¿ Deberían sancionar a los jugadores que se retiran?

El japonés Kei Nishikori ha sido el último en sumarse a una lista importante de jugadores que se han retirado esta semana de sus partidos

La pregunta a simple vista puede resultar absurda, ¿cómo sancionar a un jugador que se ha lesionado? Si tiene problemas de salud bastante lastre ya tiene, como para encima imponerle un castigo. Hasta ahí, todo parece lógico. El problema, sin embargo, es que en muchos casos, ese mismo tenista juega la semana siguiente otro evento sin rastro evidente de problema físico.

Semifinal de Brisbane. Uno de los tres primeros torneos oficiales del año. Con 6-4 y 2-0 a favor de Andy Murray, el japonés Kei Nishikori decide abandonar su encuentro alegando problemas en la rodilla derecha. Apenas han transcurrido 45 minutos de partido y el público del Pat Rafter Arena tiene que dar por finalizado el espectáculo ante la retirada del tenista nipón.

Nishikori también ha abandonado en Brisbane.

En rueda de prensa posterior al encuentro, el joven tenista oriental confirma que tenía dolor y que no quería arriesgar demasiado. Idénticas palabras esta semana han pronunciado otros colegas suyos del circuito. Jo-Wilfried Tsonga decidió unas horas antes abandonar en la Copa Hopman su partido de dobles mixtos ante Sudáfrica alegando algunas molestias en la parte alta de su muslo izquierdo que le hacían temer por su participación en el Open de Australia. Sin ir más lejos, en la misma competición, John Isner se sumaba al carro de las ausencias al no estar listo para jugar contra España por la tan temida tendinitis que muchas ocasiones afecta a los jugadores. Tampoco el finés Jarkko Nieminen ha escapado de los males. En su duelo contra Alexandr Dolgopolov tuvo que dejar la pista por problemas estomocales.

Eso en categoría masculina, porque en el plano femenino, Victoria Azarenka, toda una número 1, no pudo saltar a la pista para enfrentarse a Serena Williams en las semifinales de Brisbane por una infección en un dedo del pie, dando la coincidencia de que en ese mismo torneo dos de las cuatro semifinales (sumando hombres y mujeres) no han podido completarse.

Como ven muchas bajas (11, entre retiradas y bajas de última hora), para tan pocos partidos que en muchos casos tienen como principal motivo preservarse para jugar el Open de Australia y llegar a la gran cita de Melbourne en las máximas condiciones. Evidentemente, algo lícito y comprensible teniendo en cuenta que los jugadores deben de velar por sus intereses personales antes que nada.

Pero, y sin embargo, ¿qué ocurre con el espectador? ¿qué hacemos con ese señor o señora que ha pagado una entrada para ver a su tenista preferido, o la televisión que ha adquirido los derechos del torneo y ve como lo que prometía ser un gran espectáculo se convierte en una película con final no muy feliz?

Es difícil responder, pues no todas las lesiones o retiradas son iguales, y algunas son realmente serias y convenientes y otras en cambio, no tanto. Sin embargo, si analizamos todas las ocurridas esta semana vemos como todos los tenistas estarán listos para disputar el primer "grande" del año, y en algunos casos incluso hasta podrán participar en torneos previos.

Tsonga, por poner un ejemplo, se ha dado de baja en Sidney por sus problemas físicos sufridos, pero todo parece indicar que ni siquiera esperara al Open de Australia para saltar a una pista. Lo hará en la exhibición del AAMI Classic, donde está a un paso de cerrar su acuerdo con el director del torneo para completar el cuadro de jugadores (el galo suele tener un "modus operandi" similar en Valencia, donde acude a saludar y poco más ante la inminente cita de París-Bercy). Isner, por su parte, figura en Sidney como primer cabeza de serie.

Maria Sharapova, ausente de Brisbane por problemas de clavícula ha ido todavía más lejos. La dolorosa molestia de la rusa parece no haberle pasado factura para entrenar en las instalaciones de Melbourne Park.

Sharapova ya está entrenando en Melbourne Park.

¿ Qué queremos decir con todo ello? Pues que la ATP y la WTA deben de tomar cartas en el asunto y hacerle a los jugadores cumplir sus compromisos. Una cosa es no arriesgar, y otra es tomar el pelo a los aficionados, siempre teniendo en cuenta lo reiterado hasta la saciedad, de que cada lesión es un mundo diferente. Una buena medida podría ser la imposibilidad de jugar durante las siguientes dos o tres semanas, con el fin de asegurar una completa recuperación. Otra, imponer fuertes multas económicas. Todo ello, siempre con la excepción de lesiones graves y evidentes, que estarían al margen.

Seguramente así, los torneos previos a los grandes certámenes no se resintirían tanto y dejarían de ser simples pistas de entrenamiento. Una pena para eventos que gozan de cierta tradición.

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