Las superficies duras comen el terreno a las naturales

Las superficies duras han ido con el paso de los años dejando en un segundo plano a la hierba y la tierra batida

En los últimos años las pistas duras están adueñándose progresivamente del circuito ATP. Cada vez son más los torneos que deciden apostar por la construcción de este tipo de pistas en contra de las tradicionales superficies de hierba o tierra batida. Pero la cuestión es ¿ por qué esta tendencia hacia la pista rápida?

Para empezar, hay que decir que hasta 1974, ningún torneo del Grand Slam se disputaba sobre cemento. La hierba era la gran protagonista en tres de los cuatro grandes con la única salvedad de la arcilla de Roland Garros. Sin embargo, ese año el US Open decidió cambiar la hierba por la tierra batida verde, empezando un camino que le llevaría a escoger la pista rápida en 1978.

Situación parecida ocurrió con el Open de Australia en 1988. En un país vinculado desde siempre a la hierba, la construcción del complejo de pistas rápidas de Flinders Park ( hoy conocido como Melbourne Park) arrinconó las famosas instalaciones del Kooyong Lawn Tennis y su césped que durante muchos años pisaron los mejores jugadores del mundo.

El Open de Australia se lleva disputando en Melbourne Park desde 1988

Este hecho provocó que la mitad de los Grand Slams pasaran a disputarse sobre pista rápida, lo que condicionó de forma considerable el auge de esta superficie y su consolidación en los años 90. Y es que no había nada mejor que preparar el asalto a un “major” que jugando sobre la misma superficie los torneos previos.

Esta adaptación de los eventos anteriores a los grandes a su misma superficie, no es más que sólo uno de los motivos por los que en los últimos años, la pistas rápidas son las más utilizadas dentro del circuito. Existen otros muchos más.

Para empezar, los costes económicos. Mantener una pista de tierra batida requiere de mayores cuidados y de personas a su cargo. Y ya no digamos si se trata de hierba que necesita de una atención casi permanente ( ahí tenemos el ejemplo de Wimbledon). Regar, cortar el césped, cambiarlo de forma periódica, la utilización de jardineros especialistas en la materia, suponen un gasto muy elevado que se puede abaratar con la entrada de una pista sintética o de cemento.

Junto a ello, la gran ventaja de la pistas rápidas es su velocidad. Aunque ésta se puede moldear, generalmente es una superficie intermedia ni tan rápida como la hierba, ni tan lenta como la tierra. Esto favorece enormemente el espectáculo. El público puede gozar de diversidad de estilos: el saque y volea, o el intercambio desde el fondo de la pista. Todo ello permite que sean muchos más los jugadores que pueden optar a ganar el torneo, ganándose en competitividad.

Esto permite en parte acabar con los interminables peloteos de la tierra, o los puntos excesivamente cortos de la hierba, que en ocasiones terminan acabando con el interés del espectador por un partido de tenis.

Además, por si fuera poco las pistas rápidas suelen estar en países poderosos económicamente donde son del gusto de este tipo de superficies. Es el caso de Estados Unidos, donde la gente ama la pista dura. Su inversión económica es muy fuerte dentro del circuito lo que provoca dejar a un segundo plano a otros torneos menores de países económicamente más limitados. Es el caso de la tradicional arcilla de Sudamérica que cada vez más se ve relegada a un segundo plano.

En ese sentido, la llegada del circuito asiático o de Oriente Medio ayuda a contribuir esa tendencia. No es lo mismo para un jugador acudir con todos los respetos a Dubái, que a Acapulco que se disputa en la misma semana.

Dubai reparte jugosos premios metálicos

En el primero, ganar el torneo supone 409.000 dolares de premio. En el segundo, la dotación para el campeón baja a 277.000 dolares. Hasta caer en primera ronda es un mundo diferente. En Dubái por participar en primera ronda, el tenista se lleva 11.800 dolares, en Acapulco el participante en el cuadro principal apenas recibe 8000 dolares. A eso, hay que añadir los fijos que reciben los mejores tenistas por acudir.

Por si fuera poco, los tenistas que preparan Indian Wells y Miami en el Emirato lo hacen en la misma superficie, mientras que los que juegan en México deben cambiar la tierra por la pista dura en una semana. Precisamente, para facilitar la adaptación de los jugadores y un mejor cartel ellos, el Abierto mexicano va a cambiar de superficie próximamente trasladándose a la pista dura.

Los incovenientes de las pistas duras

Sin embargo, no todo es tan bonito como parece con la pista rápida. Se trata de una superficie muy peligrosa para los jugadores. Su tacto duro hace sufrir las articulaciones de los jugadores, que sufren mucho más desgaste.

Además, en torneos donde el calor es protagonista ( Australia, California...), las pistas se convierten en una auténtica caldera que abrasa a los jugadores. Las ampollas se hacen de notar al más mínimo contacto con la superficie.

Estas complicaciones que provocan este tipo de canchas ya ha provocado muchas protestas por parte de los jugadores que desean disputar más partidos en superficies naturales. El caso más conocido, quizás sea el de Rafa Nadal. El balear se ha venido quejando regularmente de que la superficie dura favorece la aparición de lesiones y ha suplicado en más de una ocasión por un aumento de torneos en hierba y en pista dura.

Las rodillas de Nadal sufren en pista dura. Foto:3djuegos.com

Esta declaración, sin embargo, nos lleva a otro dilema que plantea la pista dura, el fin de los especialistas. Durante mucho tiempo, existían jugadores que tenían en una determinada superficie su hábitat natural y lograban sumar en ella, muchos puntos en el ranking. Especialmente era el caso de los “terrícolas” españoles y sudamericanos”que sólo pisaban la pista dura en ocasiones muy determinadas como los Grand Slams.

Sin embargo, a día de hoy, esto es casi imposible de realizar debido a que la mayor parte de puntos están en juego en las canchas rápidas, por lo que prescindir de ellas equivale a una fuerte bajada en el ranking.

En la actualidad, tan sólo 20 torneos se disputan en tierra batida. Peor panorama tiene la hierba, que dispone de seis escasas citas al año. En cambio en pista dura (contando indoor), la ATP ofrece hasta 39 eventos. Es decir casi el doble de torneos que sobre pistas naturales. En otras palabras, entre Masters 1000 y Grand Slam, la pista dura reparte 10.000 puntos, mientras que las superficies blandas otorgan 7.000.

Los nuevos cambios

La confección de un nuevo calendario parece que favorecerá a la clásica que hierba que aumentará en 2014 una semana más de competición. En cambio, el retraso de la gira de tierra batida de Sudamerica a finales de año puede ocasionar el declive total de una superficie que cada vez tiene menos adeptos entre el circuito.

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