Roland Garros 2012: la catedral de la tierra vela la guerra

La Philippe Chatrier espera a sus gladiadores. Foto:lainformacion.com
La Philippe Chatrier espera a sus gladiadores. Foto:lainformacion.com

Entre las luces de la ciudad más brillante del mundo ya planean ciento veintiocho rostros con las miradas orientadas hacia el oeste de la región. Más de cien corazones que anhelan superar las siete barreras que separan a los mortales de los mosqueteros. Un camino de obstáculos en el que espera la copa del campeón. Es Roland Garros, la catedral de la tierra. Es París y su magia. Su Torre Eiffel y sus Campos Elíseos. Su Arco del Triunfo. Su Ópera Garnier y su Panteón. Su Louvre y su Sacré Coeur. Sus millones de rincones encantados por la esencia de todos los artistas que han recorrido sus calles impregnan cada segundo del torneo más importante de polvo de ladrillo. Todas las personas que han visitado la urbe en alguna ocasión coinciden en el mismo discurso: París es especial.

Desde 1925 la capital de Francia es el alma del mundo de la raqueta durante dos semanas. Una competición centenaria que reúne bajo los encantos de la tierra a un abanico incomparable de tenistas. Centrando la atención mediática en las cuatro primeras espadas de la clasificación, el público local desea contemplar como uno de los suyos es capaz de volver a tocar la gloria. Yannick Noah en 1983 fue el último en retener el trofeo bajo las fronteras del conocido arcaicamente como pueblo galo. Por ello pelearán Tsonga, Monfils, Gasquet, Llodra y una larga lista nombres asumirán los galones de una ardua empresa. La expedición hispanohablante, exitosamente representada durante la historia, confía en las escasas opciones de sustituir a su representante número uno. En manos de Ferrer, Del Potro, Almagro, Nalbandian o Almagro quedará esa enorme responsabilidad convertida en quimera.

Con Nadal, Federer, Djokovic y Murray sumergidos en un combate universal grabado a sangre y fuego, la segunda fila de batalla espera velar armas para intentar conseguir algo que parece imposible: arrebatar la victoria final a un jugador que no pertenezca a la nobleza de la escalera que organiza a los jugadores entre el cielo y el infierno. Los favoritos para ganar Roland Garros son los candidatos a dominar cada área con vida donde éxito e historia conjuguen en una sintonía maravillosa.

Rafael Nadal

Nadal ganó su último título en Roland Garros. Foto:lainformacion.com/EFE

El historial del español sobre la superficie más lenta del planeta le etiqueta como principal favorito para ganar el segundo Grand Slam de 2012. La tierra es la única superficie que permite al número dos sobrevivir sin alcanzar la plenitud hercúlea que tantas veces ha mostrado. En puntuales ocasiones Nadal ha sido capaz de salvar una situación imposible sin llegar a su mejor nivel. Sucedió en Roma 2011. El italiano Lorenzi le llevó a asomarse al abismo durante la segunda ronda del torneo. El mallorquín se agarró con garra a la tierra olvidando la raqueta. Ganó. Sucedió también en Francia, cuando Isner le obligó a consumir todos los parciales para terminar pasando la jornada inaugural entres luces y sombras. Fue la línea dominante durante el resto de días. El resultado, sin embargo, coincidió con años pasados. Pese a no brillar como en temporadas anteriores inclinó a Federer el último domingo de torneo convirtiéndose en mosquetero por sexta vez en su carrera.

Solo dos veces llegó Nadal a París sin ser el campeón. En 2005, su primer año en Roland Garros y en 2010, después de caer el año anterior con el sueco Soderling en octavos de final. El único hombre capaz de tumbar al español en un duelo sobre arcilla a cinco mangas comparte nacionalidad con Björn, el sueco con el que comparte escalón en el podio de copas logradas. Eso le coloca con una impecable marca de cuarenta y cinco victorias y una derrota. Eso le otorga la opción de superar a Borg bautizándose como el único jugador de la historia con siete coronas en la catedral de la tierra. Eso, en consecuencia, le señala como el candidato a batir. Un guerrero aguarda tras una realidad irrefutable: el jugador español no suma un título a sus vitrinas desde que ganase el segundo Grand Slam de la temporada en junio de 2011. Tampoco un trofeo mayor, pese a disputar las tres finales posteriores a París. Son nueve meses de sequía que pueden acabar con final feliz. Si Rafael gana Roland Garros será el mejor tenista de la historia sobre tierra batida.

Novak Djokovic

Djokovic, objetivo Roland Garros. Foto:lainformacion.com/EFE

La derrota del número uno en las semifinales de 2011 contra Federer puso fin a una racha de 42 victorias consecutivas. Novak perdió un partido competido entre alaridos y suspiros. Discutido con golpes de hierro. Decidido por gotas de talento. Se marchó llorando con el corazón. Supo que la inercia creada con la montaña de victorias previas le colocaba en una posición envidiable para asaltar París. La confianza adquirida en los meses previos era el mejor golpe para vencer a Nadal en el interior de su santuario. La ocasión se marchó de la mano de una marca utópica de triunfos correlativos.

Por eso Roland Garros es uno de los grandes objetivos del año. Es el único Grand Slam que no tiene en su palmarés y podría añadirlo cerrando el círculo encadenando la victoria final en Londres, Nueva York, Australia y París. Su nuevo estatus le obliga a priorizar los destinos y centrar la mirada en los cuatro torneos mayores de la temporada. Como los otros dos gigantes, Novak reserva caga gota de oxígeno en carreras de velocidad para utilizarla en las maratones que abren la puerta de la eternidad. La única vía para compartir espacio intangible con las leyendas que siempre soñó ser es sumar todas las coronas posibles de los torneos del Grand Slam. El serbio está preparado para el desafío.

Djokovic conoce las respuestas a los interrogantes de la arcilla. Su capacidad para flexionar y deslizar en cemento se adapta a la superficie, multiplicándose en importancia al ser una condición inquebrantable de la tierra batida. La amplitud de su arsenal le hace tan peligroso en la pausada arcilla como el veloz cemento. En 2011 nadie ganó a Novak en los intercambios desde el fondo de la pista. Ni Nadal. Demostró que no tiene problemas en cocinar los puntos. Antes no sabía contener la paciencia. No sabía aceptar el diálogo como camino hacia la victoria. Cometía la tentación de gritar. Sucumbía a los impulsos de atacar con la precipitación como blasón en lugar de esperar el momento indicado para hacerlo. Terminaba perdiendo. Le pasó en Madrid 2009 contra Nadal. Dejó escapar un partido que nunca tenía que haber perdido. Ahora no. Ahora es capaz de pegar cien disparos si es necesario antes de decir la última palabra. Es la ley número uno del polvo de ladrillo y Djokovic la ha aceptado como su mejor compañera.

Roger Federer

Federer busca ganar a Nadal en Roland Garros. Foto:lainformacion.com/EFE

La corriente rozagante que atraviesa Federer vuelve a fijar su techo en el cielo. Como en las temporadas que el circuito contempló sus obras más divinas de forma regular, Roger ha logrado dejar de ser estrella fugaz para convertirse en luz incesante. Ganando en regularidad sin perder el alto índice de acierto que ha marcado su vida en la élite, Federer afronta Roland Garros en el momento más dulce de sus últimos cursos. Los últimos seis meses han visto ganar al suizo los torneos de Basilea, París-Bercy, Dubai, Rotterdam e Indian Wells dejándose únicamente dos derrotas en el trayecto. Solo la condición física, ya superados los treinta años, le puede impedir aspirar a conquistar torneos de dos semanas a cinco mangas. Su única brecha en la ruta empírea que trazan Australia, París, Londres y Nueva York reside en la capacidad para vencer al esfuerzo que sufren cuerpo y mente. La fatiga que arrastra en las escenas finales de los campeonatos, el auténtico juicio que marca a los elegidos, ha sido demasiado alta como para imponer sus innatas condiciones frente a la juventud emergente de otros jugadores. Federer, sin embargo, puede estar tranquilo. Su compromiso con los anales está saldado.

Roger tuvo miedo de vivir la misma situación de Sampras. Siendo un jugador eterno, el estadounidense jamás pudo añadir los cuatro trofeos que forman el Grand Slam a su currículo brillante. Le faltó uno. Le faltó, como a otros tenistas atemporales, comprender los misterios de la tierra para ganar Roland Garros. Pete fue incapaz de superar las semifinales alcanzadas en 1996. Federer sintió correr por el interior de su cuerpo la misma sensación. Tuvo que ceder tres finales frente a Nadal antes de ganar el título que más deseaba. Lo hizo ante Soderling, con el español descansando su mente en Mallorca. 2011 le ofreció la posibilidad de resolver un reto personal. El mismo que Rafael zanjó en su momento. Ganar la final ante la antítesis de su vida en la élite. Nadal lo logró en Wimbledon, cuando en 2008 le arrebató su territorio más preciado. Aunque al final la historia se mide por títulos y no por nombres, un segundo título en el templo de la arcilla contra el español tendría un valor ingente.

Andy Murray

El escocés afronta una nueva oportunidad para sumar el título que llene su alma de la clarividencia que precisa. Murray necesita coronar un Grand Slam para derribar una barrera mental que le acompaña desde que perdió la final del US Open 2008. Un abismo de miedos donde habita Fred Perry, el último británico en ganar un torneo mayor. Un espacio de tiempo sideral para un país que necesita asociar un rostro local a un éxito alcanzado en escenario de primera línea.

La tierra de París es históricamente el territorio donde peores resultados ha logrado. Solo las semifinales del pasado curso arrojan algo de luz en la oscuridad de unas actuaciones previas discretas. Andy, además, es entre el único de los cinco primeros jugadores del planeta que no cuenta con un título de arcilla en sus vitrinas. Clasificado como un jugador de pista rápida, el escocés no se desenvuelve tan mal como indica su inexistente bagaje de copas en la superficie.

Pese a todo, Murray es el favorito que cierra la lista de los tres colosos. La distancia entre el triunvirato de cabeza y el número cuatro es todavía demasiado amplia. La combinación de factores necesaria para lograr sonreír en Francia se antoja inverosímil. También lo parecía para Lendl y fue el punto de partida de su meteórica ascensión al ganar en París a McEnroe. El sabio que Murray tiene sentado en la grada le ofrece un espejo soberbio que debería ser el punto de inflexión de su aventura. Los relatos de un técnico curtido en mil hazañas valen oro.

Últimos ganadores de Roland Garros

2011 – Rafael Nadal

2010 – Rafael Nadal

2009 – Roger Federer

2008 – Rafael Nadal

2007 – Rafael Nadal

2006 – Rafael Nadal

2005 – Rafael Nadal

2004 – Gastón Gaudio

2003 – Juan Carlos Ferrero

2002 – Albert Costa

2001 – Gustavo Kuerten

2000 – Gustavo Kuerten

Españoles con el título de Roland Garros en sus vitrinas

Rafael Nadal

Juan Carlos Ferrero

Albert Costa

Carlos Moyà

Sergi Bruguera

Andrés Gimeno

Manuel Santana

Jugadores con más títulos

Rafael Nadal y Björn Borg (6)

Henri Cochet (5)

René Lacoste, Ivan Lendl, Mats Wilander y Gustavo Kuerten(3)

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