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Los detalles que hacen de Wimbledon un torneo único y especial

Operarios de Wimbledon ultimando detalles. Fuente: twitter.com
Operarios de Wimbledon ultimando detalles. Fuente: twitter.com

Por sus tenistas y por sus torneos, por su historia y por su elegancia, por sus silencios y por sus aplausos. El tenis es esfuerzo y es clase; Wimbledon, catedral del tenis, lugar de encuentro de este deporte con su historia es su mayor baluarte y en sólo unos días vuelve la acción a este All England Lawn Tennis & Croquet Club. Cual catedral en Wimbledon también una pista de tenis es llevada a su máxima expresión, a ese extremo que distingue lo cotidiano de lo único. Una catedral construida para reunir las emociones de este deporte en un sólo lugar, en busca de su extremo y excelencia.

Este deporte basado en dos raquetas, cuatro muñecas, una red y una pelota es mágico. Y lo es precisamente por lugares como Wimbledon. Empieza el año teñido de azul, para poco a poco impregnarse del rojizo de la tierra que dará paso atropelladamente al verde de la hierba, que dejará sitio después a los azules americanos que terminarán bajo techo con pistas lucientes, siempre con el amarillo-sol de sus bolas. Los colores, el alma que esconde cada uno de ellos, son la estrella del tenis; y Wimbledon (verde, blanco y púrpura), como sus tres grandes compañeros, son la guinda. Un deporte que exige y ofrece durante todo el año a partes iguales pero que tiene en ocho semanas cada temporada condesada su esencia y su historia. Roland Garros cede una vez más el testigo a Wimbledon. Torneo único, histórico, glamuroso, especial… es Wimbledon.

‘Wimbly’, diferente al resto, incluso a los otros tres Grand Slam, tiene sus peculiaridades, aquellas que le enriquecen y la dan personalidad propia. Por eso es bonito, me gusta que Wimbledon sea puro tenis. Que no sea sólo diferente por disputarse sobre hierba, sino que lo sea porque en esas pistas, en ese pequeño e histórico club, se valora el tenis en su más pura esencia.

Nombran a sus propios cabezas de serie, aunque este año en categoría femenina se haya decidido no hacer; una muestra de realidad que me parece un gran acierto, ¿alguien entiende que Venus Williams o Kim Clijsters no sean cabezas de serie? El tenis es un deporte de calendario y de continuidad pero hay figuras que traspasan los rankings y a mi juicio es totalmente acertado tener en cuenta esto, además del rendimiento sobre hierba que es clave. Otros torneos quieren tener a los 8 mejores tenistas del ranking en sus cuartos de final pero Wimbledon es de esos torneos que crean a las 8 mejores sin necesidad de desearlos. El domingo 8 de junio uno no verá un Nadal-Federer, ejemplo de final, sino que verá como tal ‘la final de Wimbledon’. Los campeones hacen historia pero al final es el torneo el que queda perenne en la memoria de todos preparándose para refrescarnos la memoria cada año.

Otro ejemplo de la grandeza de Wimbledon son sus invitaciones. Sin duda alguna es el torneo que utiliza más imparcial y meritocráticamente sus wild cards.; y que merced a estos detalles se convierte en referencia. Es precioso saber que los directores de Wimbledon están pendientes de los tenistas, de sus resultados, saber que si brillas puedes ser tú el afortunado, que ponen al tenis por encima de los nombres, la raza, el idioma y la nacionalidad. Las sonrisas de Virginie Razzano, Yaroslava Shvedova o Melanie Oudin cuando conocieron que les había sido otorgada una invitación para el cuadro principal no tiene parangón, es la invitación con sentido; son esos detalles que hacen de Wimbledon un torneo histórico y diferente, universal y querido, ejemplo a seguir.

No obstante es bien cierto que es el mismo Wimbledon y sus directores quienes generan su propio producto, al disputarse sobre hierba y haber tan poco tiempo para aclimatarse todos los grandes tenistas están, desde más de 5 días antes de su debut en sus pistas, entrenando, mejorando. La previa llena toda la semana de antes, la competición se prolonga por ello tres semanas; pero ésta se disputa en un lugar ajeno a las pistas del All England Club, es el premio de pasar la qualy: verdaderamente dar el paso de entrar a Wimbledon, un esfuerzo que hacen 256 tenistas (128 por sexo) y que sólo 16 por género consiguen. Una auténtica previa y cualificación que propiamente cualifica para obtener sólo a los mejores, no un ensayo del torneo.

El día de los cabezas de serie, la expectación el día del sorteo, los playoff donde decenas de tenistas británicos luchan por una WC, el inicio del campeón abriendo la central, el ‘Miss’ delante del nombre de cada jugadora en cada recuento, las fresas con nata y miel de los descansos, el saludo y posado del campeón trofeo en mano por el balcón del All England Lawn Tennis & Croquet Club, las gradas a rebosar, las colas infinitas desde la madrugada para hacerse con una entrada camino de una jornada soñada, las pantallas ajenas a las pistas rebosantes de espectadores que sólo buscan tomar parte de ese halo de magia, el ‘Middle Sunday’ que separa la primera semana de la segunda con un día de descanso sin partidos que distingue cual muralla a los profesionales del tenis de los magos de la raqueta, su silencio, sus paraguas y su característica lluvia, sus más de 100 personas pendientes de cada centímetro de hierba en todas y cada una de sus 19 pistas de competición, su ‘encargado mayor’ del césped (el jardinero más famoso del mundo) Eddie Seaward, su puro blanco para todo tenista y sus características boinas para los recogepelotas, sus puertas verdes de acceso a pista, el peculiar y británico vestuario de los jueces, el nombramiento de los campeones individuales del torneo como miembros del Club (de menos de medio millar), su atención constante para que nada falle… todo esto señoras y señores es Wimbledon y sólo Wimbledon. Y por ello tenis y sólo tenis, lo que le hace brillar como deporte delante de tantos otros.

Detalles y tradiciones que engrandecen.

Por todo ello me gusta el tenis y me gustan estos momentos, estas fechas distintas y únicas que sobresalen en el calendario de cualquier amante del tenis. Que lo disfruten, esto arranca.

Por ser único, por ser especial, por ser mágico... a mí me gusta Wimbly.

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