El Open de Australia, el Grand Slam de las sorpresas

En el Open de Australia han llegado muchos jugadores que no entraban en las apuestas a la gran final, lo que le hace ser uno de los torneos más abiertos

El Open de Australia es un Grand Slam propicio para las sorpresas. Muchos han sido los tenistas que han logrado llegar a la final, e incluso ganar el título estando en posiciones no muy destacadas en el ranking.

Si existe algún Grand Slam propicio para las sorpresas ese el Open de Australia. El hecho de disputarse en el primer mes de competición, con pocos partidos previos de rodaje y un calor asfixiante provoca que el primer gran torneo del año sea en muchas ocasiones un campo minado para los favoritos y un escenario perfecto para que muchos se den a conocer.

El Open de Australia suele producir sorpresas entre los favoritos.

En los últimos 35 años muchos han sido los tenistas que no entraban en las quinielas de favoritos y han logrado llegar a la final, e incluso ganarla dándose a conocer al gran público. El tremendo dominio del Top 4 está provocando que este fenómeno se esté matizando en los últimos años un poco, pero no hay que irse muy lejos para ver casos realmente sorprendentes de tenistas que hasta esa cita no habían conseguido destacar en las primeras plazas del ranking.

Jo-Wilfried Tsonga fue la última sorpresa en asombrar en las pistas de Melbourne Park. Sin ninguna sola final en su carrera y fuera del Top 35, el galo dejó en el camino en 2008 a tres de los diez mejores jugadores de entonces (Murray, Gasquet y Nadal) para disputarle el título a un Novak Djokovic que también se estrenaba en estas lides. Finalmente, el serbio se haría con el torneo, pero para nada empañaría el papel de Tsonga.

Un año antes era Fernando González el que disputaba su primera final de un grande. Su tremenda derecha por fin conseguía hacer estragos, y no precisamente en tierra batida, sino en el Rebound Ace que cubría las pistas de Flinders Park en aquella temporada.

Para sorpresas también la de Marcos Baghdatis en 2006. El chipriota sacó a relucir su gran clase con tan sólo 20 años y pese a estar situado en el puesto 54 de la clasificación llegó a la final tras derrotar a Andy Roddick, Ivan Ljubicic o David Nalbandian. Sólo Federer, y después de remontarle un set, fue capaz de evitar que Baghdatis no acabará levantando la copa de campeón.

Baghdatis llegó a la final de Australia en 2006.

Hubo un tiempo a principios del nuevo milenio donde Andre Agassi dominaba con cierta comodidad en las pistas australianas. Sin embargo, no era por falta de rivales. En 2003, un sorprendente Rainer Schuettler, número 36 del punto, fue su rival en la final. El alemán nunca había destacado por hacer cosas realmente importantes dentro del circuito pero durante dos semanas fue vencer a ilustres de la raqueta como Richard Krajicek, Marat Safin, James Blake, Andy Roddick o David Nalbandian. Posteriormente, acabaría el año como número 6 del mundo, pero su gran trampolín sin duda vino en Australia. Algo parecido le ocurriría a Arnaud Clement que dos antes también llegaba a la final sin contar para nada en las apuestas.

Aunque para sorpresas grandes la de 2002. Thomas Johansson se encontraba entre los 20 primeros, pero de ahí a ganar un grande va un abismo. Sin embargo, el sueco jugó como nunca en la segunda quincena de enero y nadie pudo vencerlo, ni siquiera un talentoso Marat Safin, su rival en la final. En el camino de Johansson, eso sí, no apareció ningún Top 10, lo cual facilitó enormemente las cosas.

Si existe alguien a quien le guste el Open de Australia, ese es a Carlos Moyà. El tenista balear causó asombro cuando en 1997 derrotó en primera ronda al que era el campeón, todo un veterano como Boris Becker. Fue el primero de una larga lista de nombres (Felix Mantilla, Michael Chang, Jonas Bjorkman) que sucumbieron ante la poderosa derecha del que dos años más tarde sería número 1 del mundo. Eso sí, en la final Pete Sampras demostró que todavía él era el más fuerte que el mallorquín.

Más lejano en el tiempo Steve Denton también tuvo su momento de gloria en el Open de Australia de 1981. Entonces sobre hierba, el estadounidense, gran especialista en el dobles, demostró que su peculiar pero potente saque (estuvo 13 años como récord de servicio más rápido) era capaz de hacer daño sobre la entonces hierba del estadio Kooyong. El norteamericano nunca pasó del 12º puesto en el ranking, ni tan siquiera pisó unos cuartos de otro Grand Slam, pero en Australia fue capaz de llegar dos veces a la final.

Claro que para sorpresas, la de 1978. John Marks era el número 188 del mundo y un absoluto desconocido para el gran y no tan gran público. Pero durante unos días, este australiano se reencarnó en una figura del tenis y se permitió el lujo de ser el primer y hasta la fecha único hombre que ha jugado una final de Grand Slam sin ni siquiera estar dentro de los 25 primeros del mundo alguna vez. Guillermo Vilas le puso los pies en la tierra y le impidió hacer la que hubiera sido una de las grandes proezas de la historia del tenis.

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