Andrea Petkovic y la 'maldición' australiana

La alemana renuncia a Melbourne Park por segundo año consecutivo tras sufrir su tercera lesión en las antípodas

Andrea Petkovic causa baja en el Open de Australia por segunda temporada consecutiva tras sufrir su tercera lesión en las antípodas. Unas latitudes que están configurando un negro historial en su expediente.

Ni siquiera ha arrancado la temporada y ausencias destacables han comenzado a gotear sobre el primer Grand Slam de la temporada. Recién conocida la ausencia de Rafael Nadal aduciendo la infección de un virus estomacal, apenas veinticuatro horas después sería la otrora número 1 del tenis alemán y antigua cuartofinalista del major australiano, Andrea Petkovic, quien confirmase su renuncia a Melbourne Park a partir del próximo 14 de enero. En los últimos doce meses, lesiones de espalda, tobillo y, ahora, rodilla, cosen la coraza de la teutona. Alejada del Plexicushion del Estado de Victoria desde la temporada 2010, las antípodas vienen representando un terreno de ingratos recuerdos para la competidora germana.

En el primer partido de la temporada, nuevo beso a la lona. Un año destinado a la recuperación del terreno perdido, con el horizonte del poderoso estatus de no hace tanto tiempo como meta prorrogado una vez más. Rehabilitaciones, plazos, esperanzas,… Un cúmulo de circunstancias que acompañaron a la alemana durante siete meses en la temporada 2012 volvieron a sobrevolar sobre su figura al tenerse que retirar entre lágrimas en su puesta de largo en Copa Hopman. La rodilla derecha, la articulación que le infligió la lesión más grave de su carrera cinco años atrás precisamente en Australia, volvía a decir basta. La era frustración palpable. En el banquillo, Andrea no podía contener las lágrimas. Tras ella, su padre Zoran, testigo directo del vía crucis, se enjugaba los ojos desesperado. Una persona que ha aguantado dos contratiempos físicos graves en los últimos doce meses encaraba la opción de ver entrar en sus carnes un tercer puñal sin apenas margen para la reivindicación. Atendiendo a las primeras exploraciones, sin embargo, la herida no parece tan abierta.

A primera hora de la mañana, una resonancia magnética arrojaba los primeros detalles sobre el alcance de la lesión. “Tengo una rotura en el menisco medial (cara interna de la rodilla). Si tienen que quitarlo, sólo estaría fuera un mes. Y podría estar jugando bolas en dos semanas. Si tuvieran que coserlo de nuevo, podría llevar de dos a tres meses. (...) Nos lo estamos tomando de forma completamente divertida” confirmó con entereza la competidora de Tuzla en rueda de prensa desde Perth, enclave de su último revés físico. Con más entusiasmo del que se pudiera esperar tras ver las lágrimas derramadas en el primer partido de la temporada, el hecho de renunciar a un Grand Slam y tener que recomponer en cierta medida el arranque del curso parecen ser un mal menor para una deportista con un amargo historial en tiempos recientes. "Me alivia saber que no se trata del ligamento cruzado anterior nuevamente" comentaría hace unas horas en su cuenta de Twitter. Tras verse obligada a no competir en Melbourne, Andrea volverá en breve a Alemania para someterse a una artroscopia y determinar con mayor precisión la gravedad de la lesión y establecer los plazos de recuperación.

En ámbitos deportivos suele haber terrenos enquistados para un competidor dado. Un estadio tradicionalmente adverso para un equipo. Un rival cuya oposición representa un desafío inabordable. Una competición que da la espalda a lo largo de una carrera completa. La tenista alemana, en este sentido, parece haber encontrado su némesis en el país oceánico. Una cuota importante de los contratiempos más severos de su trayectoria deportiva tuvieron lugar en Australia o relación con sus tenistas.

En 2008, su primera participación en el Grand Slam de Melbourne. El major que mejor trata a los jugadores según la opinión de gran parte del circuito profesional no pudo dedicar un recibimiento más amargo al talento de origen balcánico. Ante la entonces número seis del mundo, Anna Chakvetadze. En un estadio de Grand Slam. Ni siquiera llegó a completar un juego. En el sexto punto del partido, un mal gesto de su rodilla derecha mandó su cuerpo contra el cemento. Retorciéndose de dolor sobre el tórrido firme australiano asumía su destino. El ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha hecho trizas. Imposible continuar. Recién cumplidos los 20 años, una cicatriz de veterano de guerra. Ocho meses fuera de las pistas.

Lejos de representar un contratiempo que cercenase sus esperanzas, poco a poco fue construyendo su nombre en el circuito femenino. Su gran destape de cara al gran público, la segunda semana alcanzada en Nueva York 2010, donde dio paso a sus peculiares celebraciones y empezó a acaparar numerosos focos. Un sello deportivo con crecientes cantidad de adeptos que contempló su explosión competitiva en el curso 2011. Siendo la única tenista capaz de alcanzar tres cuartos de final en Grand Slam (incluyendo el major australiano) la alemana marcó su escalada hasta las diez primeras posiciones WTA. Así, en la élite del tenis femenino, abría la campaña 2012. Así, con el proyecto de confirmar la amenaza cernida meses atrás, destapaba el curso en los torneos oceánicos con Melbourne como horizonte. Y así, tras competir lastrada en Brisbane y Sidney, molestias arrastradas en la espalda terminaron por convertirse en una fractura por estrés en la zona lumbar. Comenzaba a terminar su temporada. Renuncia al Open de Australia y está fuera de competición tres meses.

Andrea tuvo su escenario de regreso en Copa Federación. En el Porsche Arena de Stuttgart, su enclave preferido en el circuito femenino. Cedió el partido pero había vuelto a competir. El rival, agria premonición, Australia. Cuatro días después, en el quizá episodio más traumático de su carrera, sufriría una rotura de ligamentos en el tobillo derecho en el mismo escenario. Apenas era el tercer encuentro tras el parón. Otros cuatro meses al rincón.

Con siete meses perdidos, desplomada en la clasificación. Lo que era carne de top10 estuvo cerca de abandonar las primeras 200 posiciones WTA en los últimos meses del año. Momento de mantener la cabeza fría. Apenas dos victorias en los primeros cinco torneos tras su regreso anticipaban la demanda que exigiría recuperar el ritmo de competición. Dos semifinales para cerrar el curso con mejores sensaciones, clasificación (#125) y objetivos a medio plazo. En este mismo portal, su entrenador marcaba el top100 como barrera a recuperar de inmediato, poniendo el trigésimo puesto como horizonte al culminar la gira de arcilla.

El último traspié, nuevamente en Australia, vuelve a añadir minutos a la cuenta atrás. “Si mantenemos su cuerpo libre de lesiones, estoy seguro de que será top5 en 18-24 meses” comentaba Popovic. Lo negativo, que la primera premisa parece dañada. Lo positivo, que pocas jugadoras vienen tragando barro como la germana. De nuevo en tesitura adversa aunque, por desgracia, sobradamente conocida. La de volver a empezar.

El espíritu de la situación resumido en un lema remitido a la jugadora por parte de su capitana de Copa Federación, Barbara Rittner: "La paciencia no es la habilidad de esperar, sino la habilidad de mantener una actitud positiva mientras esperas".

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