Madurez personal, éxito profesional

Son cada vez más los tenistas que logran alcanzar los mejores resultados de su carrera cuando llegan a la madurez

Feli y Ferrer, dos ejemplos de madurez. Foto:lainformacion.com
Feli y Ferrer, dos ejemplos de madurez. Foto:lainformacion.com

Una frase de Feliciano López, protagonista del grupo que protagoniza estas líneas, describe una situación que atraviesan varios hombres en el circuito actualmente. “Noto la edad sobre todo en la manera de valorar lo que uno tiene, lo afortunados que somos, y eso cuando uno es joven no lo valora tanto. Las cosas pasan y a veces no las valoras, pero el estar a mi edad en esta situación es una suerte increíble”. Esa sincera confesión demuestra lo que es una realidad: besar la gloria cuando la carrera deportiva está más cerca del ocaso es una situación habitual en los tiempos actuales.

David Ferrer (30 años). Partiendo de la base indiscutible de estar analizando la figura de un competidor nato, sin límites terrenales que no puedan ser superados con esfuerzo y sacrificio, el segundo jugador español de la clasificación es uno de los ejemplos más claros de sazón interna. Cuando tres décadas corren ya por sus consumidas piernas, miles los kilómetros recorridos desde que en la temporada 2000 se convirtiese en profesional, Ferrer es actualmente la verdadera alternativa al inalcanzable grupo formado por Federer, Djokovic, Murray y Nadal. 2012, a falta de un par de compromisos de primer nivel a discutir en Londres y Praga, le ha visto alcanzar las semifinales en dos torneos del Grand Slam (Roland Garros y US Open) y los cuartos de final en los otros dos (Australia y Wimbledon). En este año, además, Ferrer ha alzado más títulos (5) que en ninguna de las seis temporadas que sumó cetros a sus vitrinas, confirmando su condición de todoterreno conquistando tres superficies diferentes -algo solo logrado en el actual curso por Federer y ganando más partidos que en cualquier otra temporada (62). Su mérito, sin embargo, va más allá de este puñado de números de oro. Tras domar un temperamental carácter que le acompañó en los inicios de su andadura en la élite (con desafortunados encontronazos como el acaecido en US Open 2008 con una juez de silla) y superar una ristra de problemas personales que le llevaron a romper con la inercia ascendente que llevaba, David recicló su interior para terminar alcanzado el mejor nivel de su carrera en el momento presente.

Janko Tipsarevic (28 años). Acostumbrado a vivir desde el año 2007 entre los cincuenta mejores de la clasificación, acercándose tímidamente a la frontera del top 30 en algunas ocasiones, Janko alcanza por primera vez la zona noble de la tabla a finales de la temporada 2011 cuando pasa a ocupar la novena posición del ranking. Le acompañan durante ese curso mágico sus dos primeros títulos (Moscú y Kuala Lumpur) y otras tres finales más (San Petersburgo, Eastbourne y Delray Beach). 2012 confirma su paso al frente cuando suma su primer cetro sobre suelo rojo en la tierra batida de Stuttgart y consigue agarrarse a la parte baja del top 10, una zona aclimatada a la entrada y salida de jugadores cada semana, un terreno merodeado por varios hombres durante la actual campaña. Siempre a la sombra de Djokovic, Tipsarevic ha logrado alcanzar la segunda semana en Roland Garros (2012), Wimbledon (2007 y 2008) y US Open (2011 y 2012), quedándose a las puertas de hacerlo en Melbourne. Rozando desde aquel decisivo año que cambió su carrera el medio centenar de triunfos por curso, bagaje suficiente para lograr su primera participación en una Copa de Maestros, el serbio ha encontrado una paz mental que le ha liberado de las cadenas que unían su talento con aspectos ajenos al deporte.

Tipsarevic busca el acceso a su segundo Masters

Juan Mónaco (28 años). Cuatro trofeos (Kuala Lumpur, Hamburgo, Houston y Viña del Mar), uno más que los logrados en toda su carrera y la entrada al top 10 en julio del presente año, siendo el segundo argentino con presencia entre ese selecto grupo, confirman que Mónaco ha olvidado problemas pasados para dejar de ser una de tantas promesas atadas a las expectativas que nunca llegan a cumplirse. El importante compromiso de Juan con la élite, empecinado en mejorar, tozudo para crecer en todo tipo de superficies, ha dado finalmente sus frutos, cuando el florecimiento personal ha llegado a su estado óptimo.

Philipp Kohlschreiber (28 años). En tiempos muy difíciles para el tenis alemán, desprovisto de un líder natural desde la época de Becker, son varios los rostros que intentan mantener las expectativas de un país acostumbrado al éxito. Un bello revés a una mano, siempre plausible en este período actual de potencia y fuerza, esconde a a Philipp, un competir irregular lastrado por lesiones y lagunas mentales. En 2012, sin embargo, ha alcanzado su mejor puesto en la clasificación (12 del mundo) acompañado de un título bajo la calurosa mirada de su público en Munich.

Florian Mayer (29 años). El otro alemán que defiende con orgullo los colores de la bandera patria, profesional desde la temporada 2001 como Kohlschreiber, ha logrado asentarse entre los 30 mejores nombres del planeta tras tocar su techo personal en junio de 2011 (18 del mundo) y merodear el resto de la temporada entre esas posiciones. Precisamente, un año atrás logró sumar la única corona de su palmarés (Bucarest).

Mayer está alcanzando su plenitud en la actualidad. Foto:larazon.com.mx

Feliciano López (31 años). El paradigma de la cavilación que une madurez personal y gloria profesional. Dotado con un talento natural para hacer cosas increíbles con una raqueta, predicador de un tenis tan añejo como vistoso en los tiempos que corren donde la escasa variedad de propuestas pueden llevar a según qué aficionados a considerar monótono el deporte de la raqueta, López ha subido varios peldaños tras superar la treintena de edad, principalmente escollos mentales que le impedían conectar grandes actuaciones de forma consecutiva. Acostumbrado a plantar batalla en escenarios de primera línea sin importar la dimensión del jugador contrario, Feliciano solía palidecer en según qué situaciones, animado quizás por la sensación del deber cumplido, del trabajo bien hecho cuando posiblemente sus fronteras podrían haber estado delimitadas mucho más lejos. Es la sensación que algunos jugadores sienten en las primeras etapas de su carrera, sin detenerse a valorar lo afortunados que son por ocupar posiciones privilegiadas. Superado ese trecho, López ha alcanzado esta temporada su mejor clasificación (15 del mundo) y ha plantado cara a los mejores jugadores del planeta (Murray en US Open o Djokovic en Shanghái), pese a terminar inclinando la rodilla ante ellos. Ahora, a menos de un mes de la final de la Copa Davis, al jugador español se le abre la posibilidad de volver a competir en el marco que más le motiva: para proteger los colores de su país en un escaparate universal que concentrará a millones de personas.

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