Federer número 1: Rey de Reyes

Derrota a Djokovic en la semifinal de Wimbledon y roza la leyenda del número 1 y el 7º título

Es el rostro de la victoria el que brilla bajo la cubierta de la pista central de Wimbledon. Es la sonrisa del ganador la que contrasta con la amargura del derrotado. Es la magia de una raqueta legendaria la que vuelve a escribir un capítulo eterno, de esos que permanecen vivos entre generaciones y vuelan por el tiempo protegidos eternamente. Son, finalmente, las palmas del graderío las que anuncian que Roger Federer, seis veces campeón en el templo de la hierba, acaba de derrotar a Novak Djokovic (6-3, 3-6, 6-4, 6-3) alcanzado la primera final de un torneo grande por primera vez desde Roland Garros 2010 y convirtiéndose en el jugador con más finales en Wimbledon (8) y más finales en torneos del Grand Slam (24). El suizo, además, queda a una sola victoria de cumplir un objetivo prioritario: si en la final del próximo domingo vence al ganador de la semifinal entre Murray y Tsonga, volverá al número uno del mundo y arrebatará a Sampras la marca de 286 semanas en el escalón más alto de la clasificación mundial.

Federer ruge tras un winner. Foto:twitter.com

Entre las miradas de las leyendas presentes en el palco presidencial del torneo arranca la batalla. Bajo techo se compite por la final. Bajo techo se resta mejor, según Djokovic. Bajo techo Federer es intocable, parece olvidar el serbio que los números del suizo en pista indoor son formidables. Bajo techo todo ocurre muy rápido. La primera manga se disputa en 24 minutos y la segunda en 28. El partido se juega a la velocidad de la luz, exactamente cómo quiere Federer. A Djokovic le falta entrar en calor. Necesita ritmo para encender el alma del guerrero. Requiere que el partido se discuta en intercambios largos, en puntos peleados desde el fondo de la pista donde sabe que presupone superior, y no a zarpazos porque ahí, en las distancias cortas, el suizo es mejor, más rápido y más definitivo.

Techo sobre Wimbledon en la semifinal Federer - Djokovic. Foto:twitter.com

Entonces, todo vuelve a empezar. La semifinal no ha descontado una hora al reloj y cada jugador tiene de su lado un parcial. Es un partido nuevo, con un mundo por delante. Por eso, el tercer set es el que lo decide todo. El tercer set es el corazón de la semifinal. El tercer set es una obra de arte donde se juega con el olfato de los campeones. Allí se encuentra el mejor Djokovic y el mejor Federer. Allí se rompen las hojas de ruta. Allí se disparan balines desde atrás, como lleva buscando el serbio desde el comienzo del encuentro. Allí, sin embargo, también es mejor el número tres, que piensa un segundo más rápido y, en consecuencia, actúa antes.
El partido depende de Federer. Por su raqueta pasa el primer finalista de Wimbledon. Por sus manos corren los aciertos y los errores. Sus 30 años no son una barrera en ningún momento porque su tenis sigue siendo celestial, inalcanzable para todos cuando mente y cuerpo trabajan en sintonía. Sin hacer un mal partido, Djokovic no es rival para el suizo sobre pasto porque, pesados en una balanza, Federer es mejor. No hay otro análisis más certero.
Entre el final de la tercera manga y el inicio de la cuarta, el suizo gana 21 puntos de los últimos 30 disputados. Así escribe la sentencia de la semifinal. Así compone un camino perfecto hasta su octava final en Wimbledon, la primera desde 2009. Así descose a Djokovic, que arranca con una cadena de errores en el último set y naufraga de lado a lado por la pista, sin saber cómo frenar esa oda al juego de ataque. Incapaz de paliar los tiros que van arañando sus piernas para terminar arrasando su mente.
Federer, grandioso al servicio, gana el 72% de los puntos disputados con segundo saque por el 57% de su rival. Resta mejor, convirtiendo tan solo un 11% de puntos de rotura, lo que es suficiente para cerrar el partido. Federer firma un espectacular balance de 31 golpes ganadores y 10 errores no forzados por los 28 aciertos y 21 fallos de Djokovic. Federer, en definitiva, tiene un abanico de recursos más amplios para triunfar en hierba que el serbio, que acaba perdiendo el partido, la posibilidad de defender la corona y la de proteger el número uno del mundo, envuelto por una calma aparente. Sin excusas, sin gestos ni raquetas rotas.
Como hace semanas en Roland Garros frente a Nadal, el mejor jugador del planeta sobre tierra batida, el serbio cede en Wimbledon ante Federer, el mejor históricamente sobre hierba evidenciando que 2011 no es no 2012, que ha perdido ese halo sagrado que le rodeaba haciéndole imbatible y que su condición de número uno, ahora en manos del tenista de Basilea, no es tan evidente.
El jugador suizo, un tenista de leyenda, está a un paso de volver a ganar un Grand Slam. Sin importar el rival, el domingo es favorito para igualar a Sampras y Renshaw con siete coronas en Wimbledon. Tras superar difíciles momentos, Federer se encuentra en el mejor momento de los últimos años durante la época más importante del curso olímpico. Recordando aquella imagen del jugador inmejorable que gobernó el circuito durante varias temporadas llega el tenista de Basilea a la cima de sus objetivos. Roger, sin embargo, también tiene miedos. “Jugaré con la presión de poder volver a ser el número uno del mundo”, dijo tras acabar con Djokovic.

Djokovic adios Wimbledon. Foto:twitter.com

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