Jill Craybas; La última batalla de una veterana

Después de 49 Grand Slams sólo ha conseguido superar segunda ronda en uno

US Open 2010. Toda la atención es concentrada en la pista central Arthur Ashe, con los favoritos en juego. Nosotros nos dirigimos a la pista número 8. John McEnroe en esos últimos días había criticado severamente el circuito femenino, calificándolo como “blandengue” o “mucho menos competitivo y esforzado que el masculino”, por lo que la cosa ya estaba caliente. La respuesta: su compatriota Craybas. Esta guerrera americana luchó hasta el límite ante la austriaca Meusburguer, 10 años más joven; se llevó el primer set pese a las ganas enormes de vomitar; siguió sufriendo todo el resto del partido con aún peores sensaciones, el calor era sofocante y la humedad también. Los reporteros se escondían en la sala de prensa bien aclimatada con aire acondicionado y muy pocos espectadores presenciaban el partido en directo, eso sí empapados en crema solar, con viseras y abanicos a tutiplén y con una nevera repleta de bebidas energéticas y azucaradas tan americanas. Craybas y Meusburguer, en pista; bajo el duro sol neoyorquino, sufriendo.
“Por momentos parece que luchen por su propia vida”, relata el periodista deportivo de Los Angeles Times, Bill Dwyre, que es de los pocos que presencia boquiabierto cómo se desarrolla el partido. Calambres en todo momento. Y el segundo set se alarga más de lo normal. En el tenis femenino no caben los descuidos, quizás en el masculino con cuatro buenos primeros saques finiquitas un juego con relativa tranquilidad, pero no ocurre así en el femenino donde casi cada bola se pone en juego en disputa, no hay puntos extra. Finalmente, Craybas pierde el segundo set, por lo que habrá tercera manga ya con dos horas en las piernas a más de 40 grados. El luminoso refleja un aparente normal 6/3 5/7, que tras de sí esconde un esfuerzo que roza lo inhumano. El sudor empapa a las jugadoras que varias veces cambian de toalla y se marchan al vestuario para volver con otra vestimenta. Entonces, tras cerrar un segundo parcial disputadísimo, la austriaca pensó que Craybas se retiraría. “Pensé que se retiraría, parecía que no podría ni volver a sacar una bola más”. Pero no. “No me he retirado de un partido jamás, y he jugado en situaciones mucho más difíciles, no me iba a retirar por esto”, relataba en la rueda de prensa posterior Jill, como si lo que acabara de hacer fuera su ‘ley de cada día’. Siguió jugando, y perdió el tercer set por 6/0, pero no se equivoquen no fue fácil; fueron 50 minutos más de lucha, algo más de 8 minutos por juego. Una auténtica locura, pues un juego rápido son 2/3 minutos y uno lento 5/6. No me quiero ni imaginar la cantidad de ‘deuces’ agónicos que estas dos guerreras tuvieron que combatir y hacer frente sin apenas energías.


El esfuerzo y la constancia como lema


¿Verdad que la profundidad que siente uno sobre este deporte al leer estas experiencias le hacen valorarlo de una manera totalmente distinta? Realmente Craybas es ‘el último soldado americano’ si me permiten la expresión. Toda una lección de amor al tenis. Tras aquel extremo partido, preguntaron a Jill en rueda de prensa si tenía pensado dejar el tenis. La respuesta, difícil imaginarla mejor, “Oh no no no no”, y remató exclamando “As long as I’m still having fun, I’ll be playing”, que traducido viene ser algo así como “Qué va. Mientras me siga divirtiendo, seguiré jugando”.

Pues bien, ya son 20 años disfrutando en el circuito, 37 años de vida ligadísima al tenis, muy bien llevados y muy divertidos. Y no ha anunciado nada; ella sigue en la sombra, como top150, sin presiones de ningún tipo, encantada de seguir viviendo el circuito a su ritmo y con emoción. Le gustan los torneos grandes y los pequeños, los que le salen bien y los que le salen mal; absolutamente, es una amante del tenis de los pies a la cabeza, que tiene el “cuando se quiere, se puede” como lema de vida. Mucho tienen tantos por aprender, con ejemplos como Jill Craybas.


Su historia


Esta tenista estadeunidense, nació en Providence, Rhode Island, el 4 de julio de 1974. Mide 1,61 y pesa 56 kilos. Ha disputado un total de 49 Grand Slams: nada más y nada menos que 15 US Open. Su carrera comenzó, como la de tantas tenistas de Estados Unidos, en el tenis universitario, la famosa competición interuniversitaria americana, en la que las Universidades de EEUU no escatiman en esfuerzos y recursos para conseguir triunfar. Por ello ofrecen muchas facilidades a sus deportistas, para que puedan estudiar mientras compiten al más alto nivel en sus disciplinas. Craybas fue toda una estrella en sus Universidades de Florida y Texas, en la primera ganó la NCAA a nivel individual y en la segunda por equipos. Aquel triunfo en la Universidad de Florida le valió una WC para el US Open, a raíz de la cual comenzó su carrera profesional en el circuito, tan longeva. En ese mismo año, 1996, en el que ganó la NCAA también se licenció en Telecomunicaciones, por lo que ‘dio carpetazo’ a lo que habían sido sus objetivos hasta entonces y se centró en convertirse en una gran jugadora WTA.
Desde el 1998 hasta la actualidad ha permanecido entre las 200 mejores del ranking; y durante 10 de esas temporadas (de 2001 a 2010, ambos inclusive) cerró su clasificación a final de año entre el top100 mundial. En todo este tiempo cosechó un único título WTA individual: Tokyo Japan Open 2002, y una final: Pattaya City 2008. En dobles ha ganado cuatro títulos: Madrid 2003 (con Huber), Cincinnati 2004 (Weingartner), Estambul 2008 (Govorstova) y Tokyo 2008 (Erakovic). Ha jugado la enorme cantidad de 1.160 partidos oficiales WTA, con un porcentaje próximo al del 50%. Su mejor ranking histórico fue el 39 en abril de 2006, y 41 en junio de 2008 en dobles. Acumulando en torno a 2.400.000$.


Sus grandes victorias


Esta guerrera apasionada de la fotografía, de la lectura y de la repostería, sólo ha pasado de segunda ronda en un Grand Slam una vez en su vida: Wimbledon 2005 (alcanzó la 4ª ronda). Aunque parezca mentira, a su edad, sigue siendo experta en partidos mentales y largos de duración, siempre le ha favorecido jugar al límite. Esta jugadora rubia con relucientes ojos azules, tiene como grandes victorias en su carrera: Jelena Jankovic (Philadelphia 2000), Lisa Raymond (Amelia Island 2002), Elena Dementieva (Charleston 2002), Vera Zvonareva y Paola Suárez (Miami 2004), Marion Bartoli y Serena Williams (Wimbledon 2005, su mejor torneo, donde cedió en 4ª ronda ante Venus Williams), Na Li (Beijing 2005), Kim Clijsters (Miami 2006), Anabel Medina (Indian Wells 2009), Francesca Schiavone (Los Angeles 2009), Kimiko Date-Krumm (Osaka 2009), Sabine Lisicki (Indian Wells 2010) y Aravane Rezai (Quebec City 2010).

Durante todos estos años Jill se ha recorrido, porque le encanta, todos los torneos posibles. Prácticamente no existe torneo WTA o ITF importante que se le haya resistido a la americana. Quizás por esto, en el 2004, fue elegida representante en el Consejo de las jugadoras WTA. De carácter afable y muy implicada en su deporte, del que como han ido viendo a lo largo del artículo: estuvo, está y estará completamente enamorada, mientras se siga divirtiendo seguirá disputando la alta competición. Hoy reside en Huntington Beach, California, y tiene el honor de haber jugado contra todas las grandes jugadoras de la última década. Piensen un nombre y ella habrá tenido la oportunidad de darle la mano en la red sí o también.

Conclusión


Gran tesón y gran entrega el de esta americana, que seguirá dando guerra por el circuito durante algún tiempo más. Nunca fue una grandísima jugadora, y probablemente sus días de gloria ya hayan pasado, pero Craybas, con pasión por el tenis, seguirá compitiendo, por duras que sean las condiciones y por mucho que le insten a dejarlo. Esta guerrera representa el tenis de casta y entrega, sin una técnica increíble ni unos resultados estratosféricos, Craybas ha hecho historia en el tenis femenino.

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