Cien saques, una rodilla maltrecha y un millón de dudas

Rafael Nadal regresará a la competición seis meses después cargado de trabajo e interrogantes.

Rafael Nadal compite en el Open de Australia. Foto: zimbio.com
Rafael Nadal compite en el Open de Australia. Foto: zimbio.com

Rafael Nadal regresará a la competición pública seis meses después, cargado de trabajo e interrogantes. Así ha sido el proceso de recuperación del mallorquín.

El 20 de noviembre de 2012 es el día en el que las luces del azulado hangar de Manacor se vuelven a encender para Rafael Nadal. Apartado de la competición desde el 28 de junio, el tercer martes del penúltimo mes del año es el momento elegido para que el balear vuelva a los entrenamientos, inaugurando una nueva página de este libro desconocido en el que se escribe la lesión más larga de la carrera del balear. El síndrome de Hoffa, una inflamación de la zona de grasa situada justo detrás del tendón rotuliano y debajo de la rótula, obliga al ganador de once torneos del Grand Slam a dejar de competir durante más de 100 días tras caer en la segunda ronda de Wimbledon ante Rosol, perdiéndose el resto de la temporada y renunciando a ser el abanderado de España en los Juegos Olímpicos de Londres. El golpe más duro en sus once años en la élite.

Cuando más de cinco meses después de la derrota en Londres Nadal vuelve a pisar una pista, cuando los médicos consideran que el momento ha llegado, que es hora de probar sobre el tartán si el trabajo acumulado ha sido fructífero, el español toma la raqueta y la conexión creada entre ambos es tan instantánea como especial. Es el reencuentro con una vieja amiga, la misma con la que ha compartido los momentos más importantes de su vida. Durante los primeros días, acompañado por Toni Nadal y Rafael Maymó, el balear calibra su derecha repitiendo una y otra vez el golpe sobre el que construye su juego. Luego, tras empezar a rescatar sensaciones con el drive, busca hacer lo mismo con el revés. Las líneas no son el objetivo inicial, aunque sí el global. Nadal se mueve por la pista lateralmente, buscando que la sensación al pegar en estático sea la misma que al hacerlo de forma dinámica. La intensidad sube gradualmente según avanzan las semanas y los entrenamientos se acercan a los que un jugador profesional realiza durante la competición. En uno de ellos, el número uno español realiza una serie de 100 saques, consciente de la debilidad de su servicio y de lo herido que este puede haber quedado tras el período de inactividad. Una premisa, sin embargo, rige todo el proceso y marca el objetivo final: recuperar la agresividad que a finales de 2011 adaptó como elemento diferencial a su patrón de juego. Renunciar a ella, sabe el mallorquín y su entorno, no tendría sentido ahora, una vez comprobada la eficacia que ese esquema le proporcionó en cemento ante rivales de primera línea. Esa agresividad, además, le permite ahorrar kilómetros en pista y, en consecuencia, reducir el desgaste que sus articulaciones sufren cuando se enfrenta a la pista rápida.

Antes de la vuelta a los entrenamientos, Nadal pelea contra sí mismo y hace una demostración de tesón. Nunca se entrega a la desidia física durante el tiempo que permanece inactivo, durante todos esas jornadas en las que no se ve luz al final del túnel. Día tras día trabaja en el gimnasio para no perder el tono muscular, pelea contra las tediosas máquinas que marcan su pesada rutina y obedece a lo que Joan Forcades y Rafael Maymó le ordenan para superar la hoffitis que sufre. Sus dos preparadores físicos, en permanente contacto con el traumatólogo Mikel Sánchez, habitual en su entorno médico desde que en 2009 lograse con éxito la regeneración natural de tejidos en las rodillas del mallorquín gracias a un tratamiento basado en dolorosas inyecciones de plasma enriquecido con factores de crecimiento, y con Ángel Ruiz Cotorro, médico de la Federación Española de Tenis, le guían por las fases del lento proceso que requiere la recuperación. Entre sesiones de kinesioterapia, la ciencia que trata las lesiones desde el movimiento, termoterapia, la que lo hace aplicando calor en la zona afectada y tratamientos con láser combinados con fisioterapia manual, Nadal viaja varias veces a Vitoria y Barcelona para comprobar la evolución del tratamiento mientras contempla desde la distancia como Murray gana su primer Grand Slam arrebatándole la tercera posición de la clasificación, como Ferrer levanta en París-Bercy el primer Masters 1000 de su carrera, como Federer y Djokovic se enzarzan en una carnicería final que termina con el serbio como número uno del mundo y como España pierde en Praga la Copa Davis ante la República Checa.

Además, en ese largo período de tiempo disfruta de Mallorca tantas semanas consecutivas como nunca en toda su vida. Acostumbrado a canalizar la adrenalina de la competición en armonía purificadora en dos cortas semanas tras Wimbledon durante los últimos años, Nadal se encuentra con un puñado de días por delante sin viajes, hoteles o torneos para cobijarse en su refugio. Así, por ejemplo, juega a golf hasta alcanzar el mejor handicap de su vida (3.8). Así se adentra varios días en el mar para navegar en barco y disfrutar de la paz que le ofrecen la pesca y el agua. Así se relaja con su familia y se divierte con sus amigos durante las agradables noches de la isla. Recibe varias visitas, entre ellas las de Juan Mónaco, que entre paseos por la Cala de Mandía, sesiones de natación en la playa y trabajos en el gimnasio, le hace de caddie en un torneo de golf. También cena con el Rey Don Juan Carlos, quien se cita con el tenista en un conocido restaurante de Palma de Mallorca para apoyarle en los momentos más difíciles de su vida como profesional.

Luego, cuando llega la hora de la verdad, por el centro de entrenamientos de Manacor van desfilando los jugadores con los que Nadal supera cada uno de los plazos establecidos por los médicos. Por allí pasan sus amigos Tomeu Salvá-Vidal, Carlos Moyà y Marc López, con los que intenta tomar temperatura tenística. Hasta allí viaja Francis Roig, que le acompaña desde hace años durante las doce semanas de la temporada que Toni se queda en casa. Allí se reúnen Benito Pérez-Barbadillo, Carlos Costa y el resto de su equipo para celebrar una cena de Navidad antes de decir adiós a Mallorca y partir hacia Abu Dhabi.

El número uno español afronta desde el próximo día 28 de diciembre un nuevo desafío, esta vez sin rostro y apellidos y sin una raqueta empuñada tras la red. El miedo de saber cómo va a responder la rodilla, el ramillete de dudas que le provoca volver a caminar tras tantos días sin hacerlo y la incógnita de saber si podrá alcanzar el nivel adecuado para pelear por los títulos importantes forman el vértice de la pirámide de incertidumbres que afrontará en los últimos días del año y que posiblemente le acompañarán durante los primeros meses de 2013.

La hoja de ruta de Nadal marca Abu Dhabi como primera parada tras la lesión. El torneo de exhibición servirá para analizar el estado real de la rodilla. Luego, tras valorar lo sucedido en Emiratos Árabes, actuará en consecuencia y presumiblemente acudirá a Doha y a Melbourne, para disputar el primer Grand Slam de la temporada. En su cabeza, sin embargo, reside la idea de llegar en condiciones de competir al más alto nivel a los torneos de Indian Wells y Miami con el objetivo de afrontar Monte Carlo con las garantías suficientes como para optar a levantar un noveno título consecutivo y poder asaltar París al rozando el 100% de su nivel más alto. Las armas para hacerlo son las de siempre: un espíritu de superación a prueba de bombas, una fe inquebrantable en el trabajo y una capacidad hercúlea para superar las adversidades.

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