Los pasabolas en el mundo del tenis

Muchos jugadores prefieren una táctica defensiva y conservadora a la hora de enfocar un partido de tenis

En los últimos años se viene acuñando en las tertulias y debates tenísticos el termino “pasabolas” o “pasabolismo” para referirse a aquellos jugadores que hacen del intercambio de golpes y la constancia en el fondo de pista una virtud.

Aunque en realidad la expresión es incorrecta, pues cualquier jugador profesional juega con una intensidad lo suficientemente alta como para no considerar que únicamente “pasa bolas” al otro lado de la red, lo cierto es que estas palabras no hacen más que definir a aquella táctica defensiva utilizada por algunos tenistas que buscan minimizar los errores forzados y basar en la paciencia y el error del rival, parte de su estrategia.

En la actualidad, muchos son los jugadores que suelen utilizar sistemas de juego basados en el “top spin”. Un tipo de efecto que provoca que la pelota salga más alta y bote más, pero que por contra viaje más despacio. Se trata de un estilo muy propio de pistas de tierra batida que cada vez más se está exportando a las superficies duras.

La principal consecuencia de todo ello es que los puntos son más largos y trabajados. Al contrario que el golpe plano, el efecto liftado no busca ganar el punto a las primeras de cambio, sino más bien ir madurando al rival. Además, es un golpe perfecto en defensa, ya que permite al tenista que ha sido desplazado recuperar su posición.

El “top spin” es muy utilizado en países de gran tradición en superficies lentas. Así, España o Argentina pueden ser considerados la cuna de este efecto liftado. Sin embargo, en otros muchos lugares, este tipo de juego puede llegar a ser incluso hasta mal visto.

Los ejemplos más claros los tenemos en ciudades como Nueva York o Londres. En Estados Unidos, las superficies rápidas son las que gozan del mayor favor del público. La gente que acude a las pistas desea ver intercambios cortos e intensos que acaban con un “winner” espectacular. Incluso, los saques directos pueden llegar a ofrecer más atracción que un peloteo de 30 golpes.

En Wimbledon, la cosa es parecida. El juego especulativo es generalmente rechazado en unas pistas que tradicionalmente están acostumbrados a observar saques y voleas como norma. Sólo la aparición en los últimos años de un jugador defensivo como el escocés Andy Murray parece estar mitigando ese deseo por el juego agresivo.

Murray es otro representante del "pasabolismo" Foto: telegraph.co.uk

Y que decir de París. Cansados de los largos partidos, especialmente cuando juegan españoles o argentinos, han llegado a abuchear aquellas actitudes conservadoras y defensivas en relación al juego de fondo de pista.

En parte, la actitud de estas ciudades es comprensible. Cuando los aficionados acuden a ver un encuentro, lo que desean es ver un buen espectáculo donde la variedad sea lo más amplia posible y el partido se haga divertido. Un maratón de más de tres o cuatro horas (como suele ocurrir en Roland Garros) con intercambios interminables pueden llegar a convertirse en una tortura y acabar por desear que el duelo acabe lo antes posible. Y ni que decir tiene, si se sigue por televisión. Lo más probable es que el espectador acabe cambiando de canal.

Sin embargo y en contrapartida, la actitud y estrategia de los jugadores que utilizan estos sistemas es muy loable. Cada uno utiliza el sistema que más cree conveniente y que le puede reportar más ventaja con independencia de si su estilo resulta atractivo o no para el espectador.

Además, hay un hecho que está favoreciendo a incrementar esta tendencia de “pasabolismo” en los últimos años: la ralentización de las pistas. Tras venir de unas épocas de predominio de superficies rápidas y en especial de grandes sacadores, los tiempos están cambiando. Desde hace muchos años ya no interesa ver a jugadores como eran Goran Ivanisevic, Richard Krajicek, Mark Philippoussis o Greg Rusedki meter “ace” tras “ace” y cerrar los juegos en menos de un minuto. Cada vez se saca mejor y ello obliga a los organizadores de los torneos a tener que buscar pistas más lentas, lo que provoca en parte la proliferación de jugadores que utilicen el juego liftado.

Críticas a españoles y argentinos

La aparición en los últimos 15 años de muchos jugadores españoles y argentinos en el Top 100 que tienen como característica más común el “top spin” les ha llevado a ser objeto de muchas críticas. En ese sentido, Rafa Nadal se ha llevado la palma. Su pronunciado efecto liftado que otorga a la pelota lo convierte en prototipo del jugador “pasabolas” por excelencia.

Sin embargo, considerar al balear un jugador que pasa únicamente bolas puede resultar erróneo. Primero, porque ha sido capaz de vencer en todo tipo de pistas (rápidas y lentas) cosa que para un simple “pasabolas” sería complicado, y segundo, porque cuando Nadal juega en tierra batida, es él quién domina los puntos con su drive en la mayoría de ocasiones.

De hecho, es conocido por todos el castigo al revés que Nadal suele proporcionar con su derecha liftada. Y eso sólo es posible, si se lleva la iniciativa. En ese sentido, cabe diferenciar entre un jugador que tiene un golpe definitivo (tipo Federer o Tsonga) y un jugador que necesita varios golpes para ganar el punto (caso Nadal o Ferrer). Pero no por ello, uno es más defensivo que otro. Incluso, el propio tenista manacorí ha renocido que sin jugar agresivo es “prácticamente imposible” ganar torneos en pista rápida.

Las críticas a Nadal se suelen extender al resto de tenistas españoles. David Ferrer, Pablo Andújar o Albert Ramos son otros hombres blanco de las iras. Sólo Feliciano López y en menor medida, Fernando Verdasco parecen escapar de esa tendencia.

Tampoco los argentinos están bien vistos en este sentido Juan Ignacio Chela, Gastón Gaudio, Guillermo Coria, Carlos Berlocq y otros tantos más, han portado durante mucho tiempo la etiqueta de “pasabolismo”. Tal vez, David Nalbandian y, más recientemente Juan Martín Del Potro, hayan lavado esa imagen de jugadores defensivos otorgado.

Lo cierto es que no sólo españoles y sudamericanos (en especial argentinos) han demostrado sus capacidades para el “top spin”. En un país con escasa utilización de ese efecto como los Estados Unidos surgió un fenómeno llamado Michael Chang que acababa desquiciando a sus rivales por su juego alto, al que además añadía poca fuerza.

Su partido de semifinales de Roland Garros 1995 contra Sergi Bruguera es un manual de como jugarle a un rival sin peso y muy alto, hasta acabar volviéndolo literalmente loco. Por no hablar de su mítico duelo en el mismo torneo parisino de 1989 contra Ivan Lendl, donde le remontó dos sets abajo al ex número 1 a base de bolas altas. Curioso el caso de Chang, que también demostraba saber utilizar el juego agresivo cuando la ocasión lo requería.

En la misma Francia, el “pasabolismo” también ha tenido presencia. Gael Monfils y Gilles Simon protagonizaron en el Open de Australia de 2009 un partido con tan poca intensidad que acabó por aburrir a los cámaras de televisión.

Conclusión

El “pasabolismo” o juego conservador no es más que una táctica lícita y legal de un jugador a adoptar en un momento determinado. A pesar de que no es la fórmula más vistosa para el espectador, sí que resulta de interés para determinados jugadores que no disponen de otras armas más que la paciencia y la consistencia para hacer daño.

Además, la lentitud de las actuales pistas rápidas están llevando a que cada vez más partidos se lleven por esos derroteros.

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