13 años del número 1 mundial de Moyá; Primer español en la historia

Acumuló muchos éxitos, sobre todo en la primera parte de su carrera, finales de los 90

Hoy hace trece años que Carlos Moyá lograra por primera vez ascender al número 1 del ránking mundial. Por primera vez en la historia un español ocupaba la primera plaza en la Lista de Entradas en la ATP y la herencia de los Manolo Santana, fue después de ganar la semifinal de Indian Wells a Gustavo Kuerten en 1999. Así se escribe su historia; En 1997 un joven español causaba furor en las pistas australianas. Carlos Moyá se prensentó en Melbourne con un atuendo revolucionario y sin que nadie tuviera grandes referencias del balear. Moyá, comenzó a sorprender a todos porque no era un español al uso en su forma de jugar ni en su forma de vestir. Sus pantalones largos hasta las rodillas, la camiseta suelta, la cinta en el pelo y su melena le daban una imagen de rebelde que pronto se iba a confirmar sobre el asfalto australiano. Moyá dominaba a sus rivales con su saque y su impresionante derecha y, a pesar de su altura, se desplazaba a una velocidad endiablada por el fondo de la pista para cubrirse su revés. Las derechas invertidas eran un auténtico tormento para sus rivales y la paralela definitiva. Sólido con su servicio fue uno de los primeros españoles en utilizar el saque como arma. Su despedida del torneo, con el peluche bajo el brazo estuvo a la altura de las expectativas; “Hasta luego Lucas”, dijo el mallorquín parafraseando a uno de los humoristas más famosos en España del momento, Chiquito de la Calzada. Los periodistas reunidos en la sala de prensa, sorprendidos por el desparpajo y la simpatía del español, se hacían la segunda pregunta de identidad del torneo. La primera fue; ¿Quién es este Carlos Moyá? La segunda; ¿Quién es ese Lucas? De la primera obtuvieron contestación inmediatamente.


Moyá, carismático y ganador


Desde entonces Carlos Moyá era uno de los grandes atractivos de cada torneo donde jugaba. Fue considerado no sólo un gran tenista sino también un “sex symbol”. En Australia, a pesar de que no repetiría nunca más, en adelante ya con galones de estrella del tenis mundial, siempre fue acogido con honores de gran súper estrella. Sin embargo, su especialidad era la tierra batida. En 1998, después de una temporada donde su rendimiento en el circuito de tierra batida era el mejor de todos los jugadores de ATP junto a Marcelo Ríos, conquistó Roland Garros. Su primer Grand Slam. Lo hizo ante su amigo y compañero Álex Corretja, con quien compartió equipo de Copa Davis y muchas más cosas, éxitos y alegrías la mayoría.

Su tenis invitaba a pensar que sería todavía más relevante y trascendente en el mundo de la raqueta y que podría competir mejor en pistas rápidas. Desafortunadamente, su carrera emergió meteóricamente pero la parte más brillante de la misma se vivió justo ahí, al principio.
Como comentábamos su tenis se adaptaba perfectamente a pistas rápidas. Tenía un perfil muy norteamericano. Jugador alto y buen sacador que dominaba con sus golpes planos desde el fondo de la pista. En realidad, saque y derecha. Evolucionó mucho con la volea y cuando no podía cerrar un punto desde el fondo siempre encontraba este recurso. Quien escribe no recuerda mejores voleas en jugador español alguno. Una gran muñeca. Su progresión continuó. Venía de jugar las semifinales del Masters cuando en 1998, tras el título de Roland Garros y las semifinales del US Open jugó la final del torneo donde sólo acuden los ocho mejores del mundo. Allí, y por primera vez en la historia, un español se alzó con el Masters, pero entonces y como venganza de Roland Garros, fue Álex Corretja quien inscribió su nombre con letras de oro en el deporte de la raqueta español.
Pero la mayor gloria de Moyá llegó en 1999. En Indian Wells, y con muchísimos puntos conseguidos en la parte de Marzo a Marzo del 98 al 99, en los torneos de tierra batida de Europa los Masters Series (el equivalente a Masters 1000), su título de Roland Garros en vigencia, las semis del US Open y la final del Masters, Moyá se coronó como número 1 del mundo tras derrotar a Gustavo Kuerten en la semifinal de Indian Wells de 1999. Tal día como hoy, hace 13 años.
Después perdería la final ante Mark Philippoussis, pero el hito para el tenis español, después de tantos esfuerzos y grandes nombres que se quedaron en el camino, llegó en forma de recompensa para Carlos Moyá.
El tenis tenía guardada más gloria para Charly. Así le gusta que le llamen sus amigos. Además;/Chárly Móya/ acentuando la “o” aunque su apellido, típico balear, se pronuncia acentuado en la “a” y se tilda con el signo gráfico al revés en su nomenclatura original; Carlos Moyà.


Número 1 efímero


Sea como fuere, Moyá inscribió su nombre en la historia como el primer español en conseguir el número 1 del mundo, aunque lo perdería inmediatamente.
Sólo consiguió aguantar el número 1 dos semanas, porque en la tierra batida europea no pudo seguir el nivel de títulos que había conseguido en 1998, y acabó cediendo para no recuperarlo nunca más. Los motivos por los cuales nunca lo recuperó no son demasiado concretos o sencillos de explicar. Aunque grosso modo, se podrían resumir de la siguiente manera. Carlos Moyá ha sido siempre un notable, notabilísimo jugador. Sobresaliente incluso. Pero nunca fue un superclase que pudiera mantener una regularidad constantemente.
A Moyá se le pudo “tomar la matrícula” rápidamente. Su revés era un talón de Aquiles demasiado visible y fácil de atacar. Moyá no era un buen defensor y le costaba mucho remontar puntos en los que no llevaba la iniciativa. Mientras él dominaba con su primer servicio y se colocaba de derecha era un auténtico fenómeno. Pero en otras facetas del juego, Moyá tenía carencias.
Además, su bajada del trono coincidió con la llegada de nuevos talentos que vinieron a ocupar una vacante que había quedado bastante desierta después de la retirada de Pete Sampras y con un Andre Agassi ya en la parte final de su carrera.
Moyà consiguió el número 1 por méritos propios, por supuesto. Pero también se vio favorecido por la coyuntura internacional del momento donde no había ningún líder capaz de manifestarse en una superficie de manera sólida. Sampras volvería ya derramando las últimas gotas de talento, y en el periodo de tiempo hasta la llegada de Federer, otros tenistas como Gustavo Kuerten, el irregular Marat Safin o Lleyton Hewitt, precedieron la aparición de Andy Roddick o la irrupción de Ferrero, que estuvo 8 semanas al frente de la clasificación de septiembre a noviembre de 2003.
Ferrero fue el segundo y Nadal el último español en conseguir el número 1 del mundo.
Las generaciones previas y precursoras de todo esto, fueron las que lanzaron Manuel Santana, (gran iniciador del tenis en España, y considerado el número 1 en la época en la que el paso entre el profesionalismo y los amateurs, todavía no dejaban claramente tal definición). Más tarde, Manuel Orantes consiguió ser el número 2 durante 1973, y los Juan Gisbert, Andrés Gimeno o Luis Arilla, potenciaron este deporte hasta la llegada de Sergi Bruguera y las nuevas generaciones. Pero esa fue otra historia.

La más bella se cuenta en su apogeo, el día que consiguió ganar la Copa Davis, en Sevilla, con el público español coreándole y alzando el segundo título español de la historia. El penúltimo, su emocionante retirada. Ahora, la historia sigue con su evolución en el torneo de veteranos. Donde las leyendas continúan.

LA APUESTA del día

Comentarios recientes