El quinto set, solución en uno de cinco partidos de Grand Slam

Repasamos en números la cantidad de partidos que en 2012 tuvieron que recurrir a cuatro o cinco sets para resolverse

Tres, cuatro o cinco sets. Analizamos los partidos disputados a cinco mangas en los cuatro grandes del curso y extraemos diversas conclusiones, entre ellas, que apenas un 20% de los encuentros agotan el parcial definitivo.

Una de las cosas que más se lleva discutiendo en los últimos meses es la excesiva longitud de muchos partidos, especialmente en los Grand Slam. La ralentización de las superficies ha provocado que sean muchos los encuentros que en los últimos tiempos se hayan alargado más de la cuenta y es por ello que ya han salido algunas voces proponiendo propuestas encaminadas a reducir la duración de los partidos.

Djokovic y Murray han disputado muchos partidos a cinco sets.

Una de las que más ha sonado ha sido la que busca reducir los partidos a tres mangas en los "majors". Sin embargo, existen muchos obstáculos a esa opción, entre otras cosas, porque son muchos los tenistas que se oponen a ello -especialmente los mejores, que a cinco sets tienen más tiempo para reaccionar- . Además, la tradición en el tenis juega un papel esencial y es muy difícil cambiar reglas que llevan años y años funcionando. Sin embargo, no por ello, hay dejar de analizar más en profundidad lo sucedido en los partidos disputados al mejor de cinco sets, pues de dicho análisis se extraen algunos datos realmente curiosos y que pueden suscitar diferentes interpretaciones.

Por ejemplo, en la temporada 2012, si contamos todos los partidos jugados a cinco parciales en Grand Slams -y excluyendo Copa Davis- vemos como en total se disputaron 508 encuentros (127 pertenecientes a cada grande) bajo estos parámetros. De ellos, 103 (20,27%) acabaron por llegar al quinto set, y 150 (29,52%) terminaron en la cuarta manga. Es decir, el 50,21% de los duelos se resolvieron en tres sets o menos, teniendo en cuenta que algunos tenistas se retiraron.

Si hacemos la fragmentación por Grand Slams, vemos que en el Open de Australia de los 127 duelos que hubieron en el curso pasado, 31 acabaron en cuatro sets, y 26 en cinco. Y de esos 26, en 12 de ellos, hubiera cambiado el resultado si se hubiera disputado a tres sets. Incluida la semifinal que disputaron Andy Murray y Novak Djokovic, que acabó con victoria "in extremis" del serbio en la última manga.

En Roland Garros también hubieron 127 partidos dentro del cuadro final del más importante torneo de tierra batida. Pues bien, 34 de ellos se decidieron en cuatro sets y 27 en cinco. A diferencia de Australia, en tierra batida, fueron más los partidos -17- que hubieran cambiado el nombre del ganador de haberse acortado la duración a tres parciales.

Cifras parecidas se pueden obtener en Wimbledon. 26 partidos tuvieron que agotar todas las mangas posibles, y 41 echaron el cierre en el cuarto set. Si hubiera habido "matches" a tres parciales, hubieran existido 17 ganadores de encuentros diferentes, y Roger Federer, por poner un ejemplo, y al igual que Djokovic en Australia, no hubiera ganado el título, pues hubiera dicho adiós en la tercera ronda ante Julien Benneteau.

Tampoco el US Open escapa de números similares. El grande norteamericano fue el torneo que más partidos vio decantarse en el cuarto set, 44. A cambio, fue en el que menos se necesitó apurar la quinta manga, pues sólo 24 encuentros debieron irse a cinco sets.

Interpretación de los números

¿Qué podemos interpretar de estos números? Pues muchas cosas, y seguramente desde distintas versiones según el prisma con que analicemos. Lo primero, es que en prácticamente los cuatro torneos más importantes, más del 50% de los partidos se decantaron en tres sets, siendo la quinta manga un recurso que apenas se agotó en un 20% de los partidos.

Lo segundo, es que, como observamos, fueron muchos los partidos a cinco sets que tuvieron un ganador diferente. Hasta 65 encuentros en los cuatro "grandes" vieron un triunfador diferente al que hubieran tenido si el partido se hubiera disputado al mejor de dos sets.

Y tercero, que en Australia parece más difícil remontar, y ganar los primeros parciales es casi sinónimo de triunfo, algo que por ejemplo no resultó tan seguro en el US Open, pese a disputarse ambos torneos sobre superficies similares (Plexicushion y DecoTurf respectivamente).

Conclusión

Extraídos estos datos, lo que queda claro es que no parece una buena solución acortar la duración de los partidos. Primero, porque como observamos la mayoría de encuentros se solucionan en tres sets, y los que se alargan, suele ser porque son igualados y normalmente llenos de emoción y calidad. Si se redujeran se perdería parte de la épica de este deporte. La tensión y los nervios no serían ni mucho menos iguales, y además serían muchos los jugadores que jugarían presionados por el miedo a que perder una manga pudiera significar el principio de una eliminación. Además, el físico es uno de los aspectos más destacados del tenis, y en ese sentido, los partidos largos premian a los tenistas que están más preparados.

Quizás, la solución pase más por disputar un tiebreak en el quinto set, tal y como hace el US Open, acelerar las pistas para proteger también a jugadores más agresivos, o simplemente dejar las cosas tal y como están, que parece que, de momento, funcionan.

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