El partido más largo de la historia de la Copa Davis

Suiza y República Checa libraron en Ginebra una agotadora refriega deportiva dilatada por encima de la séptima hora

Suiza y República Checa disputaron en Ginebra el partido más largo en la historia de la Copa Davis, un duelo dilatado hasta las 7 horas y 1 minuto en la primera ronda del Grupo Mundial de la edición de 2013. El marcador final (6-4 5-7 6-4 6-7 24-22) favorable a los visitantes, deja la eliminatoria sobre el filo de la navaja para los helvéticos, que deberán ganar los dos puntos del domingo si quieren permanecer con vida en la competición.

Las parejas protagonistas. Por parte suiza, Stanislas Wawrinka y Marco Chiudinelli. El frente checo, Tomas Berdych y Lukas Rosol. Cuatro hombres que dejaron su huella en la historia del torneo tras configurar una pelea de dimensiones sobrehumanas. Por encima de la séptima hora caminó un cruce que vuelve a convertir la competición por equipos en un evento cubierto de tintes especiales.

La aguerrida batalla librada bajo los confines del Palexpo de Ginebra fue acumulando minutos hasta terminar con plusmarcas de profundo calado histórico. Récords con décadas de vigencia que perdieron todo el polvo acumulado durante años durante una fría tarde del invierno helvético. Atrás quedó el partido de dobles más largo disputado hasta la fecha en la competición. Esa disputa desatada en 2002 sobre Moscú entre Argentina y Rusia decidida en favor de los primeros tras 6 horas y 20 minutos de irremisible lucha. Lukas Arnold y David Nalbandian sometían a Yevgeny Kafelnikov y Marat Safin tras una revuelta con tintes épicos.

Pocos minutos después el avance de la contienda derribaría otro muro. No excesivamente más alto pero sí mucho más simbólico: al cruzar la línea de las 6 horas y 22 minutos, el duelo de Ginebra se convertía en el partido más largo en la historia de la Copa Davis. Cuestión nada baladí tratándose de una competición a la que empieza a quedar constreñida la etiqueta centenaria. Hasta la jornada del segundo de febrero de 2013, la pelea más prolongada del evento por equipos más prestigioso de la disciplina pertenecía al pulso mantenido por John McEnroe y Mats Wilander durante los cuartos de final de la edición de 1982. Una plusmarca construida entre dos figuras históricas fuertemente protegida durante más de tres décadas. Un capítulo añejo que, si bien permanece como el cruce individual más dilatado, cedió el puesto de privilegio global ante la contienda a cuatro bandas librada en suelo helvético.

“Recuerdo que al final de ese partido caí en los brazos de Arthur Ashe [capitán estadounidense por aquél entonces]. Venía de perder la final de Wimbledon ante Jimmy Connors, de modo que era bueno superar aquel mal resultado” recordaría recientemente la leyenda norteamericana al retrotraer la mente al mítico cruce de principios de los ochenta. Tras salir victorioso de aquella tortura, Estados Unidos terminaría alzando la ensaladera.

En el corazón de Suiza, un pulso estirado hasta el infinito salpicado por registros arrolladores: más de 50 servicios directos, una cuenta de ganadores disparada hasta las 250 unidades, cerca de 600 puntos disputados, más de 200 errores forzados, por encima de la centena de pasos en falso no forzados,… números atronadores en un caminar por el desierto.

A pesar del atractivo histórico, el inconveniente inmediato de tal refriega deportiva es evidente. La serie llega viva al domingo. Todo está por decidir de cara a una tercera jornada donde la resistencia física se ha convertido en una clave de valor preferente. ¿Qué estado presentarán unas piernas castigadas por centenares de puntos discutidos a corazón abierto? ¿Será suficiente un puñado de horas para sanar unos arañados cuerpos antes de ser nuevamente arrojados al cuadrilátero? ¿Quién pagará en mayor medida el sudor derramado en mitad del maratón? Incógnitas a descubrir durante un día de cierre donde nadie podrá regalar un centímetro de cemento.

Tres de los cuatro hombres empujados por encima de la séptima hora en la sesión sabatina tienen programada presencia dominical. Entre ellos, sendos jugadores checos destinados a dirimir las bazas visitantes. Dos de ellos, para más inri, deberán cruzar argumentos en el cuarto acto de la serie. Tomas Berdych, Stanislas Wawrinka y Lukas Rosol debieran dar continuidad al vía crucis emprendido el sábado. Por tercer día podrían verse inmersos en pulsos competitivos de frenético ritmo. Los dos primeros, bregando por un cuarto punto imperdonable para el helvético. Especialmente triste es el panorama de Stan. Ahogado tras cinco horas de brega australiana ante Djokovic, vuelve a oler sin tocar la miel tras una pelea de siete horas. Tras haber digerido la pareja suiza hasta una docena de bolas de partido -once sobre el servicio de Wawrinka-, Chiudinelli puso un amargo epílogo al duelo cometiendo una desafortunada doble falta sobre el decimotercer punto de encuentro.

El tiempo corre en contra de todos. No hay pausa para lamentos sino para tratar heridas y buscar la cura. La serie apremia y el cuarto asalto asoma en el horizonte. En apenas quince horas están llamados a filas. Algo más de dos giros al reloj de descanso por cada uno empleado en pista. República Checa, vigente campeona, cuenta con margen de error pero también con dos tipos castigados hasta el extremo. Suiza, por su parte, camina sobre una cuerda igualmente desgastada. Ausente Federer y con Wawrinka magullado sus opciones de supervivencia se antoja nimias. Aunque esto es la Copa Davis y, visto lo visto, nada debe ser descartado.

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