Tenistas de tierra batida

De nuevo los tres primeros mandan en esta superficie a expensas de otras alternativas

La tierra batida ha comenzado en Monte Carlo. Foto:twitter.com

La tierra batida ha comenzado en Monte Carlo. Foto:twitter.com

 

Los diez primeros rostros del planeta afrontan la temporada de tierra batida sumidos en variaciones contra el reloj para conquistar un terreno marcado por circunstancias particulares y objetivos a corto plazo. 

Novak Djokovic. Líder a examen. El hambre voraz que corre por su cuerpo le ha llevado a terminar de aceptar aspectos básicos de la superficie para conquistar escenarios de primera línea. Una variación fundamental retratada como un abismo le ha abierto las puertas del cielo. Educar la mente para comprender, aceptar y ejecutar el significado completo de la palabra paciencia desbocó ordenadamente todo el potencial que guarda. Donde antes aparecía la precipitación de sucumbir a los impulsos, ahora habita la serenidad necesaria para sobrevivir a intercambios discutidos a fuego. Así, en 2011, se convirtió en el primer hombre capaz de batir a Nadal en dos finales consecutivas (Madrid y Roma) acaparando todas las miradas del planeta por ejecutar semejante empresa con una fina solvencia ignorada en otros enemigos del mallorquín. Desconocido el desenlace de una hipotética final en París contra el español, diversas voces apuestan porque una victoria del serbio en territorio sagrado sería una hemorragia difícil de frenar tras los golpes previos.

Si durante los compromisos de arcilla logra conjugar con idéntico resultado cuerpo y mente, el paso al frente habrá sido confirmado. Siendo un lobo sin límites, Novak necesita el triunfo para mantener una condición ganada con sangre. Su primer título en la élite fue alzado en la tierra batida de Amersfoort. El último sobre polvo de ladrillo en un terreno anteriormente conquistado (Roma). Sus ojos ya miran Monte Carlo como un nuevo lugar a invadir. 

Rafael Nadal. Máximo aspirante. No hay un jugador mejor preparado que el español para conquistar la gira de tierra batida al completo. La naturaleza de la superficie armoniza en celestial sintonía con sus aptitudes técnicas formando un conjunto casi invulnerable. En la tierra, Nadal encuentra todo lo que necesita para competir con aire en los pulmones. Todos los secretos del polvo de ladrillo Su historial sobre la superficie le retrata como el candidato eterno a ganar cualquier título disputado sobre un terreno que le ha visto crecer como persona y tenista. Considerado por muchos el mejor jugador de la historia sobre arcilla, Nadal suma un abrumador porcentaje de victorias (92,8%) reflejado en los 32 títulos que componen su currículo sobre tierra. Seis coronas en Roland Garros elevan su figura hacia terrenos empíreos que le igualan con Björn Borg como autor de una proeza que tardará años en volver a ser repetida. 

Es el jugador que más puntos defiende en el alma de la temporada. Sin embargo, algo más importante que la clasificación vuela por el aire de la primavera. La urgencia de recuperar en la tierra toda la confianza posible para afrontar el resto de la temporada es capital. Un terreno acostumbrado a verle revivir aguarda un nuevo episodio que le coloque de nuevo en el camino que siguió en 2010. Algo está claro. Una ocasión realizable aparece en 2012 ante el mallorquín: nadie en la historia del deporte ha ganado siete veces bajo la maravillosa mirada de la Torre Eiffel. 

Roger Federer. Poder es querer. Hasta doce finales ha perdido el número tres del mundo sobre la rojiza superficie. Cuatro de ellas permanecen clavadas como dagas en su corazón suizo (Roland Garros). La condena de coincidir con Nadal a lo largo de una época de dominio irrebatible le ha forzado a inclinar la rodilla hasta en diez partidos que decidían al ganador del torneo, logrando salir con vida en dos duelos (Hamburgo 2007 y Madrid 2009). Su tesón por cerrar el círculo de torneos del Grand Slam, huyendo de los fantasmas que torturaron a otras leyendas incapaces de conquistar un terreno demasiado especial, le ayudó a aprovechar la oportunidad presentada en 2009, cuando Nadal cedió en los octavos de final de la competición contra Soderling, ganando el único torneo mayor que ha alzado una sola ocasión. 

La renuncia a jugar Monte Carlo en 2012 es una incógnita repetida en el tiempo. Si logra canalizar esfuerzos para preparar  a conciencia el resto de citas del calendario sobre arcilla, será un éxito. Su peligro en duelos a tres mangas es tan evidente como reflejan los resultados logrados este mismo curso. Aspirar a ganar en París no debería ser un objetivo quimérico, pese a la intensidad que marcan las dos semanas de competición y el desgaste impuesto por los cinco sets de un torneo grande. Defiende la final alcanzada en 2011. Su talento no es un tema elegido para debatir. Y cuenta con un arma que no se aprende: la experiencia de llevar una década en la élite.

Andy Murray. Insuficiente para brillar. El escocés jamás ha alcanzado una final sobre tierra batida, siendo el único de los jugadores entre los cuatro mejores del planeta sin un título sobre la lenta superficie. Además, es el suelo que menos partidos le ha visto ganar (40) y el segundo en el que más derrotas suma (27). La dificultad para adaptar desde otras pistas un estilo donde el escudo brilla por encima de la espada no debería ser tan grande como muestra la puesta en escena. Firmando actuaciones a destellos explicadas desde el talento de los campeones, Murray jamás ha logrado una obra sobre arcilla que merezca ser recordada. 

No parece probable contemplarle más allá de unas teóricas semifinales en las próximos torneos. La distancia con los tres tenistas de arriba es amplia. Interesante puede ser comprobar cómo ha influido el mensaje de Lendl sobre su actitud con la tierra batida. En Australia no tuvo tiempo suficiente para fabricar un discurso lo suficientemente motivador. Ahora, cuando París ya aparece al final del camino, vuelve a tener una oportunidad de vivir como entrenador lo que ya sintió como jugador: levantar la primera corona de un Grand Slam en la ciudad de la luz. 

Jo-Wilfried Tsonga. Amplio margen de desarrollo, discretas expectativas de futuro. La tierra vuelve dócil a un coloso despiadado. Sin espacio para usar los puñetazos que tanto éxito le han reportado sobre otro tipo de superficies, Tsonga encuentra altas barreras donde siempre halló prados verdes. Reducido el veneno del descomunal servicio, el abanico de golpes queda sensiblemente minimizado ante las particularidades del suelo más lento del universo. 

Sin inaugurar el historial de títulos sobre tierra batida, el jugador francés muestra una imagen frágil ante rivales teóricamente inferiores. El sueño de hacer un buen papel ante los ojos de una grada que anhela contemplar un ganador local parece lejano. La cuarta ronda alcanzada en Roland Garros (2009 y 2010) es un espejo de su papel en arcilla. 

David Ferrer. El otro guerrero. Si enfrentarse a Ferrer en pista rápida es un ejercicio considerable de paciencia, hacerlo sobre tierra obliga al rival a subir varios peldaños en la escalera del temple interior. Las condiciones de la superficie otorgan al valenciano una ventaja considerable para vivir con la seguridad indubitable de martirizar mentalmente el límite de los enemigos. 

Amparado por ocho títulos en polvo de ladrillo, David suma más de 200 victorias en el terreno predilecto del jugador español. Un gran triunfo sigue estando fuera de su alcance. Como otros jugadores, en las finales alcanzadas encontró la oposición de Nadal, tropezando con una piedra demasiado alta. Paradójicamente, David alberga mejores resultados en los dos torneos de Grand Slam de pista rápida (semifinales) que en Roland Garros (cuartos de final). 

Tomas Berdych. Deleite ofensivo. Atravesando una corriente de sintonía mental positiva, Tomas es un mortero sin importar el suelo que pise. La capacidad de desplazamiento lateral, imponente ejecución sin restar puntos a su propuesta ofensiva, componen una figura de altos vuelos dispuesta a aspirar a todo.

Contando dos títulos en su palmarés sobre polvo de ladrillo (Palermo y Munich), Tomas parece destinado a cumplir los plazos que su mente marque. Su potencial es enorme. Su cabeza, la encargada de ordenar los actos de su representación. 

Janko Tipsarevic. Opciones para crecer. Balance negativo de victorias y derrotas (36-39) explican su inédita presencia en la final de un torneo disputado sobre tierra batida. La tercera ronda de Roland Garros fue una pared inabordable durante años previos.

Quizás, la corriente que le ha llevado a situar su nombre entre los ocho mejores del planeta le permita crecer en un terreno extraño pero tolerable para sus condiciones de juego.  

John Isner. Evolución tenaz. La primera ronda de Roland Garros 2011 fue un aviso. Allí, bajo las miradas impávidas del templo de la tierra, John enfrentó a Rafael Nadal obligándole a estirar el encuentro hasta las cinco mangas para acabar siendo derrotado. El estadounidense jamás ha ganado un título sobre un terreno que le vio llegar a la final de Houston hace unas semanas. Por eso, su balance de victorias y derrotas está nivelado (22-22). Ganando en Copa Davis a Federer y Tsonga sobre tierra y como visitante, Isner ha recibido el reconocimiento público de ser el relevo natural de Roddick. Gracias a actuaciones que le han convertido en el referente de su país, el espigado jugador atraviesa el mejor momento de su carrera. 

Las esperanzas de Estados Unidos ya residen en sus hombros. Andre Agassi fue el último en ganar Roland Garros y algunos valientes se apresuran a señalarle como candidato a una meta que todavía queda demasiado lejos para sus posibilidades. 

Mardy Fish. Compromiso mesurado. Sus intervenciones esporádicas en la superficie (64 partidos en 12 años como profesional) son un reflejo diáfano de las ideas que ocupan su mente. Mardy experimenta sensibles decrecimientos de nivel al abandonar el territorio estadounidense. Cinco de sus seis títulos fueron conquistados bajo el calor del público local. Allí también levantó la única corona que posee sobre arcilla (Houston). Brillando con un gran triunfo en Copa Davis ante Wawrinka este año, parece posible que Fish supere la segunda ronda de 2002 que marca su techo en París. 

Pese a su reciente interés en tolerar los intercambios, un estilo vetusto dominado por el saque y la volea le desprotegen ante las discusiones libradas en el fondo de la pista. La hoja de ruta establece paradas que Mardy deberá afrontar desde el deseo de querer ampliar horizontes en un terreno secundario en su país. 

 

Rafael Plaza Forma parte de la revista TENISWORLD desde 2011 y es redactor de Punto de Break desde 2012. Su profunda y analítica manera de ver el tenis se complementa con una capacidad única para desentrañar estadísticas y datos de relevancia actuales e históricos sobre jugadores, partidos, enfrentamientos y torneos.