Los tenistas y sus estereotipos según su nacionalidad

La nacionalidad de un tenista puede definir su estilo de juego y complexión

Argentina, con unos jugadores de un perfil similar. Foto:lainformacion.com/Getty
Argentina, con unos jugadores de un perfil similar. Foto:lainformacion.com/Getty

Parece difícil querer identificar a todos los jugadores de un país y medirlos por el mismo rasero sólo por su procedencia. No hablamos de razas en el tenis, no es una cuestión étnica, es una cuestión de estilo. Da la sensación que dependiendo de qué nacionalidad u origen sea el tenista tiene unos rasgos determinados por su juego. Por increíble que parezca, es real. Hay muchas similitudes entre los distintos jugadores en cuanto a su estilo de juego y su procedencia;


Norteamericano; cañonero

Andy Roddick, prototipo de tenista estadounidense. Foto:twitter.com


Los tenistas norteamericanos, los que dominaron el circuito antes de que llegara la Era Open quedarían al margen, se caracterizan hoy en día por dos trazos muy similares. Todos son jugadores grandes y que basan su juego en un gran servicio y una poderosa derecha plana. El estereotipo sería jugador alto y poderoso, con un servicio por encima de los 200 kilómetros por hora. Buen sacador, regular restador y con el revés a dos manos. Basa su juego en la potencia de sus golpes y especialista en pistas rápidas. (Poco dado a jugar muchos torneos lejos de Estados Unidos y mucho menos en tierra batida).
En este perfil podríamos encontrar a Fish, Isner, Roddick o Queerey, aunque Donald Young se sale un poco del perfil, por su complexión física y la llegada de Ryan Harrison rompe con la estética grandota. Pero cabría algo parecido por su forma de jugar.

Isner el gigante poderoso. Foto:lainformacion.com

Otros históricos como Sampras o Agassi, serían otra cosa. Pete era más completo y gran voleador. Pero sus golpes de fondo eran un espectáculo. Su revés a una mano, sencillamente maravilloso. La gran diferencia con sus compatriotas es la movilidad. Mientras el norteamericano medio del que hablamos es bastante lento en movimientos horizontales, Pete era una bala.

Sam Querrey, otro cañonero. Foto.lainformacion.com

Las excepciones; Donald Young, Michael Russell o Wayne Odesnik.


Latinoamericanos; terrícolas corajudos


El jugador latino por definición es mucho más bajo de estatura. Con mucha movilidad, especialista en pistas de tierra batida. Peleón, con mucho carisma. Dicharachero. Muy rápido en sus movimientos y especialista en el top-spin. Jugadores de fondo de pista, ninguno particularmente buen sacador y todos jugadores correosos.

Españoles en tierra batida, Ferre y Almagro. Foto;lainformacion.com

Aquí podríamos englobar a españoles, italianos, colombianos, argentinos. Una de sus características principales es que, en general no son sacadores y que su complexión suele ser menuda, (no son muy altos, considerando por “muy alto” por encima de 1’90-1’85). Hay excepciones en todas las reglas. En España hubo un tenista que era eminentemente sacador como Julián Alonso, pero ni siquiera llegó a romper. Tampoco Feliciano López ha sido un jugador prototípico español. Pero sí ha sido clave en la consecución de dos ensaladeras porque, precisamente, su mejor adaptación a pistas rápidas y su potente servicio, le daban otro condimento a la selección española. En este aspecto, la virtud ha sido la variedad. (Como en Francia como luego comentaremos).

Feli, la excepción que cumple la norma española. Foto:lainformacion.com

Otros tenistas alejados de este perfil fue Carlos Moyá. Aunque Moyá jugaba muy bien en tierra batida y sólo consiguió ganar como Grand Slam en Roland Garros, el mallorquín sí fue un jugador competitivo en pistas rápidas. En cambio tenía un perfil más de “norteamericano”. Dominante con el servicio y la derecha. Se manejaba en el juego de fondo, pero su revés nunca fue dominante. Tuvo que aprender y mejoró mucho en las volea para cerrar muchas de sus jugadas, pero no era el típico jugador de golpes liftados. La mejor virtud de su juego fue la derecha plana, tanto paralela como cruzada e invertida.
En su misma generación convivió con Corretja o Costa, mucho más “latinos” en su estereotipo físico y de juego.

Moyá comenzó a romper moldes. Foto:lainformacion.com

En la última generación de españoles de gran recorrido, también han aparecido sacadores como Nico Almagro, con muy buen primer y segundo servicio, y que ha podido meterse en el Top 10 y que no juega liftado. Su juego es principalmente plano, pero necesita mucho recorrido para armar sus golpes y esto le lastra en pistas rápidas donde su rendimiento en muy inferior.
Como él, Fernando Verdasco tiene buen servicio, sobre todo primer servicio, y golpes planos que le valen para ser competitivo en todo tipo de superficies, especialmente las intermedias, ni la tierra batida ni las moquetas ni duras indoor. Quizá mejor las duras outdoor. Verdasco es móvil pero tampoco es su fuerte el golpe liftado.
Los italianos ha sido jugadores muy de este estilo. Volandri ha sido su máximo exponente los últimos años y es un jugador eminentemente de top-spin. Tanto él como Seppi o Starace han sido tradicionalmente jugadores de tierra batida. Algunos han mejorado estas prestaciones y han evolucionado, como Bollelli, pero no han dejado de ser jugadores de segundo orden. Cipolla o Fognini son el típico tenista latino, pero no cumplen la clave del rigor táctico y la gran capacidad de sacrificio. Viven más de golpes aislados.

Seppi, un italiano distinto. Foto:lainformacion.com

En Argentina, la gran eclosión de tenistas en los últimos años ha dado para todo tipo de jugador, pero casi todos especialistas en tierra batida, de golpes liftados y muy móviles con servicios más bien regulares antes que potentes o brillantes. Hablamos de los Gaudio, Coria, Mariano Puerta, Zabaleta, Hernán Gumy, el Chucho Acasuso o Chela.
Como en todas las reglas hay excepciones. Nalbandian ha sido un jugador completísimo. Especialmente bueno en pistas rápidas, con un gran servicio y un juego más plano que liftado. Su capacidad de entrega, entrenamiento y sacrificio no tiene nada que ver con la que estamos hablando y que podrían definir a la “clase media” de esta, permítaseme la expresión sin ánimo alguno etnológico; “raza”.
Otro jugador que poco o nada tiene que ver con el “argentino medio” es Juan Martín Del Potro. Con unas características mucho más “norteamericanas” que sudamericanas, es un jugador poderoso de corpulencia, saque y dominio con sus golpes planos.

Del Potro, más perfil USA que Argentina. Foto:lainformacion.com

Los colombianos siguen siendo este tipo de jugador. Móvil sin gran saque y con golpes liftados, Santi Giraldo o Falla así lo atestiguan.
Y los brasileños, pues ya se sabe, jugadores de tierra batida y tíos muy vistosos, parecido a los portugueses. Cada uno juega como es.

Alejandro Falla, mejor en tierra batida. Foto:lainformacion.com

Francia; la mezcla de sus razas y culturas


Francia siempre ha sido un país muy cosmopolita y muy integrador. La mezcla de razas y culturas que siempre ha permitido, (al menos hasta hace pocos años, su tremenda facilidad para captar inmigrantes), le han dado muchísimos estilos de juego. Aún sigue siendo así. Ya en los años 80, los últimos de gloria a nivel individual, era tan fácil ver a un fino estilista, habilidoso y talentoso jugador de fondo de pista o con una muñeca prodigiosa, que la creatividad francesa sigue aportando muchos de estos chicos. Pero también la potencia y el tenis atlético de tenistas con trazos “afroamericanos” han sobrevivido a través de la potencia.

Henry Leconte, un genio de talento y firma francesa. Foto:lainformacion.com

Así conocemos ejemplos del espadachín, habilidoso, estilista y con recursos. El tenista creativo, el Henri Leconte. Pero también al poderoso Yannick Noah. La transición hacia los bajitos Santoro, (el mago), Clement y Grosjean, o la llegada de los poderosos Tsonga y Monfils.

Noah impuso su tenis físico que Francia ha heredado con Monfils y Tsonga. Foto:lainformacion.com

Francia ha sido la cuna del tenis en Europa y la creadora del agarre continental. Pero ha sido muy rica en géneros y estereotipos. Aún hoy los alberga todos. Podemos encontrar a Gilles Simon, jugador pausado , flaco sin recursos físicos, con gran capacidad mental y juego variado, a Gael Monfils, todo potencia y elasticidad, a Tsonga, todo potencia y más potencia o a Michael Llodra, el sacador voleador y especialista en dobles. También tienen verdaderos armarios como Mahut, o tenistas todoterreno como Benneteau. Francia es el país más plural y con más riqueza históricamente.

Tsonga y su tenis físico. Foto:lainformacion.com

La superpotencia australiana


Australia ha sido siempre la potencia en la sombra y muchas veces guía del tenis mundial. Australia vive con el tenis de uno de sus deportes favoritos y exporta talento de todos modos. Pero si Rod Laver era un tenista que marcó el camino de los Newcombe y compañía, la potencia siempre ha ido muy de la mano de los australianos. Sacadores y jugadores de pistas rápidas. Muchos de ellos grandes voleadores.
La herencia australiana llegó a los años 90 y principios de 2000 con jugadores poderosos como Patrick Rafter o Mark Phillipousis. Grandes doblistas como “los woodies”, pero siempre una constante de atletas sobre la pista.

Rafter, sacador y voleador vs Hewitt, jugador de fondo. Foto:lainformacion.com

Bernard Tomic coge el relevo en el sentido de un jugador grande, sacador y poderoso, pero no tanto en el estilo de juego. Menos voleador y más dominante desde el fondo con sus golpes planos. Eso siempre. Sin embargo, Lleyton Hewitt es difícil de encuadrar dentro del estereotipo de jugador australiano. Sí vivía de su potencia y sí ha sido un buen sacador, pero era más jugador de fondo y pistas rápidas con habilidades para adaptarse a todas las superficies. Esta capacidad camaleónica sí ha sido muy importante y similar a sus predecesores.

Mark Philippousssis, un cañonero australiano. Foto:lainformacion.com

El talento balcánico


Si hablamos de un prototipo de jugador balcánico tenemos que hablar de talento. En principio lo que nos viene a la cabeza es; “Raza blanca tirador”. O lo que es lo mismo, un tremendo sacador. Sin embargo y, en realidad, el talento es la característica principal de su juego. Jugadores con habilidades especiales y sobre todo con ese espíritu competitivo innato.

Djokovic, talento balcánico. Foto:lainformacion.com

Luchadores sin duda y grandes bombarderos. Ivanisevic fue el primero, pero Croacia y Serbia se han diferenciado mucho los últimos años. Desde el croata, Ivanisevic se especializara en bombardear a sus rivales y batir récords de primeros servicios, velocidad y efectividad, “aces” en definitiva, en Croacia se han tomado muy a pecho lo de seguir su estereotipo.

Ivanisevic, un sacador. Foto:lainformacion.com/EFE

El más parecido en el sentido estricto de su juego, con un saque parecido, pero con otras características en el resto de sus golpes, tenemos el ejemplo de Ivo Karlovic. Las presencias de Ancic y Cilic son completamente distintas. Aunque ambos son grandes sacadores, lo cierto es que el juego de ambos se basa más en el talento que en la lucha, el esfuerzo y el sacrificio. En esto se diferencian de sus vecinos serbios.

Croacia e Ivo Karlovic. Foto:lainformacion.com

Djokovic es una excepción, una norma, un paradigma y un referente en la misma persona. El actual número 1 del mundo, ha conseguido tal estatus a través de mejorar muchísimo en su defensa y de hacer del contraataque una de sus principales armas. No hay precedentes serbios de tales magnitudes, aunque sí hay cierto paralelismo en el talento balcánico y el esfuerzo como rutina. En este sentido tenemos a Tipsarevic o Troicki. No son exactamente el mismo estereotipo, pero sí aglutinan su parte de talento balcánico y su espíritu indomable.


El tenista sudafricano


No me negarán cierto parecido entre el actual líder del tenis sudafricano y su último precedente. Kevin Anderson es un jugador que vive, sobre todo de sus golpes de fondo y de un sólido servicio. Wayne Ferreira era muy similar, no sólo en su forma de juego sino también en su estereotipo físico.

El tenis sueco: Sacadores, voleadores y un sinfín de recursos


El tenis sueco es la debilidad de quien escribe. Así que se hará muy complicado buscar un estereotipo. La principal calidad del tenis sueco, históricamente han sido la capacidad impresionante de adaptación al medio. La capacidad camaleónica de pasar de ser un especialista en una superficie a ser un especialista en todas. Suecia ha exportado algunos de los mejores jugadores de la historia. Muchos han tenido características distintas, pero todos han sido “camaleones”. Wilander, Edberg y Borg. Todos tenían un gran servicio, lo que ha heredado su último heredero, Robin Soderling, pero cada uno tenía un tipo de juego. Lo normal en Suecia es tener tenistas de complexión muy fuerte, grandes y con un tenis muy ofensivo. Agresivo en sus formas, bien sea desde el fondo o en la red. Y todos, grandes doblistas. La cuna de doblistas continúa y la capacidad de metamorfosis y adaptación al medio no ha cesado. Soderling no es el típico rubio con una potencia descomunal en sus golpes. Tampoco es, especialmente, un gran doblista. Pero sí ha heredado de sus antecesores la capacidad innata de destacar primero en pistas rápidas para adaptarse de forma increíble a la tierra batida o viceversa. Norman también podría estar incluido en esta lista o los Johansson. En Suecia, lo normal, es comenzar a jugar al tenis o ser deportistas especializados en aquellas especialidades que se disputan en pabellones cubiertos. Son pocos los días al año en que se puede hacer deporte al aire libre. Sin embargo, su competitividad y talento están al orden del día. Recomiendo el artículo que ya escribimos sobre los tenistas suecos.


El tenista alemán


En Alemania algo está cambiando y sobre todo para mal. Es uno de los pocos países de los que se recuerda una superpotencia y ahora queda poco de ellos, sobre todo y como denunciaba Boris Becker, a nivel carismático queda poco del “estilo alemán”.

Alemania en crisis. Foto:lainformacion.com

Alemania se ha caracterizado históricamente por la competitividad y garra de sus tenistas. Poco queda ahora de la agresividad de Michael Stich o del propio Boris Becker. Donde sí se puede ver, por fin, una gran evolución a nivel técnico es en el tenis alemán femenino. La hornada de nuevas jugadoras como Lisicki, Petkovic, Julia Goerges, la recién llegada Mona Barthel… dan continuidad a la gran Steffi Graf.
Sin embargo, en la ATP, queda poco del típico gigante alemán con golpes demoledores y con estilo agresivo y juego de ataque. Alemania está bastante indefinida hoy en día en el prototipo de su jugador. Lo cierto es que ni Kohlschreiber ni Florian Mayer, los dos primeros jugadores en la lista de entradas en la actualidad tienen nada que ver el uno con el otro.

Becker de referencia a principal crítico. Foto:lainformacion.com

Los alemanes siguen siendo buenos sacadores, pero ni su complexión física ni su forma de juego, hoy, responden a un patrón conocido. Y, desde luego y como avanzaba Becker, la falta de personalidad, carácter o carisma, son algunos de los defectos que caracterizan su juego. Inaudito.


Los anárquicos rusos o ex soviéticos


Cada vez que el tenis se acerca al Este encontramos un perfil más inocuo o desconocido que responde a menos estereotipos. Así que sólo nos fijaremos en el carácter. Curiosamente y por motivos que no entiendo a explicar, socio-culturalmente, el tenista ucraniano tiende a ser frío, distante y muy hierático en la pista. Pero no encuentro paralelismos entre los ucranianos. Medvedev, que pasó por ser el primero en la élite, era un jugador más específico de tierra batida. Es verdad que sí hay precedentes de rusos que se desenvuelven bien en esta superficie. De hecho, Rusia ha tenido pocos problemas a la hora de jugar en Moscú en pistas de arcilla.

En Ucrania, por otra parte, Stakhovsky puede tener cierto parecido al juego de Medvedev e incluso, algo de parecido en su complexión física. Davydenko podría ser un heredero de aquel, aunque si hablamos de rusos, quizá el primero del que teníamos que hablar de Kafelnikov. La variedad es muy grande. En general, y esto son percepciones personales más que realidades objetivas, el tenista ruso puede que sea uno de los más impredecibles. Éste sería su gen. Igual es capaz de ganar un Grand Slam y jugar dos semanas de ensueño que puede caer eliminado en primera ronda de cualquier ATP250. No tienen un patrón definido. En este sentido, podemos encontrarnos con Igor Andreev, que parecía un especialista en tierra batida para convertirse en un especialista de dobles o de pista rápida. O puede aparecer un ucraniano como Dolgopolov. Indescriptible, sencillamente genial. Capaz de lo mejor y de lo peor. De machacar a un top 10 o ceder sets en blanco contra el 200 del mundo. Alternar golpes planos con siete bolas cortadas. Hacer una dejada que no viene a cuento o pegar cuatro palos consecutivos a las líneas.
Los rusos, ucranianos y en general todo tenista procedente de los países que formaban la ex Unión Soviética, son una auténtica incógnita. Posiblemente los jugadores tácticamente más desorganizados y con, entiéndase, “peor cabeza”. Los menos rigurosos en su juego. Los más anárquicos y los más impredecibles. ¿Quién sabría decir cuál es el nivel real de juego de Bogomolov Jr? Puede jugar como un Top 10 o peor que el 300 del mundo. Ni preguntar de Davydenko o pensar en Marat Safin. Un mito. Los hay como Tursunov o Youzhny que pueden dar una parte de la temporada de Top 5, y desaparecer del mapa tres meses. No hay un perfil ruso. No hay un patrón ucraniano. Cada uno es de su padre y de su madre.


Asiáticos


Para finalizar, el tenista asiático por definición suele ser correoso y especialista en pistas rápidas. Tenista de complexión menuda y de una gran velocidad de piernas. Alérgicos a la tierra batida y formados, normalmente, en academias norteamericanas. Somdev Devvarman y Parandorn Srichaphan tienen cierto parecido. El indio es de una complexión más pequeña, pero su estilo de juego no es tan diferente. Con respecto a la creciente oleada de tenistas nipones, casi todos son iguales. Muy rápidos y con un juego de fondo muy consistente. Nishikoi es el principal referente, pero sólo parece diferenciarse de Sugita o Ito en su efectividad.

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