Finales ATP: Andy Murray

Andy Murray acude al torneo de "maestros" por quinta vez en su carrera, y lo hace con la intención de ganar

Andy Murray regresa a las ATP World Tour Finals de Londres que arrancan el próximo lunes 5 de noviembre tras la mejor temporada deportiva de su vida. Campeón olímpico y de Grand Slam, tiene margen de mejora en la que será su quinta participación en el torneo de cierre de temporada.

A sabiendas de que cerrará la temporada junto a los mejores pero aún por debajo de ellos, la misión del escocés continúa siendo recortar terreno. Viéndose forzado a la retirada en la anterior edición, Andy llegará a la futurista atmósfera del O2 Arena con hambre de dos años y la mirada en el horizonte: si es capaz de alcanzar su primera final en el torneo clausura, la ambición de alcanzar la cima de la ATP tendría visos más reales de cara a la gran guerra de 2013. Abordamos algunas de las claves del talento de Dunblane.

Murray juega en casa en Londres. Foto:zimbio.com

Derrotas edulcoradas: Acostumbrado a recibir estadísticas negativas de forma repetitiva (“has jugado tres finales de Grand Slam, pero nunca has ganado un set en el duelo decisivo”; “Wimbledon sigue esperando un campeón británico desde 1936”) el escocés dio un paso al frente en la presente campaña. Lejos de marcharse cabizbajo tras una oportunidad no aprovechada, salió de pista con el convencimiento de haber apretado las fauces hasta el límite de sus fuerzas. Como paradigma de esta circunstancia encontramos dos duelos previos a su eclosión de hitos en 2012. Primero, las 4 horas 50 minutos empleadas en una batalla a tumba abierta ante Novak Djokovic en la semifinal del Abierto de Australia. A dos juegos de alcanzar la final de Melbourne, nada tuvo que ver con el dócil desempeño que le reportó apenas 9 juegos en el cruce por el título en la anterior edición ante el serbio. Segundo, la valiente puesta en escena al alcanzar su primera final de Wimbledon. Poco impresionado por el momento histórico o por el entonces hexa-campeón suizo Federer, manejó el duelo hasta la llegada de la lluvia. Una sensación: no ganó pero podía haberlo hecho. Percepción que no siempre desprendió en el pasado.

Liberación mental: La potencial relevancia de la dorada presea olímpica quedó patente con la consecución de la gran corona neoyorquina. Pecando tradicionalmente de un peaje psicológico ante los colosos en gran escenario, la final del US Open representa el escalón mental superado por el escocés. Habiendo construido una renta difícilmente salvable por el oponente contempló la desbocada reacción del hombre que, habiendo dominado con mano de hierro el curso anterior, defendía corona en la pista más grande del planeta. Dos parciales de renta quedaron reducidas a la nada. Andy reducido a cinco juegos en el transcurso de dos mangas. De nuevo, el abismo bajo la punta de los pies. Tiempo muerto. Recluido en el cuarto de baño, tornados los potentes focos en fríos azulejos, un oasis de concentración y un pensamiento confesado: “Abandona la pista sin remordimiento”. Jamás tuvo más cerca la gloria y jamás fue más intenso el silencio. En palpable estado catártico, jugando sin margen de error, dio un nuevo giro a la dinámica del duelo para someter al oponente balcánico.

Influencia de Lendl: Cuando el tenista escocés comenzó su colaboración con el ex jugador checo, el debate giraba alrededor de varios interrogantes. Si hubiera que destacar tres aspectos que la experiencia de Ivan podría inculcar en Andy, podrían ser los siguientes: paciencia hasta la llegada de la gloria –múltiples finales de Slam cedidas hasta la primera corona-, frialdad psicológica en pista –necesidad de atenuar los impulsos coléricos de Andy- y atrevimiento con el golpe de derecha –a menudo anudado el brazo del escocés con dicho ala de golpeo-. Sería justo afirmar que, bajo la influencia del ocho veces campeón de Grand Slam, Andy ha adquirido cierta simetría en plano ofensivo. Salvando una modesta gira de tierra, su rendimiento en ‘major’ ha ido in crescendo (semifinal a cinco mangas en Melbourne, final a cuatro sets en Wimbledon, título en el quinto parcial en Nueva York). Quedarse a las puertas de la gloria no representó trastorno, sino más hambre para derribar el muro. Aunque aún proclive a protagonizar episodios emocionales en pista –recordar los gritos en la final del US Open o los golpes propinados a su cuerpo en París, sin ir más lejos-. No obstante, representa una incidencia menor en la calidad de su juego. Ante los mejores, eso sí, regalar confianza en forma de lenguaje corporal puede pagarse caro.

Cierre de partidos: Tras la conquista del US Open, el escocés ha disputado tres torneos (Tokyo, Shangái, París). En ninguno de ellos ha logrado alzar el título. Cada vez ha quedado eliminado en una ronda distinta (semifinal en Japón, final en China, tercera ronda en Francia). Pero los tres eventos encuentran un punto de conexión en la última hoja que el escocés ha dejado escrita: bolas de partido desaprovechadas. Dos ante Raonic en Tokyo –al resto-, cinco ante Djokovic en Shangái, una ante Janowicz en París. Tres partidos donde tuvo la victoria a un punto de distancia terminaron convirtiéndose en derrota. “Tengo que hacerlo mejor en las próximas semanas en este departamento específico. Cuando has marcado diferencias en el servicio de tu oponente, no puedes dejar escapar la oportunidad con el tuyo. No he visto a Ivan Lendl desde el US Open, y será bueno volver a encontrarnos”. Bajo la bóveda del O2 Arena de Londres, ante los ocho mejores jugadores del año, cada punto valdrá oro y una oportunidad perdida tendrá difícil sutura.

Inercia ante los grandes: Si bien el balance del año ante los jugadores presentes en el torneo de final de temporada es relativamente equilibrado (10-7), la tendencia desde el verano refleja un dominio creciente en duelos directos. Tomando como punto de partida los Juegos Olímpicos de Londres, Murray ha ganado 5 de los 6 últimos duelos disputados ante los ‘maestros’, perdonando cinco bolas de partido en el único choque perdido. En tal lapso de tiempo ha batido en dos ocasiones a Federer sin ceder un parcial y otras dos veces a Djokovic, a priori, máximos rivales en la cita londinense. Incapaz de superar las semifinales en ninguna de sus cuatro apariciones previas en el torneo de final de temporada, y forzado a retirarse el pasado año ante su público, tendrá hambre atrasada. Jugador de otoños habitualmente fructíferos, en 2011 llegó con inercia similar ante los ‘maestros’ y su paso por Londres fue testimonial. Los rivales tumbados este año son de mayor calibre, ¿lo será su desempeño a orillas del Támesis?

Londres: Andy vuelve a casa. Pisando las islas, una vez bañada su categoría deportiva con logros del máximo calibre, la ‘britanización’ del talento escocés se antoja un hecho sin retorno. Expuesto ante un escenario muy alejado de la profunda tradición de los pastos londinenses, el enclave puede representar más ventajas que inconvenientes para el número 3 del mundo. Alejado de la expectativa histórica que siempre representará el templo de Wimbledon para un jugador local, la aséptica escena del O2 Arena tiene colgado en la etiqueta un carácter de cita itinerante. A orillas del Támesis encontrará una grada más abierta que en las nobles butacas del All England pero con el sentimiento presente de estar jugando ante su público. Será la primera vez que el escocés compita ante su gente con estatus de campeón de Grand Slam, de forma que la motivación del competidor puede encontrar un impulso extra.

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