El quinto intento de Argentina por la Copa Davis

Tendrá la segunda oportunidad de su historia de ganarla en casa

Argentina en su última gran victoria en Belgrado. Foto:lainformacion.com/EFE
Argentina en su última gran victoria en Belgrado. Foto:lainformacion.com/EFE

Islas Malvinas. Mar del Plata. 23 de noviembre de 2008. Las almas de una grada ígnea unen sus voces en un canto disparado hacia el corazón del enemigo. “¡Tiene miedo, Verdasco tiene miedo!”, gritan entre gestos desesperados durante el cuarto punto de la final de Copa Davis entre Argentina y España. En el fragor de la guerra, un síntoma de la situación. Como el animal acorralado que defiende su territorio con todo lo que encuentra a su alcance, las gargantas del pabellón construido para los Juegos Panamericanos de 1995 abrazando a su guerrero en el campo de batalla en una llamada de auxilio.

José "Chucho" Acasuso, perdió dos puntos definitivos. Foto:lainformacion.com

Acasuso, el número 48 del mundo, se bate en un duelo que significa sobrevivir. Ganar o ganar. No hay otra opción para mantener encendida la llama de la ilusión. Lo sabe. Conoce la obligación que revolotea sobre su cabeza y desciende por cada músculo de su veterana coraza acariciando su piel. Sucede de nuevo, tras ser protagonista del quinto punto de la final de 2006, José vuelve a tener esa sensación de asfixia repentina. Pese a ceder la manga inicial, el jugador local olvida la enorme responsabilidad que corre por su cuerpo y levanta la cabeza. Entonces Verdasco teme. Por un momento no recuerda que sus golpes son de hierro y los del enemigo de plomo. Ignora que su potencial es tan brutal como para ser el juez de cualquier duelo. Se condena a sí mismo.

¡Miedo! ¡Miedo!”, repite el público llenando de veneno cada rincón del pabellón convertido en infierno. Ven posible contemplar una de esas hazañas que corren por las calles de los pueblos. Entonces Fernando reacciona. Ya nada podrá pararle hacia el título. Los gritos han despertado en una rabia inesperada en su interior que muerde, araña y golpea. Un disparo paralelo pone fin a una discusión prolongada en exceso. Cuando sus rodillas golpean con el duro suelo de Islas Malvinas celebrando la victoria, un país entero se retuerce de dolor. La victoria bajo la protección del territorio local parecía segura. La situación que comenzó siendo favorable terminó convertida en pesadilla. Es una llaga que aún sigue sangrando.

Frente a España, el equipo local eligió la velocidad endiablada del cemento bajo techo. Optó por arañar las carencias rivales antes que potenciar las virtudes propias. Pensó en jugadores curtidos en mil golpes sobre arcilla. Olvidó que la homogeneidad de las superficies ha multiplicado el peligro del rival sin importar el terreno. Fue un error. Renunciar al polvo de ladrillo supuso abandonar la superficie que históricamente acompañó a todos los grandes rostros del lugar en sus conquistas por el universo. No elegir tierra batida como suelo para la final colocó la primera roca en el camino.

La segunda no tardó en aparecer. Las discrepancias entre Nalbandian y Del Potro fueron la continuación de una vorágine de acontecimientos multiplicados por la derrota. La elección de Mar del Plata como sede, impulsada por Del Potro prevaleció sobre Nalbandian y Córdoba, su tierra natal. La irrupción de Juan Martín como número uno de Argentina fue algo difícil de aceptar para un ganador nato como David. Un problema eterno de roles que ha viajado en el tiempo durante todos estos años afectando a distintos jugadores siendo el hándicap más difícil de batir.

Las tres finales como visitantes

La historia de Argentina en la competición por países es dilatada. Siendo una nación de prolongada tradición en el deporte de la raqueta, su expediente está lleno de grandes victorias firmadas por grandes hombres. La rúbrica de oro a todas estas actuaciones, sin embargo, jamás llegó. Distintas generaciones han intentado conquistar la Ensaladera tropezando con la misma piedra en el camino. Una falta de complicidad en las entrañas de la caseta y la dificultad de afrontar tres de las cuatro finales como visitantes han marcado un salto de longitud inabordable hasta el momento.

Tres ciudades trazan una ruta de sinsabores para Argentina. Cincinnati, Moscú y Sevilla. Por un lado, el cielo alcanzado tras llegar a la última ronda de una competición especial. Las sensaciones únicas de pelear con éxito bajo el manto de la bandera nacional. Por el otro, un final idéntico asociado a la palabra fracaso. Siendo la condición de visitante un obstáculo difícil de contrarrestar, todos los equipos que intentaron superar ese último tramo de la carrera terminaron sin aire en los metros finales.

Cuentan quienes lo vieron que Argentina pudo ganar en 1981. Pese a la deteriorada relación entre Vilas y Clerc, cabezas visibles de una de las mejores generaciones de tenistas que el país ha podido contemplar, y trágicamente enfrentados por diversos motivos que tocaron techo con la elección de Roberto Graetz como capitán del equipo, el equipo jamás renunció a sus opciones.. Un pacto silencioso entre caballeros invitaba a las dos estrellas elegir al seleccionar en sintonía. Vilas no cumplió. Clerc jamás cruzó palabra con Graetz. Entre ellos creció un espacio muerto. El cambio fue obligado y momentáneo. Sucedió en el partido de dobles, tras afrontar el segundo día de competición con una derrota ante McEnroe y una victoria frente a Tanner. La alianza de urgencia creada entre Guillermo y José Luis para competir en el tercer partido de la serie fue tan necesaria como sorprendente. Vilas tuvo la oportunidad de cerrar el duelo con su servicio ante la mejor pareja del mundo. Erró y abrió la puerta para terminar cargando con el peso de una nación derrotada en la primera opción de alcanzar la Ensaladera.

También la victoria fue posible en 2006. Posiblemente, nunca Argentina estuvo tan cerca de besar la copa de campeón. En Moscú, ante Safin y Davydenko, en la extinta moqueta ultrarrápida. Con Nalbandian como cabeza visible de un gesta heroica tras ganar sus partidos de individuales, Acasuso vivió un momento de inflexión que pocos tienen la ocasión de asumir. Un quinto puntos en una final de Copa Davis. Terminó perdiendo ante el abanico de golpes de salón de Nikolay, pero estuvo a un paso de romper la barrera. Quizás por eso dolió aún más.

La última final no puede clasificarse como fracaso. Ninguna debería ser definida así, pero en la capital de Andalucía la situación era muy desfavorable. En la superficie más lenta posible ante los mejores especialistas del terreno. El papel desempeñado alcanzó cotas notables durante el fin de semana del mes de diciembre del pasado año. La derrota, sin embargo, fue un puñal más.

Del Potro se esforzó todo lo que pudo en La Cartuja. Foto:lainformacion.com/EFE

Tras perder la final de 2011, Argentina lloró. Pese a conocer la dificultad de la empresa, el trabajo realizado en Sevilla clavó aún más la daga en el interior de los sentimientos visitantes. Del Potro fue capaz de mirar a los ojos a los dos mejores jugadores del planeta sobre tierra batida. Llevó a Ferrer al límite del abismo y compitió con Nadal como si la arcilla fuese cemento. En ambos compromisos acabó sollozando de impotencia tras inclinar la rodilla. Sin embargo, nada tuvo que reprocharse. Sobre el estadio de la Cartuja derramó todas las gotas de sudor que su cuerpo albergaba. Puesto en duda en multitud de ocasiones por su compromiso con Argentina, Juan Martín explicó mediante incontestables actos su implicación con el objetivo.

Pero entre las lágrimas había un sabor dulce. Un rayo de luz que invitaba a volver a intentarlo. La inicial renuncia a la competición de algunos jugadores y un cuadro moderadamente asequible elevó las esperanzas. Nadal, Ferrer y Feliciano, tres de los cuatro autores del triunfo en suelo español, renunciaban a disputar las primeras rondas de la competición. Con Djokovic representando una incógnita por su calendario construido desde el escudo, y el resto de jugadores centrados en sus carreras individuales, Argentina vio el sendero allanado.

Una nueva oportunidad

La hoja de ruta para asaltar en 2012 la Copa Davis es inmejorable. Superada la ronda inaugural en Alemania, Argentina disputará como local el resto de eliminatorias. Sin importar el nombre de rival, los principales aspirantes a alzar la corona se encuentran en una posición envidiable. Sobrepasada la guerra interna de roles dentro del equipo, y bajo la tutela de Martín Jaite, exnúmero 10 del mundo y con un vasto historial en la competición, todo parece volver a fluir con naturalidad.

Argentina desea una Copa Davis por encima de todas las cosas. Siendo una región habituada a los éxitos deportivos, la Ensaladera es una espina clavada en el orgullo de la nación. Campeones de fútbol, de baloncesto o de mundiales de boxeo están el cuadro histórico del país. No la Davis. No la competición que han soñado colorear con tonos celeste cada temporada. El curso actual vuelve a entregar una oportunidad para cerrar un cuento con demasiados episodios amargos.

No obstante, España con un cuadro sensiblemente más sencillo tras la eliminación de Rusia, y Francia con una capacidad innata para competir en cualquier rincón del universo son los perseguidores más cercanos para arrebatar de nuevo un sueño convertido en quimera.

Las promesas argentinas de 1995 en Parque Roca, Nalbandian (3º), Acasuso (4º), Coria (6º) y Berlocq (7º ó 1º por la derecha). Foto:twitter.com

La mejor noticia para Argentina es que ha cerrado viejas heridas. Cada uno dentro del grupo conoce su función. El tiempo ha olvidado debates etéreos que no conducían hacia la meta marcada por todos. Además, la recuperación de Del Potro tras superar el calvario posterior a ganar el US Open 2009 y el ahínco de Nalbandian por no cerrar su etapa como profesional sin tener en sus vitrinas una Ensaladera son los dos principales cimientos sobre los que se sostiene el proyecto bajo una luz cálida: Los peligros parecen menores observados desde la seguridad del hogar.

Argentina en Copa Davis

Estreno en la competición: 1923

Series disputadas: 137 (78-59)

Años en el Grupo Mundial: 20

Más victorias: Guillermo Vilas (57)

Más victorias individuales: Guillermo Vilas (45)

Más victorias en dobles: David Nalbandian (13)

Jugador más joven: Guillermo Vilas

Más eliminatorias jugadas: Guillermo Vilas (29)

Más años jugados: Guillermo Vilas (14)

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