Open de Australia 2013: valoración del torneo masculino

Clausurado el primer Grand Slam del curso, procedemos a repasar a algunos de sus protagonistas

Djokovic compite en Melbourne. Foto: zimbio.com
Djokovic compite en Melbourne. Foto: zimbio.com

El Open de Australia 2013 masculino ha quedado archivado. Cualquier pasaje relativo al torneo sobrevive ya en los dominios de la historia. Un nuevo Grand Slam queda atrás para agrandar la leyenda del deporte de la raqueta. Hubo vencedores y vencidos. Sabores dulces y regustos más bien cercanos a lo amargo. Sensaciones enfrentadas en una batalla a 128 bandas donde, finalmente, sólo puede sonreír uno.

Tenistas que cumplieron el guion previsto, competidores que cedieron con carácter previo al potencial que se les presupone, hombres que confirmaron sensaciones plasmadas antes de arribar al torneo,… Muchos fueron los nombres que pasearon argumento deportivo por Melbourne Park y diversas son las impresiones dejadas sobre los azulados suelos de la costa este australiana. Buenos resultados sobre los que construir una línea creciente de rendimiento. Despliegues decepcionantes de los que aprender con la vista puesta en el futuro. En cualquier caso, las primeras sensaciones de la temporada quedaron plasmadas a ojos de todos. Con voluntad de hacer un somero repaso a lo acontecido en el primer grande del curso, procedemos a estudiar el rol jugado por algunos de sus protagonistas.

Valoración del top4

La reválida de Djokovic: Nadie en la era profesional había ganado tres Open de Australia de forma consecutiva. Hasta que llegó Novak. Nadie, tampoco, se había proclamado tetracampeón aussie antes de cumplir los 26 años. Hasta que lo hizo Novak. Nadie, echando la vista atrás, ha ganado un quinto cetro en la antípodas. Y, a día de hoy, se antoja muy arriesgado pensar que no será un testigo amarrado por Novak. Presente en las últimas seis finales sobre pista dura -record absoluto- tiene en la superficie no natural un fortín de leyenda y en Melbourne una segunda casa. Hexacampeón de Slam, ya ha igualado los cetros nobles alzados por mitos recientes como Becker o Edberg. La supervivencia al cruce con Wawrinka -¿mejor choque del torneo?- terminó de espolear al balcánico. Sudó sangre para labrar una segunda vida y, ya recuperada la vertical, dictó sentencia con todo cuanto se le puso por delante. Vengando deportivamente el fallo de Nueva York sobre Murray, sale de Australia con un espaldarazo deportivo tremendo. Número 1 firme. Favorito y con viento favorable. ¿Quién podrá detenerlo?

La seriedad de Murray: El escocés cedió la final del Open de Australia. Esa es la línea central del desempeño en Melbourne. No obstante, no debiera eclipsar lecturas paralelas y más relevantes de cara a futuro para el competidor de Dunblane. Nada tiene que ver esa inclinación sobre el Plexicushion con las entregas finales de 2010 y 2011. Andy cierra una etapa en Australia con la sensación brotada en la segunda mitad de 2012. Puede aguantar la pelea con los más grandes. Mira a los ojos y resiste los pulsos aun en las derrotas. Es la tendencia vista en la semifinal cedida el pasado año o en la competida final de Wimbledon hasta la llegada del agua. Ya no hay graves rapapolvos que cojan al escocés como víctima descarnada. Por primera vez batió a Federer en un Grand Slam, palabras mayores teniendo en cuenta que atravesó momentos de duda en una semifinal estirada al quinto acto. Tiene físico para aguantar cuanto le echen. Cuenta con sostén psicológico para encarar golpes. Cayó corto ante Novak en el último peldaño. Pero vive en él. El único jugador presente en las últimas tres finales grandes (cuatro, si contamos los Juegos Olímpicos) es el escocés. Buena nota. Si encuetra tal regularidad en plazas intermedias, tendrá mucho que decir.

La alternativa de Federer: Buscaba Roger convertirse en el primer pentacampeón de la historia del torneo. Perseguía, para más inri, ser el primer jugador en casi dos décadas capaz de levantar el cetro aussie abriendo el año en Melbourne Park, sin competición oficial previa en las piernas. Quería, también, unirse a Agassi como único hombre con múltiples conquistas nobles con más de tres décadas en las entrañas. Todo eso deberá, al menos, esperar. Tres años pasaron del último major del helvético en pista dura. La autoridad sobre cemento habla serbio y escocés con voz cada vez más grave. Presente en los últimos 35 (!) cuartos de final de Grand Slam y en las últimas diez semifinales de Australia, una cosa está clara: el helvético será competitivo hasta el apagón de la vela. Siempre ronda el gran negocio, jamás se bajó alarmantemente de la pelea. Su mayor enemigo puede ser el fondo físico. Cinco parciales en cuartos de final le arrojan al quinto acto en semifinales. Allí Murray le devora las piernas. No obstante, solamente un set le separó de la final. Lejos del dominio pasado, obvio, descartarlo es una quimera.

La presencia de Ferrer: Quedarse a las puertas es tocar el cielo. El tenista con más victorias de 2012 llega a Melbourne cargado de competición y apenas lugar para el respiro. ¿Resiente el resultado? Atornillado aparece su nombre en el penúltimo peldaño de la escalera. Semifinalista en los últimos tres grandes fuera de la hierba, el competidor de Jávea sigue viviendo en el techo. Maniatado por los morteros de Almagro, encuentra en su rocosa e impenitente resistencia un despiadado gestor de voluntades. Así levanta un partido que parecía arrojarlo al abismo en cuartos de final. Así, apretando los dientes hace dudar al rival. Y así, postrado contra el muro sobre un hilo de vida, construyó una de las –probablemente- remontadas del curso. Volvió a ser cuarto hombre en discordia y como tal volvió a ejercer. Cedió holgadamente ante Djokovic, cierto. El mérito está en haber llegado en pie a ese duelo.

Sorpresas agradables

El destape de Wawrinka: Algunas veces hay derrotas que dicen mucho más que ciertas victorias. El caso del tenista helvético en la edición recién concluida del Open de Australia es una de ellas. Antiguo cuartofinalista en Melbourne, sus octavos de final en 2013 no representan a nivel de resultado deportivo su mejor actuación en tierras oceánicas. No obstante, a buen seguro habrá ganado bastantes adeptos entre la comunidad tenísticas. A ojos de la Rod Laver Arena puso a Novak Djokovic contra las cuerdas en lo que, probablemente, constituya el mejor partido de su carrera deportiva. Concentrado, valiente, decidido. Todas las carencias que se le han venido achacando en partidos grandes, eliminadas en un solo partido. Un pulso ante el número uno del mundo dilatado por encima de la quinta hora pone de manifiesto a qué altura vuela el mejor nivel del suizo. A ese nivel, puede rondar el top10. La pregunta es, ¿puede mostrar ese nivel semana a semana?

El reencuentro de Tsonga: tras una temporada 2013 de divagación competitiva ante la élite (un escuálido 1-15 vs tenista top10 deja la autoridad del francés en algo irrisorio) una de las incógnitas más destacables es el rendimiento a ofrecer por una de las, a priori, alternativas de vanguardia. A menudo etiquetado con falta de arrestos deportivos, el galo dio muestras de motivación renovada tras curtirse en cuerpo y alma en pretemporada con Roger Rasheed. Antiguo finalista en el primer Grand Slam del curso, apenas un set le separó de la semifinal de Australia. Capaz de estirar el pulso hasta el quinto acto ante el suizo Federer –sin mostrarse inferior durante buena parte del encuentro- la confianza del competidor de Le Mans puede haber ganado enteros de cara a citas venideras.

La madurez de Almagro: Por cuarto año consecutivo en la segunda semana –en ningún otro grande lo hizo-. Si contemplamos el rendimiento del murciano en los últimos tiempos observamos, con mayor o menor agudeza, una constante al alza: su rendimiento sobre superficies duras. Único top30 sin una final en el expediente sobre la mencionada superficie, su progresión va dando muestras cada vez más frecuentes. Si en 2012 por primera cruzaba el ecuador de ambos grandes sobre cemento en una misma temporada y firmaba el mejor balance de su carrera en tal suelo (casi 60% de triunfos cuando a nivel global sus números son negativos), en 2013 ha dado un paso más allá alcanzando sus primeros cuartos de final en Grand Slam lejos de superficies naturales. A nivel imperial, puso contra la pared a Ferrer en una auténtica exhibición de tenis directo. Imparable al servicio, inabordable con golpes de fondo. Sólo el titubeo a la hora de cerrar al saque el partido hasta en tres ocasiones le separó de pelear por entrar en la final de Australia. Tan cerca pero tan lejos. No obstante, el avance es significativo.

La continuidad de Chardy: Uno de los hombres recuperados para la causa en la temporada 2012, el tenista galo sigue dando muestra de emersión deportiva bajo las alas de la academia Mouratoglou. Lejos de distracciones polémicas con su grupo de trabajo, estabilizado en un entorno de rendimiento ordenado, el tenista de Pau logrará asentarse entre las primeras 30 raquetas del circuito. Por quinto Grand Slam consecutivo iguala o mejora el papel ejercido en el grande anterior. Para un tenista que sólo había pisado la segunda semana en majors una vez en su carrera, los cuartos de final logrados en Melbourne constituyen la marca más brillante de su vida. Dando rienda suelta al potencial de su primer tiro, desbarató la resistencia de Del Potro antes de llegar al primer domingo. Muestra de su renovado espíritu competitivo, logró avanzar hasta el antepenúltimo peldaño pese a entregar parciales en sus cuatro triunfos sobre el Plexicushion australiano. Firme candidato a engrosar palmarés en breve.

Malas sensaciones

La caída de Del Potro: seguramente la mayor sorpresa negativa del torneo, la prematura caída del espigado talento argentino. Tras terminar a pleno rendimiento el curso 2012, la figura del sudamericano planeaba como una amenaza preferente para romper pronósticos en la segunda semana de competición. Sin embargo, se erigió como el único top10 incapaz de cruzar el ecuador de la prueba en Melbourne Park. ¿Podía ser calificado de firme candidato al título? Cuesta sostenerlo de manera rotunda. ¿Contaba con las credenciales para, al menos, haber puesto en apuros a alguno de los grandes contendientes al cetro? Qué duda cabe que la respuesta debería ser afirmativa. Cedió ante Chardy en cinco parciales como perfectamente pudo haberse inclinado en tres actos. Fue sometido por un hombre que, si bien atraviesa un proceso de maduración profesional, colecciona apariciones testimoniales en escenario noble. Dar la talla en gran torneo tras la lesión –jamás superó los cuartos de final desde entonces- sigue siendo asignatura pendiente para el tandilense. Melbourne 2013 no fue una excepción.

Otros nombres destacables

Tomas Berdych: Presente en cuartos de final sin entregar un parcial, lejos del número 1 del mundo en el choque directo. Cumplió el papel requerido para su calibre deportivo sin llegar a atormentar el pronóstico en fase decisiva. Alternativa de primer nivel en los últimos grandes. Puede mantener el estatus.

Gael Monfils: Dos partidos consecutivos competidos con cierta bravura hasta el 8-6 del quinto acto pueden desbloquear una incógnita mayúscula sobre el extravagante tenista francés – sus castigadas rodillas son capaces de sostener generosas pruebas de presión. Si esta premisa se hace norma, el parisino tendrá motivos para sonreír.

Bernard Tomic: Ensalzado por la maduración deportiva mostrada a inicios de temporada (incluyendo el primer título ATP en Sidney), tocó el tope exigible en Australia. Dos mangas relativamente competidas ante el suizo Federer deben de servir de estímulo para dar continuidad a lo mostrado en enero. Otros años no lo hizo. El tiempo dirá.

Milos Raonic: Presente en segunda semana de competición firmó lo que, por ahora, es su techo en citas nobles. Con margen de mejora evidente desde la devolución, al igual que sucediera en Nueva York el formato a cinco parciales se le volvió a hacer largo ante un gran nombre.

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