Isner no elige su calendario como un Top 10

Hará 4 viajes transatlánticos con una suma de casi 35.000 kilómetros antes de jugar Monte Carlo

Isner en tierra batida. Foto:lainformacion.com/EFE
Isner en tierra batida. Foto:lainformacion.com/EFE

John Isner es la gran sensación de 2012. La llegada de Milos Raonic en los albores de la temporada avecinaban la llegada de un joven con todas las condiciones de amenazar al Top 10, pero mientras el canadiense madura, Isner ha ido creciendo sobre sí mismo para ratificar que no sólo es un gran sacador capaz de ganar más del 85% de sus primeros servicios y forzar tiebreaks contra los mejores. Isner está jugando como un auténtico Top 5, ha conquistado plaza en el Top 10, y parece que para quedarse y tiene tenis para seguir creciendo en el ranking. Sin embargo, la decisión de cómo afrontar su calendario no está acorde con su potencial de juego ni con su ranking. Un error que puede pagar muy caro.

Isner transatlántico

Isner, todo un Top 10, tiene un punto débil. Su movilidad. El norteamericano tiene que empezar a poner límites en su cuerpo y a los largos desplazamientos transatlánticos que no le van a beneficiar en nada. John, un hombre de 206 centímetros de altura y 111 kilos de peso, debe de limitar sus desplazamientos por el desgaste que esto le provoca.

Las derrotas de Isner son bastante previsibles. En Indian Wells, el norteamericano jugó las dos finales de los cuadros individuales y dobles. A continuación, y nada más acabar el domingo los dos partidos finales consecutivamente, hizo las maletas y se cruzó Estados Unidos de costa a costa para jugar en Miami.

Llegó fundido y no pudo pasar de segunda ronda ante Florian Mayer después de un partido largo y duro ante Nikolay Davydenko. Sin tiempo para el descanso, se embarcó con el equipo estadounidense de Copa Davis y se cruzó “El Charco” para jugar en Francia dos partidos durísimos en Monte Carlo. A falta de una semana para que comience el primer Masters 1000 de la temporada sobre tierra batida, la coherencia le exigía quedarse en Mónaco o buscar un lugar tranquilo en Francia para completar su preparación.

Isner tiene serias opciones de hacer un papel muy meritorio en Monte Carlo. Con la ausencia de Roger Federer y Juan Martín Del Potro, es posible que Isner parta como uno de los cabezas de serie favorito a meterse en cuartos de final del torneo de la Costa Azul. Una vez allí, ya tendría asegurados 180 puntos y en un buen partido, con una semana y algunos días de descanso, (los que concede el torneo a los principales cabezas de serie).

En PuntodeBreak ya hemos mencionado lo importante que es la gestión de los esfuerzos en los calendarios de los mejores jugadores del mundo, y mientras Rafael Nadal se ha dejado mucha energía en luchar contra la locura del calendario, y poder administrar mejor los esfuerzos, el gigante de Greensboro, (North Carolina), ha decidido volver a hacer el camino de vuelta a Estados Unidos para participar en el torneo de tierra batida de Houston, el US Men’s Clay Court Championships, para volver al final del torneo camino de Monte Carlo. Bien, la distancia entre Mónaco y Texas es de unos 8700 kilómetros, (metro arriba, metro abajo). Esto supone, independientemente de la exigencia de los partidos y los rivales contra los que juegue, la friolera de 34.800 kilómetros en su cuerpo en menos de dos semanas para competir en el circuito ATP, la Copa Davis, un torneo ATP 250 en Houston y de nuevo vuelta a la Costa Azul para competir en el primer Masters 1000 de la temporada.

Isner en tierra batida

El nuevo número 1 estadounidense, a todos los efectos, aunque Fish le siga aventajando por un puñado de puntos en el ranking ATP, sólo ha jugado dos partidos en tierra batida este año, saldados con sendos exitazos que han repercutido directamente en el crecimiento de su país en la Copa Davis este año y en las dos grandes victorias sobre Suiza y Francia, en Friburgo y Monte Carlo, y contra Roger Federer y Jo-Wilfried Tsonga respectivametne, (los actuales números 3 y 5 del mundo).

Su potencial en esta superficie está aún por descubrir. Como la mayoría de estadounidenses, su tendencia a jugar en tierra batida ha sido muy residual y, sin embargo, se ha dado cuenta que sus condiciones de juego se adaptan perfectamente a la superficie. ¿Por qué?

En realidad la explicación es tan sencilla que se complica por sí misma. Isner es un jugador que muy pocas veces tiene que correr detrás de la bola. Su potencia le permite dominar la mayoría de los puntos que juega. Todos o casi todos cuando sirve.

El bote alto de la pelota, le viene mejor a su zona de flotación y a la línea media de su cadera. Cuando le viene alta la bola encuentra la fórmula para impactar cómodamente y sus ataques, aunque pierden efectividad por el propio pote de la bola, son tan rápidos que se convierten en muy complicados de defender. Ante Tsonga consiguió más de 50 winners. Su derecha corre muchísimo y es muy difícil defenderle.

Se podría sospechar de sus movimientos torpes por la superficie resbaladiza, pero no se desenvuelve nada mal el estadounidense. La longitud de sus brazos y su complexión le facilita la defensa y cuando se desplaza suele llegar a las bolas. Es difícil de desbordar. Además, cuenta con el factor sorpresa del contragolpe, cuando ve que ya va muy forzado suelta un “palo” y pueden encontrar nuevamente posiciones ganadoras.

Conclusión

Isner será uno de los rivales más difíciles de batir sobre tierra batida. Claro que su principal punto débil va a estar, sobre todo, en su capacidad para aguantar muchos torneos consecutivos y muchos partidos seguidos a un nivel alto de exigencia. Por eso, la planificación de su calendario debe de ser más estricta. Los desplazamientos, no sólo a través de la pista, sino intercontinentales, le pueden mermar mucho en sus posibilidades. Ahora mismo Isner debe seguir jugando como un Top 10, pero esto le exige también tener un calendario de Top 10, no jugar torneos ATP 250 a 9.000 kilómetros de donde se juega la temporada para los jugadores importantes.

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