¿ Qué es mejor, 32 o 16 cabezas de serie en los Grand Slams?

La excesiva facilidad con que los principales cabezas de serie solventan sus rondas iniciales convierten los primeros días en jornadas de demasiada transición

Hasta 2001, los Grand Slam tenían 16 cabezas de serie. Foto:espn.go.com
Hasta 2001, los Grand Slam tenían 16 cabezas de serie. Foto:espn.go.com

¿32 o 16 cabezas de serie en los Grand Slams? Esa es la cuestión. El hecho de que los favoritos resuelvan con demasiada facilidad sus partidos en las primeras rondas obligan a hacernos este tipo de preguntas que no siempre son fáciles de responder.

Primera ronda del Open de Australia: Novak Djokovic vence con relativa comodidad a Paul-Henri Mathieu. Más fácil aún lo tienen Roger Federer o Andy Murray que apenas ceden siete juegos en sus duelos contra el francés Benoit Paire y el holandés Robin Haase. No hablemos de Juan Martín del Potro, que sólo concede cinco "games" a otro galo, Andrian Mannarino. La tónica sigue con el resto de los 8 primeros cabezas de serie que solventan sus encuentros con tanta facilidad que nadie es capaz de hacerles un set.

Federer ha vencido a Paire con facilidad en el Open de Australia.

Tan sencillo puede resultar que la emoción se pierde. El público acude a verlos, a ver su puesta en escena, pero saben de antemano que las posibilidades de ver un partido competitivo son muy remotas, salvo contadas excepciones. Se trata más bien de adivinar la duración del encuentro, que el marcador. Surge así pues una pregunta: ¿ sería mejor volver a los 16 cabezas de serie o continuar con el formato de 32?

Para dar una respuesta lo más concisa posible conviene poner en antecedentes al lector. Hasta Wimbledon 2001, los Grand Slams partían con 16 preclasificados. La aleatoriedad del torneo inglés en la designación de los 16 favoritos provocó una ola de protestas entre los jugadores (especialmente terrícolas) que se vieron perjudicados, lo que dio paso a un nuevo sistema de nombramiento que extendía los cabezas de serie de 16 a 32.

Aunque con el paso de los años, los tenistas han mostrado su conformidad por regla general a esta norma (en cierto modo porque les beneficia, sobre todo a los mejores), lo cierto es que las primeras rondas resultan realmente tediosas cuando juegan los mejores del mundo. Es por ello, que conviene repasar los puntos a favor y en contra de utilizar ambos modelos para darse cuenta de lo que puede resultar más positivo:

32 cabezas de serie:

- Los favoritos apenas sufren. Las sorpresas se reducen y el torneo se garantiza una posibilidad más alta de que lo grandes jugadores cumplan y se enfrenten entre ellos en las rondas finales. En ese sentido, la emoción va "in crescendo" a lo largo de las dos semanas.

- Para el espectador sin embargo resulta algo contradictorio. Las primeras jornadas son de mera transición. Apenas suceden cosas entre los más grandes, que solventan sus encuentros con la mayor facilidad posible. Si sufren, son los últimos cabezas de serie, donde las diferencias ya no son tan abismales con el resto de tenistas del circuito. Ahí es, principalmente, donde se producen la mayor parte de eliminaciones de favoritos a las primeras de cambio.

16 cabezas de serie:

- Es el sistema utilizado en los Masters 1000 con la excepción de Indian Wells y Miami. Tiene como principal nota característica el hecho de que el sorteo puede deparar cuadros duros o muy duros para alguno de los cabezas de serie. ¿Quién no recuerda por ejemplo aquel mítico duelo a cinco sets en Roland Garros 1996 en segunda ronda entre el número 1 del mundo Pete Sampras y Sergi Bruguera, dos veces campeón del torneo y entonces por el puesto 20 del ranking mundial?

- El torneo corre el riesgo de perder alguna de sus estrellas de forma prematura, con el riesgo que ello conlleva para patrocinadores, televisiones, etc. Sin embargo, como contrapartida, los partidos de primera o segunda ronda pueden deparar auténticas bombas despertando el interés de los aficionados desde el momento.

- Además, no hay que engañarse. Jueguen contra el 20 o 80 del mundo, las posibilidades de que el actual Top 4 pierda son escasas tanto con unos como otros. En épocas pretéritas si que era factible ver caer a un número 1 o 2 del mundo contra el 50 o 60. Hoy en día, eso es misión casi imposible. Por ello, lo único que pasaría es que los primeros cabezas de serie se esforzarían desde un principio más y tendrían que pelear más, pero posiblemente ganarían igual.

Una media relativa de eliminaciones tempranas

Con todo lo expuesto si uno analiza los datos de los últimos 11 años, periodo en que se viene aplicando la norma de los 32 cabezas de serie, ve como la cifra de eliminados en primera ronda es muy dispar. Desde los 12 que cayeron en el Open de Australia 2004, a los únicamente 3 que lo hicieron en 2005 y 2011 en Melbourne y que podrían ser incluso menos en esta edición.

Sin embargo, si se aprecia una nota común. El hecho de que salvo en Australia 2002 cuando cayeron el número 1 y 2 del mundo (Lleyton Hewitt y Gustavo Kuerten) y Wimbledon 2003 (otra vez el australiano), rara vez caen las principales raquetas del momento en primera ronda.

¿ Qué te parece mejor, 16 o 32 cabezas de serie?, coméntalo en la sección de comentarios si te apetece.

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