La edad para retirarse del tenis

La desilusión o la falta de motivación son las claves

Con este marcador: 6/4 1/6 y 16/14, tras 4 horas y 44 minutos, Francesca Schiavone y Svetlana Kuznetsova cerraban el partido más largo disputado en la historia por féminas en un Grand Slam. ¿Años? Por aquel entonces (23 de enero de 2011) Schiavone 30 (hoy 31) y Kuznetsova 25 (26). Si nos quedamos con la primera, podemos también constatar que en el año 2010 con ya 29 años conquistó su primer Roland Garros, y en 2011 repitió final (cayó ante Na Li) a punto de cumplir los 31. Esta batalladora italiana sirve de ejemplo para todos los veteranos del circuito, con ilusión y trabajo siempre se puede aspirar a todo.

La clave: cuando se sufre más que se disfruta

¿A qué edad debe retirarse un tenista como profesional? Evidentemente no hay una cifra exacta. Habrá que estar al tipo de juego (es diferente Federer que Nadal), a la capacidad física (es diferente Roddick que Ferrer), a si le quedan logros por alcanzar (diferente Wozniacki que Serena) y a su amor hacia este deporte (es muy diferente Schiavone que Gulbis). Todos estos factores, junto a otros (la familia, la facilidad para los viajes, el carácter, la capacidad de sacrificio o el estado físico tras tantos años de competición), son fundamentales a la hora de tomar esta decisión. Una decisión que es drástica para la vida de los tenistas, que llevan todo su tiempo y sus energías dedicados a este deporte. Y cuando digo todo me refiero a prácticamente la totalidad de lo que han conocido y vivido. Por eso la mayoría, tras tomar esta decisión, pasan a ser directores de torneos (Conchita Martínez en el Andalucía Tennis Experience), comentaristas (Virginia Ruano en Teledeporte), capitanes o capitanas de Copa Davis y Copa Federación (Arantxa Sánchez Vicario con el equipo de Fed Cup de España o Álex Corretja en el de la Davis; por poner dos ejemplos aunque la lista es interminable), fundadores de Academias de promesas (Charly Moya con la SD Tennis Academy) o entrenadores (Ivan Lendl y Andy Murray).

Muchos consideran que la clave para retirarse se encuentra en aquel momento en el que uno empieza a perder ranking sin verdaderas posibilidades de mejorarlo. En mi opinión, esto no es así; un tenista debe retirarse cuando deje de disfrutar de su deporte. Si lo vives de verdad y te sigue emocionando un buen intercambio, da igual que el resto digan que vas a peor, que estás ‘acabado’ o que nunca volverás a ser el mismo. Ese es el momento clave de decisión. Si uno disfruta en la pista, da igual que sea top10 a que sea el 80 del mundo. Ejemplo de ello puede dar Fabrice Santoro, que con muchos años en nómina seguía disputando Challengers a tutiplén porque le apasionaba practicar su estilo peculiar y distinto. Le gustaba seguir ahí, dando guerra aunque fuera con promesas.

Envejecimiento de la élite

Hay algo claro. En los últimos años ambas clasificaciones, tanto ATP como WTA, venían envejeciéndose poderosamente. De hecho, aún ocurre con el circuito masculino, no así con el femenino. En los últimos meses la WTA se ha renovado y ahora lideran la clasificación jugadoras muy jóvenes como Azarenka, Kvitova, Sharapova, Wozniacki, Radwanska, Petkovic, Lisicki o Pavlyuchenkova. Sin embargo, en la ATP dominan aún los cuatro fantásticos, que aunque algunos aún jóvenes, parece que lleven una apasionante eternidad en lo alto del ranking; de los 32 primeros jugadores del ranking sólo 3 tienen menos de 24 años (Del Potro, Nishikori y Dolgopolov).

También es cierto, que cada vez es más común, sobre todo en féminas, aguantar más tiempo en la alta competición. Antes las jugadoras alcanzaban la gloria sin alcanzar apenas los 18 años y a los 24 estaban ya agotadas, tanto física como mentalmente por lo que muchas se retiraban. En la actualidad hoy no surgen promesas hasta los 18 años (a raíz de la Age Egibility Rule, que ya comenté hace unas semanas en un artículo de opinión) por lo que este problema se ha solucionado, y vemos como la media de edad ha aumentado considerablemente.

Los abuelos del circuito están en el dobles

Merece una mención aparte el asunto de los dobles. En esa modalidad la exigencia física es mucho menor, y es ahí donde buenos tenistas a nivel individual deciden convertirse en verdaderos campeones. Es una modalidad de toque y muñeca, en la que más vale tener un buen globo y una buena volea, que una derecha plana y un saque potente. Ha ocurrido en muchos casos, que un tenista se retira del individual pero continúa con ilusiones por el dobles donde aún se ve en grandes escenarios y disfrutando de este deporte. El último caso notable en España ha sido Nuria Llagostera, una jugadora que decidió en el último Campeonato de España abandonar la modalidad individual para centrarse 100% en el dobles donde tiene un potencial enorme. Pero su caso sólo es uno de tantos otros. Pocas veces, ha ocurrido al contrario, es decir, primero un jugador de dobles que después se transforma en un gran tenista individual (como excepción la australiana Samantha Stosur).

Mirnyi y Nestor en Brisbane. Foto:lainformacion.com/Hyde/Gertty Images

De esta forma, los Bryan lideran la ATP con 33 años cada uno (como no podía ser de otra manera), seguidos de Mirnyi y Nestor (34 y 39 años respectivamente), y con otras figuras en puestos relevantes con una carrera muy longeva como: el serbio Zimonjic con 35 primaveras, Paes con 38 o Bhupathi con 37. En el caso de España, nuestro primer doblista en la clasificación es Marc López, con 29 años, es decir, aún con mucho por delante en esta modalidad, pese a que muchos le descubrieron en la última eliminatoria de la Davis en Oviedo, y le tacharan de “ya demasiado mayor”, como si no pudiera jugar aún 6 Davis con bastantes posibilidades”.

En lo que se refiere a la WTA, es menos escandaloso, pero aún así lidera la clasificación, con mucha diferencia, Liezel Huber con 35 años, acompañada en el segundo escalón por su pareja inseparable de los últimos meses Lisa Raymond de 38. Y la segunda pareja del ranking es la dupla Peschke/Srebotnik, muy fieles durante los últimos años la una a la otra, que tienen 36 y 30 respectivamente. A ellas se suman otras jugadoras veteranas como Nuria Llagostera, Uhlirova, Grandin, Spears o Shaughnessy (última compañera de Vivi Ruano en el circuito).

Conclusión

Así podemos resumir que la inmensa mayoría de los tenistas se retira en torno a los 30 años. Aunque sería más adecuado hablar de una horquilla entre los 29 y los 35. Eso sí, como en todo, hay llamativas excepciones en ambos circuitos, como el de Kimiko Date Krumm, una tenista japonesa con un estilo peculiar de juego que puede que muchos recuerden de la época de Arantxa y Conchita; efectivamente no se equivocan, sigue siendo la misma con sus 41 primaveras camino de 42.

Kimiko Date se despide de su rival en un torneo. Foto.lainformacion.com/K.Ota/Getty Images

En la WTA hay jugadoras que superan la treintena muy arriba en el ranking individual como Serena Williams o Francesca Schiavone, y otras grandes veteranas en el top100 como Tamarine Tanasugarn (34 años, especialista en hierba y jugadora número 85 de la WTA). También en el circuito masculino encontramos a veteranos de este deporte como el checo Radek Stepanek (33 años), con su juego ‘extraño’ y de saque-volea por bandera, o el croata Ivan Ljubicic con 32, misma edad que James Blake. Y sobre estas excepciones sí podemos extraer una regla general, que todos comparten: aquellos jugadores que aguantan dando batalla superando la treintena, suelen tener algo que les hace especiales o que les diferencia: bien sea un juego atípico, o una especialidad muy concreta, o quizás un carisma particular; pero por algo en concreto han de destacar. Si eres tenista y no quieres retirarte cumplidos los 30, ya sabes, tienes que ser distinto.

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