El retorno de 'LaMonf'

Gael Monfils parece haber dejado atrás su lesión de rodilla y ya rinde a buen nivel en el Open de Australia

La alarma sonaba el pasado mes de octubre, tras volver al circuito después de cuatro meses en el dique seco, Monfils firma unas semifinales en Kuala Lumpur y unos cuartos de final en Bangkok antes de darse de baja en los dos siguientes torneos pertenecientes a la gira asiática. Su entrenador Patrick Chamagne comentaría poco después que en la capital tailandesa podría haber jugado Gael su último partido como profesional.

Pero nada más lejos de la realidad. Aunque bien es cierto que cerró la temporada de manera desastrosa tras caer a primeras de cambio en Estocolmo ante un invitado local totalmente desconocido, el tenista parisino dio por finalizada su temporada, y empezó una recuperación para dejar atrás los fantasmas de las lesiones que tanto le han lastrado durante toda su carrera. Fuera de los puestos nobles debido a su prolongada ausencia en el circuito -peor clasificación a final de año desde 2004- que le llevó a perderse su queridísimo Roland Garrós, Monfils afrontaba este nuevo año tenístico con el objetivo de estar sano.

El curso comenzaba en el torneo de Doha, con la presión de defender la final alcanzada la temporada anterior y ganar al menos un par de partidos para no salir del top100 de la clasificación mundial. Su victoria ante todo un número 20 del mundo como Philipp Kohlschreiber no hacía sino confirmar los buenos augurios. Sin embargo cayó derrotado ante el ‘qualy’ Daniel Brands en cuartos de final, y volvía a sembrar dudas sobre su rendimiento. El tenista galo podía vencer a buenos jugadores, pero aún debía encontrar la regularidad necesaria en sus resultados para escalar posiciones en el ranking y volver a ser esa amenaza que merodeaba el top-10.

En Auckland, donde recibió una Wild Card de la organización para llegar a Melbourne con el mayor rodaje posible, se vieron nuevos progresos. Las sufridas victorias ante Benjamin Becker y Tommy Haas eran un buen test antes de enfrentarse en semifinales a David Ferrer, tres veces campeón en Nueva Zelanda y el máximo favorito para llevarse el título. Verdugo del alicantino en sus tres únicos enfrentamientos, solo pudo estar 49 minutos en pista antes de que Ferru le despachase con un rápido 6-2 y 6-1. Aún necesitaba más kilómetros. La maquinaria no estaba suficientemente engrasada.

Con un total de siete partidos y un balance de cinco victorias y dos derrotas, se presentaba ‘LaMonf’ en el Open de Australia con el objetivo de seguir con la buena línea marcado en los torneos previos. Pero el sorteo es caprichoso y le encuadró en el partido de debut ante el ucraniano Alexandr Dolgopolov, cuartofinalista hace dos ediciones y cabeza de serie número dieciocho. Quizá para muchos un castigo pero él lo vio como una oportunidad de probarse ante un jugador de la élite que a buen seguro le plantearía un partido muy duro, tanto física como mentalmente. Y así fue. El oriundo de Kiev nos brindó junto a Gael otro encuentro memorable en un Grand Slam, como ambos nos tienen acostumbrados. Contra pronóstico, el antiguo no.7 del mundo dio la sorpresa y se deshizo de ‘Dolgo’ en cuatro sets. Por tanto nos planteamos la pregunta: ¿Ha vuelto realmente Monfils?

Su encuentro ante el taiwanés Yen-Hsun Lu que finalizó hace poco más de tres horas vuelve a evidenciar las carencias que está teniendo el galo desde su regreso. Una irregularidad manifiesta que quizá no le permita rendir al 100% ante rivales de menor enjundia y que le pueden reportar derrotas tempranas e inesperadas. Lo positivo es que sus problemas de rodilla parecen, por el momento, olvidados, y su compatriota Gilles Simon será una buena piedra de toque para medir el verdadero nivel al que se encuentra. Con Andy Murray en el horizonte, al espigado tenista francés solo le queda disfrutar en la pista y jugar sin presión, la segunda semana de Melbourne Park está a su alcance.

Y atentos a Monfils si está completamente sano en la temporada de tierra batida. Semifinalista en Roland Garrós y dos veces cuartofinalista, siempre ha sido una amenaza para cualquier tenista en canchas lentas que no se llame Rafael Nadal. Con el sueño de poder emular a Yannick Noah treinta años después del último título de un francés en el Grand Slam parisino, y con la incógnita del estado físico del de Manacor, ¿Se puede llegar a soñar con la hazaña? Desde luego, suena utópico, pero con Gael nunca se sabe.

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