Diario de Praga: día uno

Los dos equipos velan armas de cara a la lucha que iniciarán David Ferrer y Radek Stepanek y que seguirán Tomas Berdych y Nico Almagro

Rafael Plaza nos trae el diario de la final de la Copa Davis. Desde Praga y en permanente contacto con la pista y los jugadores, nos explica los pormenores de la lucha que dirimen la República Checa y España por la final 100 de la Ensaladera.

En Praga hace frío. Muchísimo frío. A las cinco de la tarde la noche es cerrada y la niebla que envuelve las oscuras calles es tan densa que es imposible distinguir con nitidez el horizonte. En la ciudad, además, hay gente capaz de desafiar los cero grados caminando en manga corta, todo un gesto de valentía para los turistas que pasean por el centro de la ciudad buscando la mejor foto para guardar como recuerdo de su viaje. El centro de la ciudad puede resultar atractivo, siendo el concepto mencionado algo tan subjetivo como personal, pero las cercanías del estadio, donde se hospeda la mayoría de la prensa, es triste, rodeada de tinieblas y almacenes desamparados.

Praga será testigo de la final de la Davis.

En Praga no se puede pagar con euros, no al menos en todos los establecimientos. La corona checa, moneda oficial, es siempre la primera opción elegida por el que vende, siendo el cambio perjudicial para el extranjero. Igualmente, los taxis son carísimos, y muchos de ellos aprovechan la inexperiencia del pasajero para duplicar el precio final del trayecto -utilizando rutas alternativas con la intención de prolongar el tiempo de viaje-. El metro, sin embargo, es barato, rápido y útil, aunque peligroso cuando el día ha dejado paso a la noche.

En Praga ya es navidad. Así lo indican las luces que adornan los centros comerciales, algunas calles y un puñado de carteles colocados en las paradas de bus. Sin embargo, es imposible encontrar algo abierto para cenar pasadas las nueve de la noche, salvo extrañas -y decepcionantes- excepciones, siendo el hotel de prensa, de notables prestaciones pero lejos del descomunal lujo que posee el cuartel general de los jugadores, la mejor opción para tomar algo sin alterar el horario español.

En Praga hay cosas comprensibles y otras sorprendentes. En el 02 Arena, el estadio que alberga la final, se trabaja contra el reloj para llegar a tiempo, se escucha el sonido de las herramientas contra el metal mientras los operarios corren de un lado hacia otro con carteles, cajas y sillas. Nada extraño que no suceda durante los días previos a un evento de esta magnitud en cualquier lugar del mundo. Increíble es que el centro de prensa, la casa de los periodistas durante toda esta semana, cierre el día previo al primer partido de la final a las seis de la tarde, obligando a la mayoría de ellos a buscar alternativas para trabajar. Los encargados de seguridad, dignos de la mejor película de acción estadounidense, se ocupan de mantener todo bajo control con métodos demasiado agresivos, interpretando un papel intimidatorio que logra su propósito.

En Praga hay muchas cosas que llaman la atención. En el sorteo de la final, disputado ayer en el ayuntamiento de la ciudad, Lukas Rosol e Ivo Minar figuraban en el cuadro como la pareja de dobles elegida para salir a batallar el sábado, cuando todo el mundo sabe que serán Berdych y Stepanek los encargados de hacerlo, salvo algún sorprendente e inesperado cambio. En ese mismo emplazamiento, durante la rueda de prensa posterior al evento que decidió el orden de juego, Berdych negó las palabras que días atrás pronunció: en ningún momento, según explico en checo señaló a Almagro como el punto débil del equipo español sobre el que construir la victoria local. El daño producido al lanzar ese ataque, canalizado por el murciano en motivación, quizás pueda traer consecuencias negativas a Tomas, cargado innecesariamente de presión. El balance es muy favorable al checo (8-3), pero la Copa Davis no tiene nada que ver el circuito ATP, pese a la importancia del cara a cara en un deporte extremadamente mental.

Rosol y Minar están apuntados para disputar el dobles.

En Praga, en una escalera del ayuntamiento tras la celebración del sorteo, José Luis Escañuela, presidente de la Real Federación Española de Tenis, señaló que sería bueno reflexionar sobre el papel de la ITF -marcando temas como la implantación del ojo de halcón o la impugnación realizada en Austrin-, pero que una vez la eliminatoria está en marcha centrarse en si la pista cumple o no la reglamentación es inútil. Desde el punto de vista técnico y político las acciones de la Federación Internacional no son favorables para España. Escañuela, además, recordó cuando Berdych mandó callar al público de Madrid tras ganar a Nadal en 2006 y explicó que no le extraña en absoluto el ataque del checo hacia Alamgro, debido a los momentos pasados protagonizados por Tomas en los que ha evidenciado una falta de deportividad, factor diferencial en el deporte de la raqueta.

Mientras, Feliciano López confesaba sentirse dolido por no jugar, entre otros motivos porque pensaba que las condiciones eran favorables para desplegar sus virtudes, y porque realmente creía que sería uno de los cuatro elegidos para defender los colores de España. Sus opciones pasaron en todo momento por dos escenarios: sustituir a Almagro -apartándole del premio de jugar una final de Copa Davis tras partirse la cara en las tres eliminatorias previas, con el presumible enfado de Nicolás, siendo un tenista de carácter fuerte- o relevar a Marc López en el dobles, imposible tras coronarse en Londres y ascender hasta el quinto escalón de la clasificación mundial. Cerrados ambos caminos, Corretja decidió tras cenar el jueves lo que venía barruntando: no alterar las piezas del tablero.

En Praga se entrenaron ayer Almagro y Ferrer antes del primer día de la final mientras decenas de operarios trabajaban afanosamente para pulir los últimos detalles del colosal estadio que albergará la última cita tenística del año. A golpes y sin risas, bajo la atenta y seria mirada de Corretja, los dos jugadores midieron fuerzas durante un set que terminó en un improvisado desempate al mejor de cinco puntos. La responsabilidad que pesa sobre los hombros de David, encargado de garantizar sus dos puntos, parece no afectarle. Durante el sorteo, en un vídeo conmemorativo proyectado en las pantallas del ayuntamiento, Ferrer sonreía cuando las imágenes iban desfilando, especialmente tras contemplar a Nadal desplomarse en la tierra batida de Sevilla cuando en 2004 venció a Roddick en el partido que le descubrió ante el mundo y tras rememorar la última Copa Davis alzada al cielo también en la capital de Andalucía junto a Nadal, Feliciano y Verdasco.

En Praga, mientras Almagro se marchaba del entrenamiento lanzando un mensaje a sí mismo para aumentar su motivación lleno de lecturas -”le voy a desintegrar”, decía tras dejar la pista, se escucharon varias alabanzas a la muñeca de Marc López (“¡Es mágica!”, exclamaban desde el banquillo) durante la práctica con Marcel Granollers tras un globo de revés la línea de fondo. Allí, cuando un festival de luces de colores se desplegaba sobre la pista (“¿Te imaginas un cordaje que se ilumine al golpear la bola?”, le preguntaban a Xavi Segura, encordador del equipo nacional), Feliciano López y Roberto Bautista medían la resistencia de los campeones de la Copa de Maestros, demostrando que efectivamente la pista tiene poco que ver con la de Londres. Por ejemplo, allí donde Marc se cubría el revés para utilizar su destructiva derecha, encuentra ahora un problema insalvable de tiempo: un par de centésimas de segundo -suficientes para evitar el desplazamiento- le obligan a tener que usar el revés, el punto más débil de su repertorio. La prueba será completamente diferente (“Stepanek y Berdych son igual o más peligrosos que Stepanek y Paes”, confesaba López), pero la pareja española está preparada.

En Praga, en los pasillos del 02 Arena, Javier Piles, entrenador de Ferrer, confesó que sí, que la pista es la más rápida del año, inusual y diferente a las que han encontrado en el circuito ATP y nada que ver con París-Bercy y Londres, pese a que la adaptación ha sido posible tras buscar los ajustes necesarios en estos días de entrenamiento. También despejó algo que preocupaba en el equipo: Ferrer llega físicamente muy bien a la cita, pese a los 102 partidos que acumula en sus piernas esta temporada, y en ningún caso eso será un factor determinante. Parar quince días tras Shanghái le ayudó a recuperar de forma adecuada, terminar el año en la cima y prepararse mentalmente para el último esfuerzo que deberá afrontar desde hoy en Praga. Piles, además, confirmó que David ha superado la centena de partidos, que los dobles también cuentan porque es tiempo que pasa en pista, minutos arrebatados para que el cuerpo descanse y para preparar el individual. Y, entre risas, reveló que Ferrer es capaz de correr los 400 metros en menos de un minuto sin pasar apuros, evidenciando una vez más que tras esa pequeña estatura (175 centímetros) se esconde una auténtica bestia.

En Praga entrenó luego el equipo checo, con Rosol, sorprendente verdugo de Nadal en Wimbledon, corriendo por los pasillos del estadio para calentar mientras esquivaba a todos los trabajadores que recorrían los entresijos del complejo dejando una divertida imagen. En el equipo español siguen pensando que Lukas podría saltar a pista a disputar el primer punto ante Ferrer, para evitar que Stepanek sufra un desgaste tan alto, pero señalan que sería una opción más viable si el sorteo hubiese colocado ese duelo en segundo turno, obligando a Stepanek a terminar de jugar tarde el viernes y a estar listo para volver a pista el sábado. Algo está claro: Radek, cercano a los 34 años, difícilmente podrá aguantar tres días de competición a ese nivel sin resentirse.

David Ferrer abre con Stepanek.

En Praga se reunieron los periodistas enviados a cubrir el evento en la fiesta que anualmente organiza ITF con motivo de la final, esta vez a orillas del Danubio, para compartir un rato de tertulia monopolizada por distintas apuestas sobre el discurrir de la última ronda de la competición. Para muchos especialistas, escudados en lo logrado años atrás y en el excelente estado de Ferrer, Granollers y López, España es favorita. Para otros, amparados en la superficie -tan rápida como la de Clermont-Ferrand, donde España perdió 5-0 ante Francia hace dos temporadas- y en el peligro de Berdych bajo techo, la República Checa tiene más opciones de lograr la victoria. Para algunos, el partido de Almagro ante Berdych será un éxito si el español logra desgastar a la mayor baza local. Para otros, la victoria de Nicolás es posible, aludiendo a la épica y a la moral dañada de un jugador que ha sido atacado desde distintos flancos durante la semana previa y que saltará al tartán con la intención de ganar y demostrar al mundo que realmente era la opción adecuada para el desafío.

En Praga, finalmente, arranca hoy la final número 100 de la Copa Davis, la oportunidad para que España sume su sexto trofeo por países y la República Checa consiga saborear la gloria colectiva tras más de treinta años sin hacerlo. Más de 18.000 personas están citadas a las cuatro de la tarde para contemplar una guerra que pondrá a prueba la capacidad del equipo español: cuando todos pensaban que 2012 era un año de transición, la oportunidad de lograr una nueva Ensaladera está separada por tan solo tres victorias.

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