Diario de Roland Garros: Domingo 3 de Junio

Las emociones se aceleran en los octavos de final

PARIS-Una marea de hombres espera a la salida de la parada de metro más cercana a Roland Garros. Deambulan por las instalaciones del torneo formando grupos. Gesticulan nerviosos mientras otean el horizonte en busca de dos objetivos. Por un lado, identificar a las conscientes víctimas de su dulce atraco. Por el otro, huir del peligro representado en la figura de la autoridad mayor. Son los reventas de París. Los vendedores de las entradas soñadas a precio de oro. Se acercan y ofrecen entre susurros gradualmente elevados butacas en la pista central del segundo Grand Slam del año. Muchos espectadores caen en la trampa de pagar una cantidad descomunal por algo que difícilmente podrán conseguir de otro modo. ¡Hasta 400 euros! La organización de Roland Garros ha aumentado considerablemente las medidas para castigarles, pero sigue siendo una lucha perdida. El sendero que lleva desde Pont de Sèvres hasta el Bois de Boulogne es una pasarela de malas artes.

Djokovic ante Seppi en Roland Garros 2012. Foto:twitter.com

El segundo domingo marca el inicio de la carrera verdadera por la Copa de los Mosqueteros. La hora de la verdad. Y el torneo está repleto de gente, pese a ser un día poco agradable. Hay nubes, hace aire y una llovizna leve salpica los rostros de forma intermitente. Pero esto es Roland Garros y el público está al margen del clima. Las terrazas y las tiendas del interior de la catedral de la arcilla están llenas. Las calles y los bancos también. Los niños siguen persiguiendo a los jugadores para lograr la ansiada firma en una pelota gigante y, si la suerte está con ellos, una foto en posición inverosímil, pero igualmente válida para saciar la necesidad de un héroe. Todo sigue igual, sin importar si hace sol o llueve. Se respira tenis. Se siente la magia de un deporte cultivado en París desde tiempos inmemoriales.

Pasan cosas increíbles este primer domingo de junio. Entre las pistas anexas, el lugar en el que más gente se congrega, camina un matrimonio argentino con dos pancartas gritando con letras una oferta increíble. Renuncian a sus entradas de primera categoría en la pista central a cambio de unas para la Suzanne Lenglen, donde Del Potro juega con Berdych. Allí se juega el partido de la jornada, una guerra con el alma descubierta. Allí se citan dos trenes opuestos que acabaron apagados por la falta de luz. Y allí anhelan estar los creadores de esta peculiar idea. Han recorrido muchísimos kilómetros para ver a Juan Martín en la central ignorando la posibilidad de que su partido fuese en otra pista. Las entradas, claro, se compran con mucha antelación y es difícil de prever. La estrategia da resultado, justo antes de que arranque la jornada.

Nadal entrena a las doce y media, pero no está en las hojas informativas que pueblan la sala de prensa. Eso, claro, solo puede significar una cosa. El mallorquín ha vuelto a optar por marcharse del club para practicar a unos metros, en las pistas anexas del Bosque de Bolonia. El trayecto es corto, pero el paseo por el corazón del bosque es como respirar oxígeno puro. Hay cuatro pequeñas pistas adornadas con una única grada frontal que apenas está ocupada por treinta personas. Muchos de ellos son parte del equipo de los tenistas. Los otros son periodistas, que observan cada movimiento del número dos del mundo.

También los vigila otra persona. Àlex Corretja observa el entrenamiento de Nadal mirando de reojo a Granollers, que ocupa la pista contigua con Fernando Vicente. La intensidad de Marcel no es la más alta, sus maratonianos duelos previos aconsejan cuidar la armadura y ahorrar todos los kilómetros posibles porque mañana tendrá que jugar con Ferrer y eso no es ninguna broma. Al terminar, el capitán de Copa Davis bromea con Ivan Lendl, que acompaña a Andy Murray a su entrenamiento y se funde en un sincero abrazo con el escocés. El fin de su relación profesional no ha terminado con los lazos que unían ambos.

Corretja con Nadal en su entrenamiento hoy. Foto:twitter.com

Un rato después, Djokovic sufre ante Seppi y el restaurante de prensa ubicado en la pista Suzanne Lenglen se sorprende cuando el serbio pierde el primer set. Esa sensación de desconcierto se traslada al bar donde los periodistas esperan a Nadal para celebrar, un año más, su cumpleaños. Vuelan las cábalas y se empiezan a afilar las calculadoras mentales. ¿Podría el español recuperar el número uno del mundo en Wimbledon si Djokovic pierde con Seppi y Nadal gana el torneo? Es la pregunta que nace y queda encerrada para siempre en esas paredes cuando el serbio sobrevive por tercera vez en su carrera a dos mangas en contra.

Seppi amenazó a Djokovic

Mientras, en la otra pantalla, juegan Federer y Goffin. Hay bromas sobre el jovencísimo belga, que pronto deja claro que no piensa regalar nada. Gana el primer set y tiene opciones en el segundo, pero Federer desprende la misma sensación de los últimos meses: acelera cuando quiere. Con la primera manga perdida, aparece su versión de jugador inalcanzable. Al final, a David solo le queda la satisfacción de haber llegado tan lejos partiendo desde una posición poco ventajosa.

La última parada del día es en un sitio muy especial: el RG LAB2050. El lugar donde trabajan las manos que cuidan las raquetas de los tenistas. Prácticamente vacío, en un sofá aún está Xavi Segura, el encordador del equipo español de Copa Davis. Cuenta que Nadal siempre lleva seis raquetas y que las paga como todos los otros jugadores. También que David Ferrer ha tenido mala suerte de coincidir en esta generación de gigantes. Y reflexiona sobre la decisión de trasladar la Supercopa de España a Pekín. La conversación es una agradable ensalada de temas diversos, pero todos ellos interesantes.

Las últimas líneas de este diario se escriben desde la grada de prensa de la Philippe Chatrier, cuando la tarde ha empezado a caer. La melodía de fondo es maravillosa e invita a la reflexión pausada. Tsonga y Wawrinka son los intérpretes de una obra dulce y violenta: la bola contra las cuerdas. No hay más. Es el sonido del tenis. Es el sonido de Roland Garros. Es el sonido de París en el segundo domingo de competición. Es la guerra con raquetas.

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