La crisis del tenis chileno y la búsqueda de un referente

Aprovechando el comienzo del ATP 250 de Viña del Mar analizamos la crisis que está viviendo el tenis chileno

El tenis chileno vive momentos de crisis como se refleja en el ranking, en el que no es posible encontrar ningún jugador de esa nacionalidad entre los 150 primeros del mundo. Christian Garin, con 16 años, es su gran promesa del futuro.

Viña del Mar, ciudad turística por excelencia. Más de 330.000 personas viven en una población adornada por las maravillosas costas del Océano Pacífico, por su enorme variedad hotelera o por su rutilante oferta cultural. A tan sólo 120 kilómetros de la capital, el gran Santiago, es conocida de sobra por su famoso festival de la canción del que tantos cantantes brillantes han salido a luz y también como no por sus enomres zonas verdes (es llamada por ello la ciudad jardín) y agradable clima que permite, la presencia cada año de miles y miles de turistas extranjeros.

Viña del Mar acoge el retorno de Nadal.

En ese entorno, como no, el deporte tiene su hueco importante. El fútbol, la hípica y hasta el rugby aparecen como las disciplinas deportivas favoritas de sus habitantes. Pero es, sin duda, el tenis el gran escaparate internacional de la ciudad. Cuenta Viña del Mar con un ATP 250 que da el pistoletazo de salida a la gira de tierra batida latinoamericana. Un evento por el que han pasado jugadores de la talla de Gustavo Kuerten, Carlos Moyà, Jim Courier, David Nalbandian, David Ferrer, Gastón Gaudio o todas las principales raquetas nacionales del país y una cita magnificada este 2013 con la vuelta a las pistas de Rafa Nadal tras siete meses apartado de ellas.

Sin embargo, echa uno una mirada a su cuadro principal y descubre que de los 28 jugadores presentes en él, sólo dos son chilenos y ambos invitados: el eterno Nicolás Massu, 33 años y todo un clásico del torneo con 16 participaciones en él, y el prometedor Christian Garin, 16 años y el décimo mejor jugador junior del momento.

Chile, una mina de grandes talentos de la raqueta en los últimos 20 años, ve como no es posible clasificar a través del ranking a ningún otro jugador. En parte, porque ningún tenista chileno sabe lo que es estar entre los 150 primeros del mundo (Paul Capdeville es el primero en el lugar 153), y en parte porque no encuentra relevo al citado Massu, doble campeón olímpico en Atenas 2004, a Fernando González, finalista del Open de Australia en 2007 o al ya lejano Marcelo Rios, número 1 del mundo en 1998. Por no hablar del gran Luis Ayala, doble finalista en 1958 y 60 de Roland Garros, o de Jaime Filiol, uno de los primeros presidentes de la ATP en los años 70 y ganador de 22 títulos antes.

Es así como se dibuja un panorama dantesco para el tenis chileno, incapaz de ganar un torneo ATP desde que el Bombardero de la Reina triunfara precisamente en Viña del Mar hace cuatro años. Incapacitado siquiera para llegar a una final en el mismo periodo, o de meter a un tenista entre los cuatro mejores de algún evento ATP desde que lo hiciera también Fernando González en Acapulco 2010.

Situación terrible que se refleja también en la Copa Davis de la que fueron finalistas en 1976, y donde tras años en el Grupo Mundial, Chile deambula ahora en el Grupo I con jugadores que apenas ofrecen garantías de ganar cualquier eliminatoria por fácil que pudiera parecer.

Causas y futuro

Son muchas las causas que han llevado al tenis chileno a este pobre panorama actual. La principal, sin duda, la falta de apoyo a los tenistas más jóvenes, a los que la escasa ayuda económica les hace muy difícil abrirse paso sino es gracias al esfuerzo familiar o a un poseer un talento innato con la raqueta que se demuestra desde edades tempranas.

Tampoco los problemas internos en la Federación de Tenis han ayudado. Durante mucho tiempo eran muchas las acusaciones que surgían respecto a irregulares actuaciones en la dirección financiera de la Federación lo que llevó a la división de los principales actores del tenis chileno, en lugar de trabajar en una misma dirección para fomentar la base sólida de los más pequeños.

Por supuesto, la ausencia nuevos talentos tampoco ha contribuido a mejorar la situación. No siempre salen tres jugadores cercanos en el tiempo como Ríos, González o Massu y saber cuándo volverá a vivirse una nueva “edad de oro” es siempre complicado de predecir.

Christian Garin representa la gran esperanza chilena del futuro.

Sin embargo, en mitad de todo este negro escenario hay algo de luz. Se trata de Christian Garin, uno de los juniors más prometedores del mundo, como indica su décimo puesto en el ranking de la categoría. Él, a sus 16 años, es la gran esperanza del tenis chileno. Ya ha sido el jugador más joven del país en debutar en la Copa Davis (16 años y 119 días) y en conseguir el primer punto ATP. Poca cosa o mucha, según se vea, pero lo cierto es que sobre él cae el peso del tenis chileno en los siguientes años. Una dura misión.

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