El debate de la rotación en las superficies de los Masters

Las Finales de la ATP se disputan casi todos los años en pista rápida cubierta lo que favorece a un tipo de juego determinado

Actualmente, el Masters se disputa sobre pista rápida. Foto:thisisjersey.com
Actualmente, el Masters se disputa sobre pista rápida. Foto:thisisjersey.com

Desde el año 2005, el Masters se viene disputando siempre en pista rápida cubierta, no dejando margen para cambiar de superficies, algo que perjudica claramente a aquellos tenistas que no se desenvuelven bien sobre este tipo de canchas y que abre la cuestión de si debería rotar el torneo.

David Ferrer ha sido el último tenista que ha puesto el dedo en la llaga a una de las cuestiones más polémicas que rodean a las Finales ATP: la superficie. Para el actual número 5 del mundo, "lo más justo sería que el Masters cambiará de superficie cada año". Una opinión que cada vez tiene más adeptos, y no pocos detractores, entre ellos Roger Federer, pero que suscita un intenso debate.

El O2 acoge las Finales de la ATP.

Creado en 1970, el Masters se ha caracterizado en las 42 ediciones disputadas hasta la actualidad por la rotación de las sedes. Hasta 14 ciudades de todo el mundo han albergado en alguna ocasión el torneo de los maestros. Sin embargo, esos cambios permanentes de sede no se han visto trasladados a las superficies.

De hecho, hasta 1996 el evento se disputó sobre moqueta, un tipo de pista que permitía el juego de saque y de volea y que daba pocas oportunidades a los jugadores de fondo de pista. En ese tiempo, sólo la edición de Melbourne de 1974 vio otro tipo de superficie: la hierba del Kooyong Stadium, antigua casa del Open de Australia hasta el traslado a Melbourne Park en 1988.

En 1997, la moqueta dejó paso a una pista dura indoor no excesivamente rápida que permitía encontrar el equilibrio entre jugadores ofensivos y defensivos y que se ha mantenido hasta la fecha con la sola interrupción de los dos años de Houston, donde a pesar de jugarse también sobre pista rápida era al aire libre.

Lo que sorprende en cualquier caso es que nunca la tierra batida ha sido testigo de la presencia de las ocho mejores raquetas del circuito. Una superficie, la arcilla, muy usada durante toda la temporada pero que nunca ha encontrado acomodo en el último torneo del año, y que ha perjudicado enormemente la inscripción en el palmarés de ganadores del Masters de grandes jugadores de tierra, especialmente españoles (caso de Rafa Nadal, por ejemplo) o sudamericanos (Marcelo Rios o Guillermo Coria, entre otros).

Evidentemente, las ventajas de rotar sobre los diferentes tipos de pista están claros. Serían muchos los candidatos a ganar a lo largo de los diferentes años, y a buen seguro que sería muy difícil ver repetir a un mismo jugador triunfar durante varias temporadas. En ese sentido, las seis victorias de Roger Federer o las cinco de Pete Sampras o Ivan Lendl serían marcas muy complicadas de igualar, por no decir algo casi imposible de alcanzar.

Todo esto proporcionaría un torneo cada año diferente respecto a la edición anterior. Algo que ocurre en otros deportes, como por ejemplo en el ciclismo con los Mundiales, donde cada año cambian de recorrido para intentar premiar las diferentes habilidades de cada ciclista y que permite que todos tengan su oportunidad.

Ahora bien, junto a estos beneficios existen otros inconvenientes a ese cambio de superficie. El primero viene motivado por el calendario. La parte final de la temporada se disputa generalmente sobre pista rápida cubierta. En Europa, octubre y noviembre son meses fríos lo que hace que el "indoor" gane protagonismo. En ese sentido, la línea más lógica es disputar el Masters en una superficie similar a las que se están disputando los torneos anteriores.

Un cambio de pista dura a hierba o tierra para una sola cita por muy importante que sea es un trastorno y requiere una adaptación. Serían muchos los tenistas que pondrían pegan a ese cambio de superficie, y a buen seguro, algunos (los que menos opciones tuvieran) hasta causarían baja directamente.

La meteorología, evidentemente, también es un obstáculo. En Europa sería casi imposible hacer a mitad de otoño un evento al aire libre, por lo que de querer realizar un torneo "outdoor", las posibilidades pasarían necesariamente por dirigirse a la parte más meridional de los Estados Unidos, o a cualquier país del hemisferio sur, donde gozan en esta época del año de unas temperaturas más benévolas para jugar al tenis. Precedentes, en ese aspecto ya existen pues Melbourne, Sidney o Houston han acogido la cita, pero implica otro largo viaje.

Houston acogió la Copa Masters en 2003 y 2004. Foto:tenniserver.com

Otro problema a que se enfrentaría es a las posibles desigualdades de nivel tenístico que podrían verse dentro del mismo torneo. Existen algunos maestros que son incapaces de rendir a un nivel óptimo en tierra batida y otros que, sin embargo, no son capaces dar lo mejor de sí en hierba. A modo de ejemplo, Jo-Wilfried Tsonga o Janko Tipsarevic tendrían muchas menos opciones de vencer a un jugador como Rafa Nadal en tierra que en canchas rápidas. En ese sentido, la pista dura es una superficie intermedia, la más utilizada durante el año, y en la que se encuentran cómodos casi todos los tenistas, ya que permite jugar agresivo, o si se prefiere utilizar un estilo de juego más conservador. Algo que posibilita que los partidos sean más abiertos y que hayan más margen de sorpresa, cosa que por ejemplo en tierra batida es más difícil.

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