Jóvenes e insuficientemente preparados

Grigor Dimitrov y Bernard Tomic corren el riesgo de quedarse en ser ejemplos de "eternas promesas"

Dimitrov es uno de los jóvenes valores del tenis. Foto: tennis24.bg
Dimitrov es uno de los jóvenes valores del tenis. Foto: tennis24.bg

En los últimos años han salido toda una serie de nuevos jugadores dispuestos a llegar a la cima del tenis, jóvenes talentos con unas condiciones innatas para jugar al tenis, pero que por diversas causas no acaban de dar el salto definitivo a los primeros puestos de la clasificación.

Dos de los ejemplos más claros los encontramos en el australiano Bernard Tomic y en el búlgaro Grigor Dimitrov, abanderados ambos de una generación que en un futuro no muy lejano debe acabar con el dominio de los Federer, Nadal o Djokovic.

El caso de Tomic quizás sea el más paradigmático de todos ellos. El australiano es un jugador con un talento en sus manos increíble. Tanto que con apenas 15 años ya había debutado en el circuito profesional. El año pasado, sin ir más lejos, recién estrenada la mayoría de edad, se permitió el lujo de llegar hasta los cuartos de final de Wimbledon derrotando a gente del nivel de Nicolay Davydenko o Robin Soderling.

Sin embargo, este año que tenía que haber sido el de su despegue definitivo, se ha estancado. Tras realizar una brillante gira australiana con semifinales en Brisbane y octavos en el Open de Australia (ganando entre otros a Verdasco, Querrey o Dolgopolov), parece habérsele calado el motor.

Malas noticias, para un jugador que ya se ha visto envuelto a su corta edad en muchos escándalos. En 2007, fue sancionado en Roland Garros junior por falta de esfuerzo en un partido, hecho que le costó la ausencia en Wimbledon. Esta misma temporada, en Miami le dijo al juez de silla que expulsara a su padre por molestarle durante el partido contra David Ferrer.


Precisamente, el entorno de Tomic es uno de los grandes incovenientes del jugador. Su mismo progenitor le mandó salir de un partido en 2009 contra su compatriota Marinko Matosevic, lo que le acarreó una sanción de un mes sin jugar. Con Lleyton Hewit la relación también se deterioró por un presunto despreció a la hora de entrenar con el ex número 1. Y fuera de las pistas, sus excesos de velocidad ya le han costado más de algún problema con la policía australiana.

Tomic y Hewitt tuvieron sus más y sus menos

Con todo ello, la progresión de Tomic en el circuito es toda una incógnita. Talento tiene, pero la inmadurez que ha demostrado y un entorno no muy aconsejable le hacen ser un misterio para el futuro a pesar de sus 19 años.

Un caso diferente es el de la otra gran promesa del futuro, Grigor Dimitrov. El búlgaro levanta una enorme expectación allá por donde va debido a su enorme clase. Con un gran saque y un revés a una mano elegante y fino, son ya muchos los que le comparan con Roger Federer.

Sin embargo, a sus 21 años empieza a parecerse al tren que parece que viene pero nunca llega. Su irregularidad empieza a convertirse en una mala costumbre muy habitual. Este año con los octavos de final de Miami (derrotando a Tomas Berdych) parecía empezar su camino hacia los puestos más altos del ranking. Una falsa alarma para un tenista que aún ha sido incapaz de hacer final en algún torneo.

El revés de Dimitrov es parecido al de Federer. Foto:telegraph.co.uk

Su problema básicamente se centra también en el aspecto mental. Además, de ser sancionado en su día por atacar a un juez de línea, sus lagunas en varios momentos del partido le desconectan del juego y le hacen ser un tenista incosistente e intermitente. Quizás, de ahí venga su gran paralelismo con el suizo, al que tanto se acogen sus seguidores.

Federer en sus primeros años de carrera también prometía mucho, pero su fuerte carácter e irregularidad le hacían que no despuntara todo lo que merecía de acuerdo a su enorme talento. Claro que, a pesar de ello, fue capaz de llevarse sus primeros cuatro títulos de su carrera, algo a lo que Dimitrov ni siquiera aspira en la actualidad.

Muchos casos similares

Tanto Tomic como Dimitrov deben trabajar mucho si no quieren verse en el espejo de Ernests Gulbis. El letón, con 24 años, estaba llamado a ocupar un lugar predominante en el circuito. Dotado de un enorme saque y una derecha espectacular, es el típico caso de talento perdido por una mala gestión. Un hombre capaz de lo mejor y de lo peor. Quizás, su descendencia de padres multimillonarios le haya llevado a vivir el tenis de una forma un tanto secundaria.

Gulbis sorprendió en 2008 al llegar a cuartos de Roland Garros

Con 20 años, sorprendió al mundo al llegar a cuartos de final de Roland Garros. Sólo Novak Djokovic pudo frenarlo. Capaz de derrotar al mismo serbio, o incluso a Roger Federer, sin embargo en su carrera sólo se dibujan dos torneos menores: Delray Beach y Los Angeles.

Y es que en la actualidad, Gulbis ha pasado a ser un hombre muy irregular con algunos días brillantes, lo que le hace ganar a cualquiera cuando la luz de su cabeza está iluminada.

Marcos Baghdatis es otro caso similar al letón. El chipriota con 20 años asombró al mundo llegando a la final del Abierto de Australia y anunciando la llegada de un nuevo talento. Algo que confirmaría meses después con las semifinales de Wimbledon. Un espejismo para un hombre que pese a su enorme potencial sólo ha podido hacerse con cuatro torneos menores y que hoy en día vaga por encima de los 40 mejores tenistas del mundo.

Y que decir de Donald Young, que se presentó en el circuito con la vitola de ser ser uno de haber sido el mejor junior del momento ( con los títulos de Wimbledon y Australia) y en la actualidad, a sus 23 años, ostenta el récord de haber caído en 17 partidos consecutivos, tercera peor marca de la era moderna del tenis.

Años atrás, el español Julián Alonso se asomaba al circuito con un potencial increíble que le valieron para conquistar antes de cumplir los 20 años dos títulos ATP (Bolonia y Santiago). Su gran saque y potente juego de fondo de pista nada hacían presagiar que sólo cinco años después acabaría colgando la raqueta en la más absoluta de las indiferencias.

Ejemplos como el de estos tenistas han habido muchos y haría falta una lista casi interminable para nombrarlos a todos.

Otros ya despuntan a esas edades

El caso de Dimitrov, 21 años, y en menor medida de Tomic, muy cerca de los 20, sin embargo no son extrapolables a otros muchos tenistas. Milos Raonic es el caso contrario y que pone de relieve que quién va a triunfar en el tenis, lo suele hacer desde bien pronto, salvo contadas excepciones.

Raonic ya ha despegado con 21 años. Foto: zimbio.com

El canadiense, con también 21 años, ya ha sido capaz de levantar tres títulos e ingresar en el selecto club de los 15 mejores. Y que decir de cuatro de los ocho mejores del mundo, que a esas edades ya eran más que promesas, auténticas realidades.

Rafa Nadal a los 19 años ya había levantado un Roland Garros y se dirigía al número 2 del mundo de forma inexorable. Novak Djokovic, a esa misma edad también era integrante del Top 10 y campeón de Miami, caso similar al de Andy Murray. Incluso Juan Martín del Potro, con 20 cumplidos, ya había ganado el US Open. Eso, sin contar a Hewitt, número 1 del mundo con 20 años.

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