Esther Vergeer anuncia su retirada

La tenista holandesa, referente mundial en silla de ruedas, confirme el cierre de su etapa profesional 

Esther Vergeer compite en el Open de Australia. Foto: abc.net.au
Esther Vergeer compite en el Open de Australia. Foto: abc.net.au

Esther Vergeer, profesional del tenis en silla de ruedas, anunciará su retirada en Rotterdam de forma paralela a la presentación de su libro. Una racha de 470 triunfos, más de una década sin entregar un encuentro, compone uno de los registros deportivos más extraordinarios del deporte moderno. Su lección de vida, sin embargo, arroja sombra sobre cualquier dato.

No voy a mentir. Jamás he visto un partido completo de Esther Vergeer. Nunca reservé unos minutos para rebuscar a través de la red cuál sería su próximo duelo, qué balance presentaba ante su siguiente rival o qué itinerario de torneos habría reservado para los meses venideros. En la vida he dedicado unos minutos de atención a preocuparme por su modalidad en la disciplina. Ni siquiera sé si hay torneos de este estilo cerca de mi hogar. Seguramente haya multitud de información al respecto pero ni me he molestado en comprobarlo. Y, huelga decir, no es algo de lo que me sienta orgulloso.

Sería muy cómodo utilizar este día para recorrer la carrera de la holandesa mediante la acumulación de números, tirando fríos datos para completar una gélida pieza. Hacer girar la reflexión en torno a los guarismos que encabezan este texto. Un ejercicio automático, calculado, limpio. Tan vacío de conocimiento en el redactor como carente de mensaje para el receptor. No hace falta lanzar mucho la imaginación para saber que van a tener esa información regurgitada cientos de veces a través de la red y me resisto a convertir este portal en un espejo de lo dicho por tantos otros. 'La tenista en silla de ruedas que acumuló tantos partidos sin perder', 'la última vez que entregó un encuentro fue en el año tal', 'acumula una serie de títulos que alcanzan tal número',… ¿Qué sentido tendría recordar el cuadro completo cuando no has dedicado un minuto de tu tiempo a observar un solo trazo de la obra? ¿Merece la pena maltratar la historia de una persona reduciendo sus logros a un listado de cifras cual listín telefónico? Me van a permitir que me abstenga de hacerlo.

Podría adoptar una postura cínica y divagar sobre lo dura que es la vida sobre una silla de ruedas. Sobre los impedimentos que una persona encuentra a diario al intentar realizar tareas que rozan lo cotidiano para el resto de los mortales. Sobre lo difícil de aceptar que es que no sean tus pies quienes guíen tus pasos. Pero nuevamente estaría mintiendo. No he experimentado nada parecido ni tengo nadie a mi alrededor que me permita tener una visión directa de ello.

Esther Vergeer es una atleta a la que 'conozco' a través de sus palabras, de su historia y no a través de la contemplación de sus partidos. No tengo una figura deportiva definida de su persona y en ese sentido puede que, en cierta medida, peque de una declaración salida de su boca años atrás. “La gente me juzga por el hecho de ir subida en una silla de ruedas y no por el hecho de ser una atleta. Quiero reconocimiento por lo que estoy haciendo como deportista, no quiero la lástima de nadie”. Es una reivindicación terriblemente sincera, palabras que denuncian la desaparición de cualquier paternalismo que nazca de su condición sentada. Solicitando que una esfera, equiparable en relevancia, no cierna eterna sombra sobre la otra.

Una operación a los ocho años para resolver un defecto cerca de su médula espinal le dejó postrada para siempre en una silla de ruedas. Si perdió la sensibilidad en las piernas, encontró en la competición una vía a la excelencia. "Todos salían, iban a las discotecas, tenían novios…, y yo sentía vergüenza de que los chicos no se interesaran en mí. Fue muy difícil. Encontré una salida en el deporte. Un ambiente seguro: nadie me miraba fijamente, nadie me juzgaba por mi silla" declaraba años atrás.

"Me di cuenta enseguida de que podría hacer mucho más en una silla de ruedas de lo que jamás había pensado. Lo intenté todo en aquella época. Desde el vóley hasta el tenis de mesa y desde el básquet hasta el tenis en silla de ruedas. Mi madre sigue diciendo que fueron los deportes los que me hicieron volver a sonreír".

En lugar de ver cortadas sus alas, fue capaz de construir una de las trayectorias más fructíferas del deporte moderno. Ése es el mensaje que arroja la holandesa. El legado más importante que nos deja puede que no esté en su palmarés deportivo, como en su instinto competitivo viene reivindicando, si no en su manera de afrontar la vida. La parcela deportiva tiene un alcance limitado pero su impacto social parece extremo.

"Esta disciplina tiene mucho más de voluntad que de tenis en sí mismo" comentaba años atrás la propia Vergeer al tratar de definir su especialidad y, en cierto modo, el espíritu de superación inherente a su figura. "Puro amor y pasión" indicaba María Sharapova al valorar la figura de la holandesa. "Su habilidad y voluntad asombran" llegaba a decir Rafael Nadal sobre la campeona europea.

El pasado año, durante el que sería el último curso de su carrera deportiva, Esther tomó el micrófono y pronunció las palabras que deben resonar como el mayor servicio de su presencia en la escena pública: “Me resulta tan impresionante poder extender un mensaje al mundo. Básicamente si tienes una discapacidad aún hay mucho que puedes hacer y todavía hay mucha gente en el mundo que no es consciente de eso”. Despertar una ambición entre el gentío, tener el poder de abrir los ojos a muchas personas es un golpe más poderoso que cualquier otro tiro. Demuestra que un impedimento sólo lo es si uno así acepta verlo. Ser incapaz de andar no implica necesariamente estarse quieto, sino la oportunidad de encontrar nuevas formas de movimiento. Ella no podía caminar pero, como refleja su historial tenístico, deportivamente hablando, logró incluso levantar el vuelo.

Los números de Vergeer quedarán escondidos entre las páginas de algún viejo libro, al alcance de todo curioso que quiera rememorar matemáticamente logros pasados. Son registros inimaginables para la mente humana. De otro planeta. Pero su lección de vida tiene más poso en uno de los terrenos más áridos del universo: la memoria del hombre. Una convicción humana más reveladora que cualquier hilera de triunfos alcanzados durante años. Un talante admirable para el deporte y para la vida en general.

Embajadora de la Fundación Laureus y del Comité Olímpico Internacional, profesa la voluntad por extender su mensaje. A través de conferencias donde hace partícipes a los asistentes de su historia y sus experiencias. Presidenta de una fundación que lleva su nombre, Esther contribuye a dar oportunidades a jóvenes con discapacidades físicas. Un ejemplo de adaptación y superación compartida construido sobre unos claros valores y unas firmes convicciones.

“Aunque seas el número uno, puedes seguir mejorando. De modo que es mejor no relajarse. El mensaje que quiero enviar es que uno siempre debe seguir mejorando. Tienes que intentar y encontrar cosas nuevas, detectar dónde está la ventaja y entonces ir al límite”.

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