Tenis obsoleto

El tiempo pasa para todos y algunos jugadores no han conseguido reinventarse, bajando su nivel tenístico a lo largo de los años

El tiempo pasa para todos y algunos jugadores no han conseguido reinventarse, bajando su nivel tenístico a lo largo de los años.

El tenis que se practica hoy en día es muy diferente al que se disputaba hace diez o veinte años. Las mejoras en las raquetas, en la preparación física o la progresiva ralentización de las pistas son cambios por los que los diferentes jugadores presentes en el circuito han tenido que pasar para adaptarse a las condiciones actuales. Un claro ejemplo de ‘reinventarse o morir’.

Algunos jugadores como Carlos Moyá sufrieron la revolución del tenis total, en el que se tiene que hacer daño con todos los golpes y no tener apenas puntos débiles. El mallorquín, que acabó teniendo en su revés un verdadero lastre, fue cediendo poco a poco ante una nueva hornada de pegadores que masacran a su oponente a base de golpes ganadores desde el fondo de la pista sin apenas pestañear. En las próximas líneas analizaremos a otros jugadores veteranos, cuyo tenis se ha ido quedando obsoleto:

Tommy Robredo: El gerundense intenta volver al top-100 tras una temporada en la que estuvo más de cinco meses en el dique seco por una lesión en la pierna. A sus 30 años, Robredo ha visto como poco a poco su tenis se ha vuelto más vulnerable ante los nuevos talentos del circuito. Con un servicio y un revés a una mano decentes, es una roca desde el fondo de pista gracias a una derecha sólida y a un juego de piernas realmente portentoso. Su mayor hándicap es la ausencia de un golpe definitivo que le permita cerrar los puntos por la vía rápida. Este hecho no le impidió ser top-5 en el año 2006, pero con el paso del tiempo le ha ido pasando. A pesar de ser un especialista en tierra batida, durante toda su carrera ha rendido muy bien en pistas rápidas, cuajando muy buenas actuaciones en los Grand Slams disputados en superficie dura.

Radek Stepanek: El veterano jugador checo es un ejemplo de madurez tardía. Tardó muchos años en desplegar su mejor tenis, llegando al top-ten con 27 años, edad algo elevada en 2006 para alcanzar por primera vez el selecto club de los diez mejores. Perjudicado por la excesiva ralentización de las pistas rápidas y por la eliminación de la moqueta, Stepanek utiliza con menos frecuencia su efectivo juego de saque y volea, prefiriendo quedarse en el fondo de pista e intentar la aproximación a la red a través de su revés cruzado, su mejor golpe cuando está bien plantado en la cancha. En la final de la Copa Davis pudimos observar que en pistas de ‘hielo’ aún puede ser peligroso, pero en el circuito, con superficies más lentas, su tenis va a menos y no puede medirse a las grandes raquetas del circuito.

Jarkko Nieminen: ¿Cómo mantenerse doce años consecutivos en el top-100 sin tener saque? La respuesta nos la podría ofrecer el tenista finés. Con 31 años, el oriundo de Masku inicia la temporada con el objetivo de mantenerse un curso más en la élite a pesar de tener uno de los peores servicios de todo el circuito. Su primer saque no suele superar los 180 km/h y sus segundos suelen tener velocidades irrisorias para un jugador de su calidad y status. Su condición de zurdo y la falta de potencia en sus golpes le hacen angular mucho sus tiros, consiguiendo desplazar a su rival y así conseguir la ventaja necesaria para cerrar el punto. Ante jóvenes tenistas pegadores no suele tener ninguna opción al no aguantar su ritmo de bola. Lejos queda ya su mejor temporada, en 2006, donde consiguió ganar 55 partidos a nivel ATP y alcanzar el top-15 de la clasificación mundial.

Lleyton Hewitt: El guerrero australiano está cerca de cumplir los 32 años y es un jugador muy distinto del que fue número uno mundial con solo veinte primaveras, tanto dentro como fuera de la pista. Su garra y su carisma siguen intactos, pero su juego desde el fondo de la pista ha perdido mucha efectividad. Durante la época dorada de su tenis, era el ejemplo perfecto del contragolpeador. El mejor recuperador del circuito. En un instante pasaba de defensor a atacante con brillantez. Con la llegada de Nadal vimos a una versión mejorada del ‘aussie’ que además aunaba potencia y la juventud que empezaba a perder el de Adelaida. Su revés sigue siendo un guante pero la lesión de cadera le ha acarreado muchos problemas físicos, que unidos a la falta de profundidad en sus golpes le han hecho descender posiciones según pasaban los años. Su partido ante Almagro en el torneo de Estocolmo es un perfecto ejemplo de obsolescencia tenística. El legendario Hewitt se vio impotente ante los misiles del murciano.

Michael Llodra: Escuela francesa, sinónimo de clase y talento. Uno de los artistas que se resiste a dejar el circuito. Con cuentagotas nos ofrece pequeñas dosis de talento, casi siempre sobre pista cubierta. Sin temor se va a la media pista con primeros y segundos saques, dispuesto a morir en la red si es necesario. Su revés a una mano es una delicia. Lo ejecuta con precisión milimétrica y en pistas rápidas se convierte en un importante argumento con el que limar las opciones de su rival en el fondo de la pista. Uno de los grandes perjudicados de la supresión de la moqueta y la ralentización de las pistas en esta última década. En los 90 hubiese sido, sin lugar a dudas, un candidato a los grandes títulos en todo torneo disputado en pista indoor.

Por @FriKarian para @PuntoDBreak

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