La crisis del tenis africano

Actualmente sólo existe un tenista africano dentro de los 100 primeros del mundo, el sudafricano Kevin Anderson

El tenis africano vive una de sus peores crisis. Sólo existe un jugador entre los 100 primeros en el ranking ATP, y en categoría femenina hay que irse hasta el puesto 60 para encontrar a la mejor tenista africana.

Hubo un tiempo no muy lejano en los años 90 y principios del 2000, donde el tenis africano tenía su espacio destacado en el mundo del tenis. El sudafricano Wayne Ferreira llegaba a ser número 6 del mundo, y dos veces semifinalista en el Open de Australia, Hicham Arazi, Karim Alami y Younes Aynaoui configuraban una armada marroquí temible en tierra batida, los hermanos Black, naturales de Zimbabwe, eran siempre una pesadilla en pistas dura. Incluso, en categoría femenina, Amanda Coetzer estaba en el número 3 del mundo.

Wayne Ferreira llegó dos veces a las semifinales de Australia.

Tiempos realmente buenos para un tenis africano que septiembre del año 2000 incluso podía presumir de tener cinco tenistas entre los 37 primeros en el ranking ATP y a varios ganadores de torneos ATP. Sin embargo, hoy en día, la situación es completamente distinta, pues precisamente en ese puesto de la clasificación aparece el único representante del tenis africano en la actualidad: el sudafricano Kevin Anderson. En mujeres, la cosa aún es peor, Chanelle Scheepers se ubica en el puesto 60 del ranking WTA. Una panorama dantesco que irremediablemente nos obliga a cuestionarnos, ¿qué ocurre con el tenis africano?, ¿por qué ya no salen buenos jugadores?

Evidentemente la cuestión no es sencilla, en primer lugar porque confluyen distintos factores, y en segundo porque si es difícil generalizar cuando se analiza la situación tenística de un país, más aún lo es si cabe de un continente tan grande y heterogéneo como el de África. No obstante, sí que existen toda una serie de causas comunes que nos permiten visualizar parte del problema:

- los problemas económicos: el continente africano no vive ni de lejos una situación económica boyante, lo que se refleja fielmente en el tenis. Son muchos, los millones de habitantes que apenas tienen dinero para subsistir, como para pensar en jugar al tenis. Posiblemente, en África sea el lugar del mundo donde el tenis pueda ser considerado el deporte más elitista.

- la falta de cultura tenística: prácticamente todos los países sueñan con producir jugadores de fútbol de talla mundial que alcancen la cima futbolística. Muchos otros, se decantan por el atletismo. Ambos deportes se pueden practicar en la calle, sin necesidad de grandes medios, ni mucho menos de organizar infraestructuras de torneos que permitan competir.

- la situación geográfica: se trata de un continente, especialmente la zona del sur, que se encuentra alejado de los lugares donde más competiciones tenísticas existen, especialmente Europa o Estados Unidos. Todo ello provoca, que en edades tempranas donde no existen ingresos, o son mínimos, haya que costear desplazamientos costosos para ir a entrenar o jugar, lo que resulta caro. Han sido muchos los jugadores africanos que han tenido éxito (Kevin Curren llegó a la final de Wimbledon en 1985, Johan Kriek ganó Australia en 1981), pero no hay que engañarse, la mayoría estaban formados a nivel tenístico en Europa o Norteamérica.

- el fin del apartheid: en Sudáfrica hasta los años 90 existía el apartheid, que discriminaba a la raza negra en favor de la blanca. En el tenis, el tema no pasaba inadvertido, al punto de que el combinado sudafricano fue expulsado de la Copa Davis en 1970 por dicho motivo, o resultó ganador en 1974 después de que su contrincante en la final, la India, se negara a jugar como respuesta a estos privilegios en favor de la raza blanca.

El fin del apartheid supuso la convivencia de todas las clases sociales, lo que no fue muy recibido por muchos, que dejaron de practicar deportes que hasta ese momento consideraban exclusivamente de ellos, entre los que estaba el tenis. Es cierto que se inyectó grandes cantidades de dinero para fomentar el deporte de la raqueta en zonas pobres y tradicionalmente discriminadas, pero no menos cierto es que no ha conseguido calar con fuerza.

Por si fuera poco, los problemas de la Federación Sudafricana son patentes. No sólo a nivel económico, sino también incluso en el plano institucional. Sin ir más lejos, Kevin Anderson o Chanelle Scheepers no fueron a los Juegos Olímpicos ni son asiduos a disputar la Copa Davis o la Fed Cup, por entender que su federación no les ayuda lo suficiente.

El futuro

Con tal escenario, ¿qué cabe esperar del futuro? Esa pregunta siempre es complicada de responder, pero la lógica indica que difícilmente se puedan encontrar armadas como las que conformaban Marruecos o Sudáfrica en los años 90. La tendencia es otra, la de figuras sueltas que destaquen enormemente por sus cualidades tenísticas y que sean las únicas a seguir.

Ons Jabeur ganó Roland Garros júnior en 2011.

En ese sentido, la tunecina Ons Jabeur puede ser la mayor esperanza. Campeona junior en Roland Garros 2011 con sólo 16 años, la suya parece ser una carrera prometedora. No en vano, situada ya en el puesto 263 del ranking WTA, puede presumir de ser ya la tercera mejor jugadora de toda África. En hombres, la cosa está peor. Para que se hagan un ejemplo, sólo hay un marroquí entre los 1000 primeros, Mehdi Ziadi, situado en el puesto 758, ahí es nada.

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