Dobles y Juegos Olímpicos: amigos íntimos

Las grandes figuras individuales se reencuentran con el dobles con la llegada de los Juegos Olímpicos

Federer y Wawrinka tras conquistar el oro en Pekín. Fuente: lainformacion.com
Federer y Wawrinka tras conquistar el oro en Pekín. Fuente: lainformacion.com

Los Juegos Olímpicos de Londres ofrecen una oportunidad irrechazable para que los mejores jugadores del universo compitan en el cuadro de dobles, tan relegado durante el resto de la temporada como sustancial durante la próxima semana, para intentar pelear por las medallas que abren la puerta de la eternidad cada cuatro años. Unidos a compatriotas con los que habitualmente no han aliado sudores, las primeras espadas de la clasificación se preparan para arañar cualquier opción de gloria ofrecida sobre la inmaculada hierba de Wimbledon.

El suizo Federer, que defiende la medalla de oro lograda en Pekín junto a Wawrinka pese a ser el número 1272 de la clasificación de dobles, suma 198 partidos en su carrera y 8 títulos, casi todos logrados entre 2001 y 2003 durante los primeros años del suizo en la élite. El español Rafael Nadal, que ha disputado 157 partidos en la modalidad por parejas en toda su carrera, juega unas cinco o seis semanas al año, casi todas con Marc López, y con el único objetivo de preparar una gira o un cambio de superficie. Su capacidad competitiva, sin embargo, está fuera de todo debate. En 2012, sin ir más lejos, sumó en Indian Wells el segundo Masters 1000 de su currículo en equipo. El serbio Djokovic, que tan solo ha jugado 75 partidos y solo ha sumado un título acompañado por otro tenista, es el último ejemplo de una generación de históricos ganadores apartados de compartir las emociones de ganar en equipo.

La realidad es indiscutible. Mientras que McEnroe (633 partidos disputados por parejas), Kafelnikov (571), Edberg (436), Wilander (295) o Connors (252) compaginaron con rutilante éxito ambas modalidades en el pasado, Federer, Djokovic o Nadal son incapaces de hacerlo en el presente. Tampoco la mayoría de los veinte primeros jugadores del mundo. El austriaco Melzer (25 del mundo en individuales y 18 en dobles) es el primer tenista de la clasificación que equilibra esfuerzos para competir en ambas modalidades. Solo cuatro hombres, Granollers (37 en individuales y 19 en dobles), Verdasco (16 en individuales y 35 en dobles), Petzschner (92 en individuales y 17 en dobles) o Dodig (95 en individuales y en 37 en dobles) forman parte de los cien mejores en las dos clasificaciones. Una gesta en los tiempos actuales.

Es impensable ver a alguno de los cinco mejores competir en el cuadro de dobles en uno de los cuatro torneos del Grand Slam y casi imposible a uno de los diez mejores jugadores del universo. La exigencia del calendario impide que los rostros de primera línea de batalla inviertan energías en algo que no sea la competición individual. A diferencia de años pretéritos, donde era habitual ver a jugadores levantar torneos mayores en solitario y acompañados sin las distinciones contemporáneas, la generación actual no concibe la competición por parejas de otra forma que no sea una preparación. Una aclimatación para afrontar objetivos soledad.

En Londres todo es distinto. Los cuatro primeros cabezas de serie del cuadro individual no quieren cerrar los ojos ante la suculenta ocasión. Federer forma pareja con Wawrinka, Djokovic lo hace con Troicki, Murray con su hermano Jamie y Ferrer con Feliciano López. El resto de jugadores de la clasificación se agrupan como pueden para pelear contra los especialistas de la modalidad, los que compiten únicamente en dobles en todos los torneos, separados en los Juegos Olímpicos por la lógica norma que obliga a los tenistas a competir. Solo los hermanos Bryan, primeros favoritos para ganar la competición olímpica, podrán reunir fuerzas de la misma forma que lo hacen durante el resto del año.

Ya lucen los anillos olímpicos sobre el verde tartán londinense. Ya se levantan las lonas con tonos malvas al fondo de las pistas. Ya ha comenzado el desfile de colores sobre las pistas más antiguas del mundo. Ya se juega a tenis en Wimbledon, tres semanas después de que el tercer Grand Slam de la temporada proclamase a Federer campeón por séptima vez. La llama que desde ayer alumbra Londres ha abierto la puerta de la eternidad. Nadie quiere dejar pasar la oportunidad de formar parte de la historia. En Londres, en las entrañas de Wimbledon, se batalla por los metales más preciosos del planeta.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes