Ernests Gulbis: La eterna promesa

Hundido en la clasificación mundial, el tenista letón sigue buscando volver al top100 de la ATP

Ernests Gulbis sigue con su espiral de malos resultados. Su derrota en primera ronda del challenger de Bérgamo evidencia la absoluta involución que está experimentando como tenista. Otrora gran promesa del circuito ATP, su trayectoria se asemeja cada vez más al de una carrera mediocre y frustrada. Perteneciente a la generación de 1988 liderada por Juan Martín Del Potro y Marin Cilic, a sus 24 años el tenista báltico busca reencontrar la sintonía con su mejor tenis.

Otoño de 2006. Un desconocido jugar letón, país que jamás había sacado un proyecto de jugador decente, se encontraba en las semifinales de un torneo ATP en pista cubierta como el de St Petersburgo. Enfrente Mario Ancic, un jugador top-ten que no tuvo problema en despachar a ese jovencito báltico de apenas 18 años recién cumplidos llamado Ernests Gulbis. Si bien es cierto que no había ganado a grandes jugadores por el camino, su nombre empezó a sonar con fuerza en el circuito ATP. A inicios de 2007, tras una buena actuación en varios Challengers, accedía al top-100 por primera vez en su carrera y con diecinueve años recién cumplidos su nombre empezó a escucharse por las instalaciones de Flushing Meadows.

En Nueva York, tras ganar a Potito Starace y Michael Berrer, dos jugadores que sobre pistas estadounidenses no registraban un bagaje demasiado positivo, pasaba por encima de Tommy Robredo, en esos momentos número ocho del mundo. Las declaraciones en la rueda de prensa posterior del de Hostalric no dejaban lugar a dudas. Tan solo seis juegos pudo hacer el catalán, que comentó que se sintió impotente porque a su rival le entraba literalmente todo. ¿Quién era ese jugador letón que sacó a palos a todo un top-ten? Todos en la gran urbe norteamericana se hacían la misma pregunta.

Nacido en Riga, el 24 de agosto de 1988, Gulbis se crio en una familia de clase social alta. Su madre es una actriz que se hizo muy famosa entre las décadas de los 80 y 90, y su padre es uno de los mayores magnates de su país. Poseedor de una gran fortuna. Excentricidades como viajar a los torneos en su avión privado dejan bien a las claras el carácter de este jugador. Adinerado, con un origen claramente acomodado, no parece que el tenis fuese su vocación. Sin embargo, Ernests tiene un talento nato para el deporte.

Y es que no puede ser de otra manera. Un tipo que a la edad de diecinueve años llega a los octavos de final en el US Open y meses después alcanza los cuartos de final de Roland Garrós tiene algo que los demás no tienen. Su nombre empieza a estar ligado al de Del Potro y Cilic, los mejores jugadores de su generación y claros proyectos de top-ten, con posibilidades de ganar un Grand Slam en el futuro. Sin embargo, desde su más tierna edad se empieza a entrever en el báltico una inestabilidad inusual hasta para un jugador tan joven.

Y es que Gulbis sufre una falta de motivación alarmante ante jugadores de perfil medio-bajo. Capaz de hacer semifinales en Roma dejando en la cuneta a Federer y poniendo en muchos apuros al mismísimo Rafael Nadal, emperador de la capital italiana. Pero también capaz de caer ante jugadores de ranking muy inferior. Ganar en el partido de debut del pasado torneo de Wimbledon a Tomas Berdych, finalista en la edición de 2010, y perder en la siguiente ronda ante un desconocido como era en ese momento Jerzy Janowicz.

Muchos entrenadores han intentado cambiar su actitud y su manera de ver el tenis. Gunther Bresnik ahora es el encargado de intentar reconducir su carrera, que no tiene visos de alcanzar lo que un día parecía prometer. Fuera del top100 desde el pasado mes de julio, dos títulos ATP –en Delray Beach y Los Ángeles- y el puesto 21 en el ranking mundial como mejor clasificación parece un bagaje bastante escaso para un jugador de su talento. Con un juego muy plano, cuando está en racha es una máquina de hacer winners, sobre todo con el revés, su mejor golpe. Una especie de Marat Safin mejorado.

Sus declaraciones a la prensa, donde criticaba a los jugadores modestos que disputaban challengers para instalarse en el top-100 y a los que según él ni siquiera le sonaban, o aquel escándalo en Estocolmo en el que fue detenido por contratar a unas prostitutas han sido más comentados que su tenis, que desde el año 2010 va en clara involución. Su derrota en la primera ronda de Bérgamo ante Michal Przysiezny es la gota que colma el vaso. El letón era el primer cabeza de serie y lo peor es que a nadie parece sorprenderle que perdiese. Hace unos meses dijo que si no acababa el 2012 en el top-70 se plantearía dejar el tenis. Por el bien de este deporte, esperemos que Gulbis sepa darle un giro de 180º a su carrera y al menos dar un nivel aceptable, quizá no ese que parecía estar destinado a ocupar el top-ten hará unos cuatro años, pero sí uno que al menos le permita disputar los grandes torneos del circuito con garantías.

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