Finales ATP: Novak Djokovic

Novak Djokovic acudirá como número 1 del mundo por segundo año consecutivo a la Barclays ATP World Tour Finals

Novak Djokovic acude a la ATP World Tour Finals que comenzará en Londres el próximo lunes día 5 de noviembre como número 1 del mundo por segundo año consecutivo y tratará de reeditar el triunfo conseguido en el 2008.

Con la tranquilidad de saber que terminará el año como número uno por segunda temporada consecutiva y con la necesidad de poner un broche dorado a un curso notable pero alejado de la excelencia de 2011. Así afronta Novak Djokovic la Copa de Maestros. El serbio jamás ha llegado a la final del certamen formado por las ocho mejores espadas del curso desde que el sobrecogedor O2 Arena de Londres es el lugar elegido para la cita donde los maestros pelean por el último gran trozo del pastel. Estas son algunas pinceladas de su año antes de afrontar el desafío final de 2012.

El espaldarazo de ganar la final más larga de la historia.

Con el reloj detenido en 5 horas y 53 minutos, Djokovic se rasga la camisa liberando las emociones de su alma contenidas durante la mayor guerra de todos los tiempos. Novak acaba de ganar la final más larga de un torneo del Grand Slam a Rafael Nadal en el Abierto de Australia. Novak acaba de anotar su nombre por tercera vez -segunda consecutiva- en la lista de vencedores de Melbourne. Y Novak, un campeón puesto a prueba desde el primer momento, examinado minuciosamente por millones de personas ávidas de comprobar si su condición de campeón lograda con sangre y sudor en 2012 era efímera o no, cierra brillantemente el debate lanzando un aviso al resto del circuito. Una de las mayores refriegas deportivas recordadas entregó a Novak una bombona de oxígeno mental suficiente para mirar al futuro con esperanzas y demostrarse a sí mismo que estaba capacitado para asumir el papel de líder requerido por su puesto en la clasificación.

Segunda mejor temporada de su carrera.

Repetir lo conseguido en 2011 era imposible. El reto de volver a alzar Australia, Wimbledon, US Open, Indian Wells, Miami, Madrid, Roma, Dubai y Belgrado estaba lejos de su alcance porque conjugar tal nivel de excelencia y regularidad física y mental no era tarea baladí. No obstante, Djokovic ha evidenciado durante la temporada -con momentos de brillantez y otros en los que ha recordado a aquel jugador temperamental, sin control sobre sí mismo- que el paso al frente dado tras ganar la Copa Davis en 2010 es definitivo. Considerado uno más en la pelea por los grandes cetros del año, con cinco títulos brillando en sus vitrinas, a Djokovic le ha faltado colocar la bandera cuando ya había escalado la montaña. Le pasó en Roland Garros ante Nadal, cuando llegó por primera vez a la final y su remontada quedó anulada -quizás mermado psicológicamente por los precedentes en Monte Carlo y Roma- y le volvió a ocurrir en Nueva York tras levantarse del tartán y llevar el partido a la quinta manga, donde también terminaría inclinando la rodilla contra Murray. La temporada es notable, pero aquel monstruo despiadado de 2011, aquella perfección inabordable, parece hoy más fácil de derrocar.

Serenidad para competir sin presión en Londres.

Nadie puede arrebatar al serbio el número uno del mundo, pase lo que pase en el tramo final de la temporada. Djokovic terminará 2012 como lo empezó: en la primera posición de la carrera de fondo que marca el ránking, pese a no lograr mantenerla durante un buen tramo del año. Liberarse de esa carga, competir sin las cadenas opresoras del acecho constante, puede aliviarle mentalmente para centrarse únicamente en realizar un buen torneo de maestros y borrar las huellas del pasado donde tropezó inesperadamente contra Ferrer y Tipsarevic en 2011 o Soderling en 2009, alcanzando únicamente las semifinales en 2010 ante Federer. Aspirar al título debe ser esta vez su objetivo prioritario, una vez asegurada su condición como número uno del mundo, para poder terminar el curso con la misma sonrisa que lució en Australia y aumentar la renta de puntos pensando en la defensa del trono en 2013.

Margen contra los mejores, paridad ante los colosos.

Enfrentado en 2012 a los diez mejores nombres de la clasificación, Novak presenta un saldo positivo (19-10) que puede servir de grácil referencia a la hora de valorar lo que tendrá que afrontar en Londres. Sin embargo, la vasta diferencia en duelos en los que midió argumentos con algunas raquetas ya clasificadas para el torneo (3-0 ante Ferrer, 2-0 contra Berdych o 2-1 frente a Del Potro), se reduce drásticamente cuando se hablamos de una discusión con los hombres que se han repartido la mayor parte de la gloria durante los once meses anteriores (2-2 en duelos con Federer y 3-3 en partidos ante Murray). En un torneo que reúne a los ocho mejores tenistas del año, evocar las sensaciones y recuerdos de enfrentamientos pasados -fundamental para un tenista- puede inclinar la balanza antes de saltar a pista y condicionar el desarrollo del partido. En ese sendero, solo la amenaza de Roger y Andy -ante los que no es completamente favorito-, Novak tiene mucho recorrido.

Fantasmas del pasado.

"No creo que sea nada malo mostrar nuestras emociones, positivas y negativas. Creo que es razonable hacerlo, y sucede una vez de vez en cuando. Desde luego no es agradable si rompo una raqueta, pero estábamos en mitad de la lucha, en medio de un increíble partido, luchando por un gran trofeo. Los dos queríamos ganar. No podemos ser impasibles durante todo el encuentro". Esta explicación es la última justificación de Novak a su naturaleza impulsiva, a su carácter volcánico -controlado durante la mayor parte de 2011- desatado de nuevo en los momentos más complicados del curso. Así, Djokovic ha destrozado varias raquetas en ocasiones puntuales del año -contra Nadal en Roma o ante Murray en Shanghái- llegando incluso a romper el banquillo en la final de Roland Garros. Ese autocontrol tan alabado durante 2011 forma parte del pasado. Su juego, sin embargo, no ha sufrido las consecuencias como aquellos años de rebeldía juvenil.

Bagaje claramente favorable en mangas decisivas.

Es su terreno. Djokovic solo ha perdido un partido a tres mangas decidido en último set en 2012 (semifinales de Indian Wells contra Isner). Siendo un experto en sobrevivir a situaciones límite cuando todo parece perdido -en la memoria reciente quedan las cinco bolas de partido salvadas ante Murray en Shanghái para terminar ganando o las cuatro frente a Tsonga en los cuartos de Roland Garros que le permitieron llegar a la final-, el jugador nacido en Belgrado posee un elevado porcentaje de victorias (72%) cuando llega a esos momentos de inflexión donde la línea que separa al ganador del vencedor está en un puñado de detalles. Vital en un evento donde los rivales son los mejores del año y la igualdad se presupone desde antes de comenzar.

Djokovic se ha quedado sin gasolina en varias ediciones.

Sin gasolina los últimos tres cursos.

Ganador del certamen en 2008, el último año de Shanghái como sede de la Copa de Maestros, Novak no ha sido capaz de volver a levantar el último cetro de la temporada. ¿Por qué? Pesaron demasiado los kilómetros acumulados en las piernas a la hora de afrontar el último compromiso del calendario. Pesó bastante la extenuación mental reunida durante todos los compromisos y muchísimo las ganas de respirar lejos de una raqueta, de apartar el tenis de su vida en unas merecidas y esperadas vacaciones. La situación es similar en 2012. Djokovic es el jugador que más partidos ha jugado (81), aunque de los diez primeros tenistas de la clasificación el que menos torneos ha disputado (16 por los 19 de Federer, los 18 de Murray y Nadal o los 23 de Ferrer). El problema vuelve a repetirse: Djokovic llega agotado. Al contrario que Federer, el serbio no ha renunciado a disputar el último Masters 1000 del año en París, pese a que la semana existente entre este torneo y la Copa de Maestros ha desaparecido borrando esos siete días vitales para recuperar las heridas de guerra acumuladas durante todo el año. Si el estado físico siempre es un factor importante, en el mes de noviembre se antoja capital.

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