero lo más importante, tiempo hay para descubrirlo. De momento, ofrecerán unos cuartos de final en Qatar con un cartel de auténtico lujo.

Comentarios recientes