Angelique Kerber la nadadora tenista

Promesa de la natación, eligió el tenis y acertó; será nueva top20 y su techo aún se desconoce

“Keep going forward, never look back” y “Live your dream”, son los lemas que Angelique siempre reconoce la han marcado su vida, tanto profesional como personal. Son dos buenos lemas: “Sigue adelante, sin mirar nunca atrás” y “Vive tu sueño”.

Como si de una película se tratara, Kerber no iba para tenista pero le llegó casi por sorpresa; luego entró en una dinámica de jugadora simplona del circuito con poco futuro, hasta aquel 29 de agosto de 2011, que cambió su carrera por completo.

Kerber adora España, conoce muchísimas ciudades españolas, pues se recorrió muchos de nuestros torneos ITF (esos que ahora están desapareciendo) en lugares escondidos para el resto de tenistas profesionales, pero no para ella, que se curtió en los ITF españoles, como el de Las Palmas de Gran Canaria, Monzón o Pozoblanco, entre otros.  

Esta alemana tiene 24 años (nació el 18 de enero de 1988), y empezó a jugar al tenis a los 3 añitos. El hecho de que su abuelo fuera el propietario de un club de tenis pudo tener algo que ver, en el inicio tan prematuro de este deporte. Ya desde muy pequeña jugó al tenis, pero nunca con el objetivo de convertirse en profesional. Lo suyo era otro deporte: la natación.

Angelique ganó importantes campeonatos siendo aún muy joven, le apasionaba la natación y servía para ello. Sus enormes ojos azules, le iban perfectos para este acuático deporte, en el que tanto prometió. Pero Kerber cambió. De pronto el tenis le comenzó a atraer más y ese corpulento cuerpo le permitía lograr una potencia que le hacía triunfar, y que no le mermaba para nada su movilidad por la pista (algo sorprendente); siguió mejorando y también en este deporte logró triunfar.

Sus orígenes son polacos, su familia vive allí, sus descansos los suele pasar también en suelo polaco, y ella ya ha mencionado varias veces que se siente más polaca que alemana, sin embargo, nunca ha dejado de representar a Alemania ni de competir bajo esa misma nacionalidad. Quizás, como muchas, se aseguraría los JJOO de Londres cambiando de nacionalidad, pero ella no ha querido hacerlo.

Era una muy buena promesa, tenía golpes limpios y planos, especialmente con su derecha, en cuya ejecución siempre espera hasta el último momento, lo que descoloca a las rivales que no saben si será paralela o cruzada. El revés le permite aguantar muy bien los puntos y le tiene muy variado. Su saque, quizás aún deja algo que desear, siendo uno de sus puntos débiles, sobre todo el segundo. En la volea se defiende magníficamente, y tiene bastante muñeca para dejadas, globos y boteprontos. Es una jugadora muy completa que basa su juego en el ataque, pero siempre bajo control, es decir, le gusta dominar los puntos pero no es como Sharapova que en la segunda bola que toca, le quema y busca línea, sino que sabe aguantar un buen intercambio y buscar el punto cuando toca. Mentalmente es también sólida y segura; no le tiembla el pulso en bolas de break, de hecho, tiene esa madera de campeona que le lleva a jugar mejor esa clase de puntos difíciles que el resto. Suele tener pocos errores no forzados y esa es una de sus grandes virtudes, desde el último US Open.

En el US Open 2011 Angelique llegó como una jugadora rozando el top100 y salió como una nueva top30. Alcanzó las semifinales dejando por el camino a tenistas de la talla de Agnieszka Radwanska (2ª ronda 6/3 4/6 y 6/3), Monica Niculescu (4ª ronda 6/4 y 6/3) o Flavia Penneta (QF 6/4 4/6 y 6/3). En semifinales cayó ante Samantha Stosur, finalmente campeona, en un apretado partido que terminó con el 6/3 2/6 y 6/2 en el marcador, y en el que la lucha de winners entre la alemana y la australiana fue un auténtico show digno de una semifinal de Grand Slam.

Entonces todos pensaron, yo incluido, que en aquella época loca de la WTA, era una sorpresa más como lo habían sido otras muchas, nada especial. Probablemente aguantaría cerca del top30 hasta el siguiente US Open y entonces caería al puesto 80 del ranking. ¡Pero no! Aquel US Open no fue el punto álgido de su carrera sino que le impulsó hacia adelante y la alemana ha ido a más, y se ha sumado a la larga lista de grandes jugadoras alemanas de la actualidad (de las que por cierto, una se tendrá que quedar fuera de los JJOO, y la lucha es enorme), entre las que destacan los nombres de Andrea Petkovic (con orígenes serbios y con quién Kerber comparte una estrecha amistad), Sabine Lisicki (con orígenes polacos también, como Kerber), Julia Goerges y Mona Barthel.

Kerber terminó bien la temporada, pero la ha iniciado mejor aún. Marcó semifinales en sus dos primeros torneos de la temporada: Auckland y Hobart, con victorias ante jugadoras de la talla de: Erakovic, Goerges, Lisicki, Errani, Vesnina o Cirstea. Después alcanzó tercera ronda en el Open de Australia, donde fue literalmente arroyada (6/1 6/2) por Maria Sharapova, y siguió con una victoria, aunque ya inútil, en Copa Federación ante la República Checa. Tras esto se desplazó al histórico WTA Premier GDF Suez de París, en pista rápida y bajo techo, donde consiguió el triunfo más importante de su carrera, que le ha aupado hasta el top20 de la clasificación WTA, eliminando a jugadoras de entidad como Lucie Safarova (6/2 7/6), Monica Niculescu (6/3 4/6 6/3), Maria Sharapova (6/4 6/4), Yanina Wickmayer (6/7 6/3 6/4) y, en la final, la local Marion Bartoli (7/6 5/7 6/3). Un torneo digno de enmarcar, en el que maravilló con un juego de potencia, solvencia y movilidad digno de top10. En el torneo que se disputa en el febrero parisino, bajo la atenta mirada de una grada siempre llena del Stade Coubertin, han triunfado grandes como las Williams, Dementieva, Mauresmo, Chakvetazde, Kvitova, Safina, Clijsters, Petrova, Navratilova, Graf, Pierce o Hingis, entre otras. Con un lapsus en el torneo de Doha, llegó a Indian Wells y ha alcanzado las semifinales, donde ha caído ante la número 1 del mundo: Victoria Azarenka.

Angelique Kerber, la nadadora de la WTA, sigue nadando a contracorriente y demostrando a todos aquellos que dudábamos de su capacidad para seguir hacia arriba en el ranking, tras el US Open, y de que dudaría llegado el momento de verse como cabeza de serie, que es una jugadora con mucho tenis en su raqueta. “Sin mirar hacia atrás”, la alemana sigue adelante y “vive su sueño” cada día con más pasión. El potencial de esos 173 centímetros aún está por descubrir y es que Angy sigue sorprendiendo y enamorando a la WTA.

Pedro Gutiérrez Apasionado de lo que no vemos y especializado en tenis femenino. "Ganar o perder depende de las ganas que usted tenga de jugar el último tanto", (Bjon Borg).