La WTA busca fans en el lugar inadecuado

Relanza la campaña 'Strong is Beautiful' con sus estrellas junto a otros rostros famosos; analizamos su error al hacerlo

McIlroy y Wozniacki en la campaña 'Strong is Beautiful'. Vía: twitter.com
McIlroy y Wozniacki en la campaña 'Strong is Beautiful'. Vía: twitter.com

La WTA ha lanzado hoy de nuevo su campaña “Strong is beautiful”, a través de la que busca un mayor impulso y seguimiento del circuito de tenis femenino; para ello han contado con las grandes figuras del tenis femenino mundial, desde Serena Williams o Maria Sharapova hasta Victoria Azarenka o Na Li, pasando por Petra Kvitova o Agnieszka Radwanska, que además han encontrado el apoyo de rostros famosos como el empresario Donald Trump, la actriz Susan Sarandon o la cantante Aretha Franklin entre otros.

Ya es costumbre que un par de veces por temporada, la Asociación de Mujeres Tenistas haga publica una ‘mágica’ campaña que conseguirá enamorar a miles de personas en todo el mundo y pasarse así a ver tenis femenino. El lema “Strong is beautiful”, esta vez se repite. Entonces, las tenistas en el top20 salían disfrazadas de guerreras aunque con un toque picante, que sonó más por el ‘beautiful’ que por el ‘strong’. Ahora, una campaña más tranquila en la que los propios protagonistas interaccionan con el lema, llevándolo pintado en la piel o sujetando una pizarra donde éste queda claro.

Si me permiten pasar rápido del campo de lo informativo al de lo opinable les diré que esto en mi opinión son ‘tonterías’ y oportunidades perdidas. ¿Necesita el tenis femenino atraer más público? Sí. ¿Son estas campañas, que viene desarrollando la WTA desde que Stacey Allaster cogiera el mando, las que lo consigan? Pues no.

¿Alguien cree de verdad que por este tipo de campañas publicitarias se ganan aficionados? ¿En serio?Quizás esto pase más por hacer valorar el circuito como tal y no la belleza o la fuerza de sus protagonistas. Quizás sería una mucho mejor estrategia tener por fin un circuito WTA Challenger, como la ATP, con muchos torneos disgregados por todo el mundo que acerquen el tenis femenino. O quizás una televisión oficial de la WTA que acerque constantemente el tenis femenino en todas sus dimensiones y variedades. El tenis femenino no se puede quejar entre los deportes femeninos, pues se encuentra de largo entre los que tienen mejor repercusión, pero las cosas se podrían hacer mejor.

¿Cuánto habrán cobrado Donald Trump o Susan Sarandon por tomar parte en esta campaña? ¿Realmente son seguidores del circuito femenino o han posado igual que lo habrían hecho en una cena de gala o en un calendario de cualquier multinacional? Desde luego, la WTA no está creciendo como debiera. La estrategia de extenderse por Asia y África no está dando resultado y, sin que se pueda hacer un estudio exacto ni preciso, nadie duda de que el tenis femenino no cautiva ni de lejos lo que lo hacía 15 años atrás. Por tanto, el potencial es evidente, simplemente algo falla. La WTA busca soluciones, pero no las encuentra y se precipita si opta por caminos como el que marca ‘Strong is Beautiful.

No soy publicista ni experto en marketing, pero me gusta el tenis femenino. Lo sigo. Soy aficionado a la WTA. Disfruto viendo a pie de pista cómo dos mujeres luchan por hacerse con cada punto. Me gusta con sus diferencias y semejanzas con el masculino. Entonces me preguntó, ¿y yo por qué sigo el circuito femenino? Si ustedes también lo siguen, cuéntenme por qué; cuál es la extraña razón por la que se interesan por el tenis femenino.

Recuerdo que desde un principio me llamó la atención este deporte; me gustaba ver a mi familia reunida, siendo yo el pequeño de 4 hermanos, frente a un televisor animando sin parar a unos españoles que pretendían hacerse con la primera Copa Davis. Ahí, en esas emociones contagiosas, nacía mi pasión por el tenis. Esta pasión también me venía de esa ilusionante semana de tenis de El Espinar, torneo ATP Challenger que se disputa a apenas 30 minutos de mi casa, donde veía a tenistas profesionales, con sus entrenadores, sus árbitros, sus fisios y sus raquetas. Era un espectáculo. Ahí mi pasión por el tenis fue madurando; ya no eran lejanas figuras que jugaban dentro de la pantalla, sino personas de carne y hueso. Ejemplos que no pegaban a la bola de una manera normal; eso iba mucho más rápido de lo que por la televisión jamás hubiera imaginado.

Hasta aquí mi interés inicial por el tenis. Tras mucho tiempo siguiendo el circuito masculino, tuve la bendita casualidad de toparme con un Grand Slam emitido en abierto por la Televisión Pública, en mi casa nunca hemos sido suficientemente televisivos como para contratar más canales. Era Roland Garros. Yo venía ilusionado del colegio, tras un día entero pensando en lo que me daría de sí la tarde, para ver tenis. Un partido. Y otro. Y otro. Y otro. Me contaban la historia del partido. Quién era ésta. Y quién aquélla. Pero sobre todo quiénes eran aquéllos, dónde estaban y qué se jugaban. Aquél brillante Roland Garros 2008, una española llamada Carla Suárez llegó desde la previa hasta los cuartos de final; de no entrar entre las 100 y pico mejores a luchar entre las 8 supervivientes a esas alturas de torneo; sentía que el sueño de aquélla chica era como el mío. Estaba nerviosa, pero no iba a desaprovechar la oportunidad de ir pasando rondas. Tampoco Anabel Medina que llegó hasta la tercera. Eran pequeños hitos, pero ver sus caras tras ganar partidos no tenía precio.

En este torneo de 2008 se germinó todo. Después seguí indagando más sobre Carla, Anabel y todas las demás. Ya me había picado la curiosidad, y una vez que empiezas a ver tenis femenino en serio ya no puedes parar. Conoces sus estilos, y te llevas sorpresas y decepciones, alegrías y confirmaciones de lo que aventurabas lo que te hace pensar que ya sabes más. El tenis es un deporte que engancha y por eso ocupa el lugar que ocupa a nivel mundial, estando entre los 3 o 4 deportes más seguidos en todos los países del mundo, prácticamente sin excepciones.

Por lo tanto, y perdonen la historia personal, yo me convertí en aficionado a la WTA por tener cerca torneos de tenis, por verlo por la televisión, por la afición de mis padres, por las ilusiones que me contagiaban mis compatriotas… y ahí está la verdadera clave de cómo conseguir más aficionados. No se tiene que vender el físico de las tenistas. Ni hacer campañas preciosas pero de las que sólo nos enteramos los que ya seguimos el circuito. La solución de verdad pasa por acercar el tenis a todos, empezando por los más pequeños. Para eso se necesita que la cobertura de los torneos WTA y de los Grand Slam femeninos sea mucha, se necesita la implicación de los medios de comunicación, se necesita la ayuda de los clubes de tenis y de las pequeñas federaciones de todos los lugares del mundo, se necesita que haya más torneos y en más lugares, y se necesita un tenis universal, donde cada país tenga una digna representante que recoja sus ilusiones y que les pueda juntar ante el televisor por alcanzar sus objetivos.

Así sí se construirá más tenis femenino. ‘Strong is beautiful’ está bien, pero yo me quedaría con un ‘Enjoy women’s tennis. Fall for and feel that emotion’. Pero esto no necesita campaña ni a Susan Sarandon o Aretha Franklin, basta con unos clubes comprometidos, una afición ilusionada, unas tenistas luchadoras y unos torneos generosos. Quizás sea mucho pedir. Quizás sea la única solución.

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